
En noviembre de 1974, una vivienda colonial en la localidad de Amityville, en Long Island, pasó de ser una tranquila residencia familiar a convertirse en el epicentro de un caso policial que desconcertó a la sociedad estadounidense. Seis miembros de la familia DeFeo fueron hallados muertos en sus camas, ejecutados con un rifle mientras dormían. El único sobreviviente, Ronald DeFeo Jr., confesó el crimen poco después, dejando más dudas que certezas sobre lo sucedido, según publicó el New York Post.
Una familia en busca de estabilidad, marcada por la tensión
La familia DeFeo se mudó a Amityville desde Brooklyn a principios de los años setenta, buscando dejar atrás viejos problemas y empezar una nueva etapa en una zona residencial tranquila. En el vecindario, los DeFeo se veían como un clan típico de clase media con arraigo católico, pero puertas adentro el vínculo estaba lejos de ser armónico. Ronald DeFeo era recordado por ejercer una autoridad rígida y por su trato distante con los hijos, especialmente con el mayor, Ronald Jr.
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El propio Butch, como llamaban al hijo mayor, experimentaba frecuentes estallidos de ira y un grado creciente de hostilidad dentro del hogar. Amistades cercanas a la familia —entre ellas Paula Uruburu, amiga de Dawn— revelaron a A&E que la convivencia era tensa. Uruburu señaló que Butch “no lograba encajar en el ambiente familiar” y que resultaba evidente su retraimiento.
Al mismo tiempo, Butch comenzó a faltar a la escuela, desarrolló adicciones y fue sumando episodios problemáticos, según reconstruyó el New York Post. El aislamiento emocional, la desconfianza mutua y las discusiones se convirtieron en un patrón que, para quienes conocían el interior de la casa, presagiaba una crisis inminente.
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La noche que cambió todo
Durante la madrugada del 13 de noviembre de 1974, Ronald DeFeo Jr. utilizó un rifle Marlin.35 para asesinar a sus padres y a sus cuatro hermanos menores. Las víctimas no presentaban signos de haber despertado, y todos permanecían en sus camas, vestidos con pijama.
Tras el crimen, DeFeo Jr. salió de la vivienda y acudió a un bar cercano, donde anunció alterado: “Mis padres han sido asesinados”, según reconstruyó el New York Post. Varios vecinos fueron testigos de su desesperación y llamaron a la policía, que al arribar encontró la escena intacta y arrestó al joven como principal sospechoso.
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Interrogado por la policía, Ronald Jr. primero intentó atribuir el hecho a un ajuste de cuentas mafioso, pero finalmente confesó: “Una vez que empecé, no pude parar”, según consignó A&E.
Más adelante sostuvo que “voces en la casa” le ordenaron disparar. Los agentes también constataron su historial de consumo de alcohol y drogas, lo que sumó perplejidad a las motivaciones del múltiple crimen.
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Según la reconstrucción judicial y forense, los asesinatos ocurrieron en cuestión de minutos, con disparos dirigidos a la cabeza y la espalda de las víctimas. Los vecinos aseguraron no haber escuchado disparos ni gritos, algo que las autoridades consideraron extraño debido al volumen del arma utilizada, según consignó A&E.

Un proceso judicial cargado de versiones cruzadas
El caso avanzó a juicio rápidamente. Originalmente, DeFeo Jr. reivindicó la autoría completa, pero en los meses siguientes ofreció relatos contradictorios. En las audiencias, los fiscales resaltaron que nunca se encontraron rastros de sedantes ni evidencias de que las víctimas hubiesen sido drogadas, aunque algunos peritos defendían que el sonido de la lluvia y el grosor de las paredes podrían explicar la ausencia de reacciones visibles, según reconstruyó el New York Post. Al mismo tiempo, DeFeo cambió su testimonio en más de una oportunidad: llegó a afirmar que Dawn disparó a los hermanos menores o que actuó bajo coerción de fuerzas externas, versiones que la familia de las víctimas y los especialistas calificaron de inconsistentes y contradictorias.
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El 4 de diciembre de 1975, el jurado consideró a Ronald DeFeo Jr. culpable de seis cargos de asesinato en segundo grado y fue condenado a seis cadenas perpetuas consecutivas. Los intentos posteriores de alegar demencia o manipulación por parte de su propia defensa fueron rechazados, según detalló New York Post.

Lo que siguió en la casa de Ocean Avenue: leyendas y silencio
En diciembre de 1975 la vivienda fue adquirida por la familia Lutz, que se mudó apenas un mes después del fallo judicial. Los Lutz relataron supuestos fenómenos paranormales: ruidos, olores, puertas y armarios que se cerraban solos, y sensaciones de presencias extrañas. “Cada día pasaba algo distinto”, relató George Lutz al New York Post. Un sacerdote que acudió a bendecir la casa declaró ante la prensa que escuchó una voz que le ordenó marcharse.
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La familia huyó de la vivienda tras 28 días, dejando todo atrás. Su historia inspiró el libro “The Amityville Horror” de Jay Anson y la exitosa película homónima, que convirtieron la dirección 112 Ocean Avenue en una referencia para el terror. La veracidad de los hechos fue puesta en duda por el propio defensor William Weber, quien reconoció haber colaborado con los Lutz en la invención de partes de la historia para vender los derechos. A pesar de esto, la leyenda fue alimentada por el testimonio de los involucrados y alimentó el interés por la casa.

Con la atención mediática aumentando, la dirección oficial de la propiedad pasó de 112 a 108 Ocean Avenue para desalentar el turismo macabro. Ningún nuevo propietario reportó jamás experiencias fuera de lo común, según corroboró el New York Post.
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Casi cincuenta años después, la historia de la masacre de Amityville sigue vigente en libros y documentales. La casa, lejos de las leyendas, permanece habitada y sin novedades sobrenaturales, pero su sombra perdura, uniendo crimen y drama familiar.
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