Una red subterránea de túneles eternos y una hazaña de ingeniería ahora olvidada: así era el correo neumático de la Ciudad de Buenos Aires

En el corazón de la capital argentina, un mecanismo pionero transformó la comunicación urbana durante más de 30 años. Cómo funcionaba y qué rastros quedan en las calles porteñas

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El correo neumático porteño revolucionó
El correo neumático porteño revolucionó la entrega de mensajes en Buenos Aires entre 1934 y 1970 (foto: X/@paisajeante)

En el subsuelo de Buenos Aires, una red de tubos neumáticos transportó durante décadas mensajes y documentos a una velocidad que, para su época, resultaba asombrosa.

Entre 1934 y 1970, la capital argentina contó con un sistema de correo neumático pionero en América Latina, que no solo anticipó a ciudades como París en la implementación de esta tecnología, sino que también marcó un hito en la historia de las comunicaciones urbanas.

Según el portal Buenos Aires Historia, este ingenioso mecanismo, hoy casi olvidado, fue símbolo de modernidad y progreso en una ciudad que buscaba acortar distancias y tiempos en la era previa a la revolución digital.

El contexto histórico: de señales de humo a tubos subterráneos

El sistema de tubos neumáticos
El sistema de tubos neumáticos funcionó durante más de tres décadas como símbolo de modernidad (foto: The Museum of Retrotech)

La evolución de las comunicaciones estuvo marcada por la búsqueda constante de inmediatez. Desde la antigüedad, la humanidad ideó sistemas para transmitir mensajes a distancia: voces potentes en la cima de montañas, antorchas en murallas, tambores en la selva africana y señales de humo en diversas culturas.

El desarrollo tecnológico aceleró este proceso: en 1692, Robert Hooke inventó el telégrafo óptico de señales, y en 1792, Claude Chappe presentó en Francia un sistema de brazos giratorios que permitía enviar mensajes codificados a través de largas distancias en cuestión de minutos.

En este contexto de innovación, Buenos Aires se sumó a la vanguardia mundial con la aprobación de su propio sistema de tubos subterráneos para el envío rápido de correspondencia.

¿Qué es el correo neumático y cómo operaba?

Durante más de tres décadas,
Durante más de tres décadas, tubos subterráneos conectaron la ciudad permitiendo el envío exprés de documentos y telegramas a una velocidad revolucionaria para la época.- (Imagen ilustrativa Infobae)

El correo neumático consiste en un sistema de tubos por los que se desplazan cilindros, conocidos como “torpedos”, impulsados por aire a presión y vacío.

Basado en el principio aerodinámico de Heber, el mecanismo alterna entre una bomba emisora, que empuja el torpedo desde el punto de origen, y una bomba receptora, que lo aspira hasta el destino. La instalación siempre cuenta con doble vía: una para enviar y otra para recibir.

Cada torpedo, fabricado en aluminio y sellado con tapas de cuero, podía transportar cartas exprés y hasta treinta telegramas. El sistema, aunque hoy se utiliza de forma limitada en algunos edificios y barcos, en su momento representó una solución revolucionaria para el traslado rápido de documentos en el ámbito urbano.

De la idea a la realidad: el largo camino hacia la instalación en Buenos Aires

La red de tubos subterráneos
La red de tubos subterráneos tenía su acceso principal en la plaza del Congreso y permitió transportar documentos a gran velocidad dentro de la ciudad (foto: X/@paisajeante)

La historia del correo neumático porteño comenzó en noviembre de 1887, cuando el Congreso sancionó la Ley 2245 que autorizaba su instalación en la Capital Federal. El presidente Miguel Juárez Celman y el vicepresidente Carlos Pellegrini impulsaron la iniciativa, y el 3 de julio de 1888, Juárez Celman firmó el decreto que encomendó al ingeniero Otto Krause la elaboración del proyecto definitivo bajo la supervisión de la Dirección General de Correos y Telégrafos, encabezada por el Dr. Ramón J. Cárcano.

Krause, primer ingeniero mecánico graduado en Argentina y figura clave en la ingeniería nacional, cumplió con la presentación de los planos y especificaciones en el plazo acordado. Sin embargo, dificultades técnicas, políticas y burocráticas retrasaron la ejecución del proyecto durante más de cuarenta años. Uno de los principales obstáculos fue la complejidad de instalar las tuberías bajo tierra en una ciudad en constante crecimiento.

En 1912, comenzaron las obras para habilitar el túnel de cargas del Ferrocarril Oeste, que se extendía desde Puerto Madero hasta la intersección de la Avenida Díaz Vélez y Bulnes. Este túnel, habilitado en 1916, se utilizó posteriormente para alojar parte de la red de tubos neumáticos, algunos de los cuales aún permanecen en el subsuelo porteño.

El sistema de correo neumático
El sistema de correo neumático porteño fue símbolo de modernidad y avance tecnológico, aunque hoy permanece casi olvidado bajo el ritmo acelerado de la ciudad.- (Imagen ilustrativa Infobae)

Inauguración y funcionamiento: una red moderna y eficiente

El 13 de abril de 1934, bajo la presidencia del general Agustín P. Justo, Buenos Aires inauguró oficialmente su sistema de correo neumático.

“Será inaugurado el viernes parte del servicio de tuberías neumáticas de correos y telégrafos. La Dirección General de Correos y Telégrafos inaugurará el viernes próximo a las 9:45 una parte de la red subterránea de tubos neumáticos para sus comunicaciones dentro del radio metropolitano y con la que esa dependencia se propone simplificar considerablemente algunos de los servicios que le están confiados en la ciudad”, se publicó el anuncio en distintos medios capitalinos el 10 de abril de ese año.

El acto inaugural tuvo lugar en la Plaza Congreso, en la calle Rivadavia, a la altura de Montevideo, donde se encontraba el puesto retransmisor número uno. La red conectaba el Palacio Central de Correos y Telecomunicaciones con los principales radios de la ciudad, a través de un recorrido de 21 kilómetros (ida y vuelta), que con las derivaciones de los ramales alcanzaba los 60 kilómetros de tubos, es decir, 30 kilómetros de trayecto total.

Boca de entrada al acceso
Boca de entrada al acceso principal de la red, el servicio neumático logró conectar quince estaciones clave en toda la ciudad (foto: X/@paisajeante)

El sistema contaba con 14 estaciones y 52 aparatos transmisores e intermedios, permitiendo que cada ramal operara de manera independiente.

La velocidad promedio de los torpedos era de 12 metros por segundo, y se podían enviar con una frecuencia de dos minutos. En los primeros cinco días de funcionamiento, el promedio diario de piezas transportadas pasó de 1.304 a 1.424, llegando en ocasiones a 1.905 envíos.

A pesar de su eficiencia, el servicio se utilizó principalmente para operaciones comerciales y no logró captar a la totalidad de los usuarios habituales del correo común. Muchos habitantes de Buenos Aires desconocieron su existencia durante los 34 años que estuvo en funcionamiento.

Comparaciones internacionales: Buenos Aires, París y otras ciudades

Mapa de la ubicación de
Mapa de la ubicación de la red neumática y telegráfica de la Ciduad de Buenos Aires (foto: X/@paisajeante)

El sistema de correo neumático de Buenos Aires no solo fue pionero en la región, sino que también se adelantó a ciudades emblemáticas de Europa. De acuerdo con Buenos Aires Historia, la capital argentina inauguró su red en 1934, mientras que París lo hizo tres años después, en 1937.

Filadelfia, por su parte, instaló su primer sistema comercial en 1892, y Berlín contó con una concesión comercial desde 1865. Dicha red llegó a tener tubos de 20 centímetros de diámetro y un recorrido total de 173,3 kilómetros (ida y vuelta).

El declive y cierre del sistema

El avance acelerado de la tecnología, junto con la automatización creciente de los teléfonos en el Gran Buenos Aires y la implementación de los “anticipos telefónicos” para telegramas, redujo la necesidad de mantener el costoso sistema neumático. El 6 de noviembre de 1970, tras 36 años de servicio, la red de correo neumático de Buenos Aires dejó de operar.

Hoy, la estructura deteriorada del puesto retransmisor en Plaza Congreso, sin el cartel que lo identificaba como parte del servicio neumático, constituye uno de los últimos vestigios de una época marcada por la búsqueda de inmediatez en las comunicaciones.

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