
En el subsuelo de Buenos Aires, una red de tubos neumáticos transportó durante décadas mensajes y documentos a una velocidad que, para su época, resultaba asombrosa.
Entre 1934 y 1970, la capital argentina contó con un sistema de correo neumático pionero en América Latina, que no solo anticipó a ciudades como París en la implementación de esta tecnología, sino que también marcó un hito en la historia de las comunicaciones urbanas.
Según el portal Buenos Aires Historia, este ingenioso mecanismo, hoy casi olvidado, fue símbolo de modernidad y progreso en una ciudad que buscaba acortar distancias y tiempos en la era previa a la revolución digital.
El contexto histórico: de señales de humo a tubos subterráneos

La evolución de las comunicaciones estuvo marcada por la búsqueda constante de inmediatez. Desde la antigüedad, la humanidad ideó sistemas para transmitir mensajes a distancia: voces potentes en la cima de montañas, antorchas en murallas, tambores en la selva africana y señales de humo en diversas culturas.
El desarrollo tecnológico aceleró este proceso: en 1692, Robert Hooke inventó el telégrafo óptico de señales, y en 1792, Claude Chappe presentó en Francia un sistema de brazos giratorios que permitía enviar mensajes codificados a través de largas distancias en cuestión de minutos.
En este contexto de innovación, Buenos Aires se sumó a la vanguardia mundial con la aprobación de su propio sistema de tubos subterráneos para el envío rápido de correspondencia.
¿Qué es el correo neumático y cómo operaba?

El correo neumático consiste en un sistema de tubos por los que se desplazan cilindros, conocidos como “torpedos”, impulsados por aire a presión y vacío.
Basado en el principio aerodinámico de Heber, el mecanismo alterna entre una bomba emisora, que empuja el torpedo desde el punto de origen, y una bomba receptora, que lo aspira hasta el destino. La instalación siempre cuenta con doble vía: una para enviar y otra para recibir.
Cada torpedo, fabricado en aluminio y sellado con tapas de cuero, podía transportar cartas exprés y hasta treinta telegramas. El sistema, aunque hoy se utiliza de forma limitada en algunos edificios y barcos, en su momento representó una solución revolucionaria para el traslado rápido de documentos en el ámbito urbano.
De la idea a la realidad: el largo camino hacia la instalación en Buenos Aires

La historia del correo neumático porteño comenzó en noviembre de 1887, cuando el Congreso sancionó la Ley 2245 que autorizaba su instalación en la Capital Federal. El presidente Miguel Juárez Celman y el vicepresidente Carlos Pellegrini impulsaron la iniciativa, y el 3 de julio de 1888, Juárez Celman firmó el decreto que encomendó al ingeniero Otto Krause la elaboración del proyecto definitivo bajo la supervisión de la Dirección General de Correos y Telégrafos, encabezada por el Dr. Ramón J. Cárcano.
Krause, primer ingeniero mecánico graduado en Argentina y figura clave en la ingeniería nacional, cumplió con la presentación de los planos y especificaciones en el plazo acordado. Sin embargo, dificultades técnicas, políticas y burocráticas retrasaron la ejecución del proyecto durante más de cuarenta años. Uno de los principales obstáculos fue la complejidad de instalar las tuberías bajo tierra en una ciudad en constante crecimiento.
En 1912, comenzaron las obras para habilitar el túnel de cargas del Ferrocarril Oeste, que se extendía desde Puerto Madero hasta la intersección de la Avenida Díaz Vélez y Bulnes. Este túnel, habilitado en 1916, se utilizó posteriormente para alojar parte de la red de tubos neumáticos, algunos de los cuales aún permanecen en el subsuelo porteño.

Inauguración y funcionamiento: una red moderna y eficiente
El 13 de abril de 1934, bajo la presidencia del general Agustín P. Justo, Buenos Aires inauguró oficialmente su sistema de correo neumático.
“Será inaugurado el viernes parte del servicio de tuberías neumáticas de correos y telégrafos. La Dirección General de Correos y Telégrafos inaugurará el viernes próximo a las 9:45 una parte de la red subterránea de tubos neumáticos para sus comunicaciones dentro del radio metropolitano y con la que esa dependencia se propone simplificar considerablemente algunos de los servicios que le están confiados en la ciudad”, se publicó el anuncio en distintos medios capitalinos el 10 de abril de ese año.
El acto inaugural tuvo lugar en la Plaza Congreso, en la calle Rivadavia, a la altura de Montevideo, donde se encontraba el puesto retransmisor número uno. La red conectaba el Palacio Central de Correos y Telecomunicaciones con los principales radios de la ciudad, a través de un recorrido de 21 kilómetros (ida y vuelta), que con las derivaciones de los ramales alcanzaba los 60 kilómetros de tubos, es decir, 30 kilómetros de trayecto total.

El sistema contaba con 14 estaciones y 52 aparatos transmisores e intermedios, permitiendo que cada ramal operara de manera independiente.
La velocidad promedio de los torpedos era de 12 metros por segundo, y se podían enviar con una frecuencia de dos minutos. En los primeros cinco días de funcionamiento, el promedio diario de piezas transportadas pasó de 1.304 a 1.424, llegando en ocasiones a 1.905 envíos.
A pesar de su eficiencia, el servicio se utilizó principalmente para operaciones comerciales y no logró captar a la totalidad de los usuarios habituales del correo común. Muchos habitantes de Buenos Aires desconocieron su existencia durante los 34 años que estuvo en funcionamiento.
Comparaciones internacionales: Buenos Aires, París y otras ciudades

El sistema de correo neumático de Buenos Aires no solo fue pionero en la región, sino que también se adelantó a ciudades emblemáticas de Europa. De acuerdo con Buenos Aires Historia, la capital argentina inauguró su red en 1934, mientras que París lo hizo tres años después, en 1937.
Filadelfia, por su parte, instaló su primer sistema comercial en 1892, y Berlín contó con una concesión comercial desde 1865. Dicha red llegó a tener tubos de 20 centímetros de diámetro y un recorrido total de 173,3 kilómetros (ida y vuelta).
El declive y cierre del sistema
El avance acelerado de la tecnología, junto con la automatización creciente de los teléfonos en el Gran Buenos Aires y la implementación de los “anticipos telefónicos” para telegramas, redujo la necesidad de mantener el costoso sistema neumático. El 6 de noviembre de 1970, tras 36 años de servicio, la red de correo neumático de Buenos Aires dejó de operar.
Hoy, la estructura deteriorada del puesto retransmisor en Plaza Congreso, sin el cartel que lo identificaba como parte del servicio neumático, constituye uno de los últimos vestigios de una época marcada por la búsqueda de inmediatez en las comunicaciones.
Últimas Noticias
La vida de Manuel García Ferré, el papá de Hijitus y Anteojito: el exilio en Buenos Aires y las películas que le ganaron a Disney
El creador español murió hace 13 años en la ciudad porteña que lo cobijó a mediados del siglo pasado. Sus criaturas y sus logros editoriales

Las últimas horas de Waldo de los Ríos, el genio que llevó a Mozart al pop y terminó vencido por sus propias sombras
Revolucionó la música popular con versiones inéditas de los clásicos, pero vivió atrapado entre el éxito, el secreto de una intimidad marcada por el miedo y la soledad, y una fragilidad que lo condujo a la tragedia

El desastre nuclear de Three Mile Island, el día que la película “El síndrome de China” casi se hace realidad
A las 4 de la madrugada del 28 de marzo de 1979, una serie de accidentes que incluyeron fallas humanas en la planta atómica instalada en una pequeña isla de Pensilvania provocó la explosión de un reactor y produjo una ola radioactiva que obligó a evacuar a casi cien mil personas. Apenas 16 días antes se había estrenado una película protagonizada por Jack Lemmon, Jane Fonda y Michael Douglas que, desde la ficción, anticipaba la posibilidad de un desastre nuclear de terribles consecuencias

La foto acertijo: ¿Quién es este niño colombiano que creció escuchando cumbias, tangos y heavy metal?
Nació en un pequeño pueblo de Antioquia, creció en Medellín en tiempos difíciles y encontró en la guitarra su refugio. Antes de convertirse en una estrella internacional, dio sus primeros pasos tocando en reuniones familiares y soñando con la música

Pan duro, queso y vino: la sorprendente dieta detrás de la energía inagotable de los soldados de Roma
Estudios sobre la logística imperial revelan cómo la alimentación diseñada para los legionarios equilibraba sabor, nutrición y practicidad, permitiendo a los ejércitos adaptarse a distintos territorios y superar grandes desafíos


