
En septiembre de 1914, una pequeña bandera argentina, desgarrada y sucia, le salvó la vida a un soldado franco-argentino en pleno campo de batalla. Recién había comenzado la primera de dos batallas del Marne, dos meses después del inicio de la Primera Guerra Mundial.
En pleno combate, los alemanes avanzaban sobre el territorio compuesto por el río Marne, a solo 35 kilómetros de París, un departamento francés que se encontraba a punto de ser ocupado por el -hasta ese momento- invencible ejército del kaiser Guillermo II.
La batalla resultó ser un éxito para Francia. Las tropas lograron detener el avance enemigo, obligándolo a retroceder y alejarse de la capital francesa. El regocijo fue corto, y lo que le siguió fue una sangrienta guerra de trincheras que se extendió por el Viejo Continente hasta 1918.

Entre las tropas francesas se encontraba el caporal Alejandro Foy, un argentino de origen francés que revistaba en el I Regimiento de Suabos del ejército galo durante la Gran Guerra. Llevaba consigo a los campos de batalla una banderita albiceleste con tres sellos de color azul atribuidos al Regimiento como un amuleto de la suerte.
En el transcurso de los días 8 y 9 de septiembre de 1914, la batalla se extendió a Chambry, una pequeña comuna francesa a una hora al norte de Marne. Fue allí que Foy, tirado y herido, alzó su banderita como símbolo de auxilio. Su esfuerzo valió la pena, y de pronto la bandera llamó la atención del personal de la Cruz Roja, que logró divisarlo y eso fue su salvación.

Esa bandera que ayudó al corporal Foy hace más de un siglo se conserva hasta el día de hoy en el patrimonio vexilológico del Museo de Armas de la Nación, en el barrio porteño de Retiro. Mide 65 centímetros de largo y 39 centímetros de ancho, y se encuentra inventariada con el número 2.650. Es uno de los escasos testigos de la participación de argentinos en la Gran Guerra y fue donada en 1940 por Delio Aguilar Giraldes en homenaje a su amigo Foy.

Debajo de la bandera se se encuentra una tarjeta postal de un grupo de soldados franceses con uniforme zuavo, fechada en Paris el 14 de diciembre de 1915 y una nota dedicada por Foy a Aguilar Giraldes que lee lo siguiente: “Aquella banderita argentina participó en la batalla del Marne y fue halzada [sic] por el caporal Foy, 1° de Zouaves, durante el combate de Chambry los días 8 y 9 de Sept [sic] 1914″.
La Primera Batalla del Marne
La primera batalla del Marne empezó el 5 de septiembre de 1914 y duró una semana. Fue una ofensiva iniciada por el ejército francés y el aliado británico en contra de las fuerzas alemanas, quienes ya habían invadido a Bélgica y la parte noreste de Francia. En ese momento, el ejército germano se encontraba a solo 30 kilómetros de París.

El resultado de la ofensiva fue un éxito para Francia, dado que hasta ese momento los alemanes habían sido arrolladores en sus avances territoriales. El cambio de fortuna fue parcialmente atribuido al agotamiento de las fuerzas del Kaiser, dado que algunos regimientos habían avanzado unos 240 kilómetros sin descanso y combatiendo con frecuencia. El avance alemán también fue perjudicado por la demolición de puentes y vías férreas, que ocasionaron interrupciones en sus líneas de suministro.
Los franceses lograron hacer retroceder a las fuerzas alemanas unos 72 kilómetros de París, evitando la captura de la capital y permitiendo a los galos continuar la guerra. De todos modos, la captura alemana de gran parte del noreste industrial de Francia causó un duro golpe para el país.
Otros argentinos que participaron de la Gran Guerra
La historia de la bandera de Foy, una reliquia argentina que estuvo en plena batalla durante una época tan sangrienta a nivel mundial, es poco conocida. Pero a la vez permite recordar a otros argentinos que se prestaron para defender y asistir a Francia.
Uno de ellos fue Vicente Almandos Almonacid, oriundo de La Rioja quien desde joven mostró interés en los aviones. Como Francia era la pionera en la escuela de aviación, Almandos Almonacid se instaló en París en 1914. Al iniciarse la Gran Guerra, se enroló como piloto militar en la Legión Extranjera Francesa. Pronto lo destinaron a una base cercana a la frontera con Alemania donde muchas de sus misiones consistían en bombardear estaciones y fábricas de municiones.

“Influyeron varias cosas para que me incorporase a las filas francesas. Mi cariño a Francia, por un lado, un poco de deseo de aventura y curiosidad hacia el peligro, por otro lado, me decidieron a que me alistase” había declarado Almandos Almonacid en una entrevista con la revista Caras y Caretas en septiembre de 1919.
Almandos Almonacid participó en varias misiones exitosas donde logró derribar aviones enemigos y, al poco tiempo, el ejército lo ascendió de soldado a subteniente. También era ingenioso, y logró idear un mecanismo para arrojar bombas desde un avión y un sistema óptico de puntería. Todos los inventos los terminó donando al Estado francés, donde fueron aplicados por los Aliados.
Tras el fin de la guerra, en 1918, Almandos Almonacid recibió varias condecoraciones, entre ellas la insignia de la Legión de Honor y la de la Liga de Aeronáutica Francesa. Un año más tarde, regresó a la Argentina, donde lo recibieron como un héroe de guerra y se ganó el apodo de “Cóndor Riojano”.
Aportes sanitarios de la comunidad argentina
Hubo más figuras argentinas que contribuyeron a los esfuerzos militares franceses a través de aportes sanitarios. En 1915, a pocos meses del inicio del conflicto, la comunidad argentina de Francia había donado 38 automóviles, 20 ambulancias, 18 camiones ambulancias y cinco salas de cirugías desmontables.
En 1917, se empezó a hablar entre argentinos radicados en París de la creación de un hospital de guerra atendido por médicos argentinos. El Hôpital Argentin Auxiliare 108 fue fundado el 25 de mayo de 1918 y el cirujano argentino Enrique Finochietto fue designado como principal autoridad del hospital.

Finochietto, médico de 37 años y anteriormente jefe de cirugía de la sala 8 del Hospital Rawson, ya había tenido una carrera exitosa en Argentina, haciendo historia en la cirugía y en la medicina junto a su hermano, también médico, Ricardo Finochietto. En mérito a sus contribuciones, el gobierno francés le otorgó la Legión de Honor y otras dos medallas de guerra.
También vale resaltar la contribución de otro médico cirujano igual de reconocido por su desempeño nacional y contribuciones a las fuerzas francesas, Pedro Chutro. En 1915, Chutro, un argentino con orígenes francófonos, fue incorporado al Hospital Buffon de París para tratar la enorme cantidad de heridos tras la primera batalla del Marne en septiembre de ese año.

Al poco tiempo y a pesar de ser extranjero, Chutro quedó a cargo de la sección de cirugía en mayo de 1916, estando a cargo de las 300 camas del Hospital Buffon y de otros hospitales periféricos, supervisando mil camas en total. Entre los años 1916 y 1917, realizó más de mil operaciones de alta complejidad. Hubo veces donde pasaba más de un día operando sin parar tratando de salvar vidas de los combatientes heridos, asistido solamente por un equipo reducido de ayudantes.
En reconocimiento de toda su labor y de los cuarenta meses que duró su actividad en el hospital, Chutro fue incorporado a la Academia de Medicina de París y distinguido por el gobierno francés en 1917 con el grado de Caballero de la Legión de Honor, en 1919 con el grado de Oficial y en 1936 con el grado de Comendador.
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