La trágica historia de la joven adoptada por el hermano del asesino serial que mató a su madre

A los 16 años, Heather Robinson, una chica norteamericana que vivía con sus padres adoptivos, tuvo por casualidad una terrible revelación. John Robinson, su tío postizo, era un sádico y temible criminal que se escondía tras la fachada de un padre de familia

El año 2000 prometía ser un cambio de milenio difícil. Muchos auguraban que los sistemas informáticos mundiales colapsarían o que sucederían catástrofes naturales devastadoras. Nada de eso ocurrió.

Pero a Heather Robinson, ese año, sí que le estalló su mundo en mil pedazos. Se le terminó de forma brutal, sin anestesia. Y, para rearmar el rompecabezas de su vida familiar, tendría que recoger los pedazos que sobrevivieran al cataclismo emocional.

Heather Robinson sabía desde pequeña que había sido adoptada. No era ningún secreto y así creció, feliz, con sus padres adoptivos, en una bonita casa en el estado de Illinois, Estados Unidos.

Pero la precuela de su historia no dejaría nada en pie.

Heather Tiffany Robinson, en la entrevista donde contó su trágica historia
Heather Tiffany Robinson, en la entrevista donde contó su trágica historia

Una voz en el teléfono

En la casa de Donald y Frieda Robinson había algunas reglas estrictas. Una era que no se recibían llamadas telefónicas después de las 21. Esa noche en la que cambiaría su existencia, Heather Robinson de 15 años, estaba esperando la llamada de su mejor amiga pegada al teléfono de la planta baja. Quería atender sin demoras y evitar cualquier reprimenda.

Eran apenas pasadas las nueve de la noche cuando el aparato sonó. Se apuró a levantar el auricular, pero su padre atendió al mismo tiempo, en la habitación del piso superior. Del otro lado de la línea, Heather no escuchó la voz de su amiga, sino la del yerno de su tío John Robinson. Recordaba bien a ese joven porque hacía muy poco tiempo habían ido a su casamiento en el estado de Florida.

-John fue arrestado, decía la voz familiar, ¡y la policía cree que él puede estar conectado con la madre de Heather!

Esas palabras detuvieron la sangre en sus venas. No pudo escuchar nada más. Luego, se enteró de que ese hombre que conocía desde siempre como su tío John, había sido acusado de cinco homicidios. Era un asesino serial de mujeres. Y algo peor: en la lista de víctimas estaba su propia madre biológica. Lo sabían porque la policía había hallado, en el allanamiento, los papeles falsos de la adopción de Heather.

“Mis padres entraron en shock, relató Heather años después al programa 20/20 de la cadena ABC. Recuerdo que esa noche subíamos y bajábamos las escaleras de mi casa en estado de pánico. Mi madre decía ‘¿Cómo pudo hacernos esto? Iremos presos. Esto es horrible. Nuestras vidas se acabaron”.

Mientras su madre buscaba a las apuradas los papeles de adopción, su padre le decía aterrado: “¡No queremos perderte!”. Fue la primera vez que Heather vio llorar a Donald Robinson.

La angustia y el espanto eran un combo imposible de digerir .¿Quién era ella? ¿Qué le había pasado a su madre? ¿Por qué? ¿Cómo podía John ser ese hombre tan malvado? ¿Qué sabían sus padres adoptivos de lo ocurrido? Un océano de preguntas se abrió frente a ella.

Arrestado John, la familia de Heather recibió al FBI. Tomaron ADN y las huellas plantares de Heather y las compararon con las que tenían del hospital donde había nacido. Todo coincidió.

Heather Robinson era en realidad Tiffany Stasi, la bebé de Lisa Stasi, una joven de 19 años. Ambas estaban desaparecidas desde el 9 de enero de 1985. La familia biológica, después de tanto tiempo, las creía muertas.

Lisa Stasi, la madre biológica de Heather, asesinada por John Robinson
Lisa Stasi, la madre biológica de Heather, asesinada por John Robinson

Lisa, la joven vulnerable

Carl Stasi, el padre biológico de Heather, conoció a Lisa en 1983. Al diario ABC News le dijo: “Ella era una chica sureña, de Alabama. Bellísima, rubia y de ojos azules”. Al tiempo de conocerse, Lisa Stasi quedó embarazada. Se casaron en agosto de 1984 y Tiffany Lynn Stasi llegó al mundo un mes después, el 3 de septiembre con una copia perfecta de los azules ojos de su madre. La felicidad no duró. Antes de Navidad ya se habían peleado. Carl se enlistó en el ejército y se fue. La tía de Lisa, Karen Moore, explicó: “Lisa y Carl tuvieron una pelea. Así que Lisa se llevó a su hija Tiffany de 4 meses y se instaló en Hope House (una residencia social en las afueras de Kansas)”.

Por esa misma época, John Robinson escalaba en su sendero del crimen. Con intenciones oscuras lanzó un supuesto programa de ayuda para mujeres oprimidas y madres solteras. Lo que realmente deseaba era encontrar víctimas perfectas. En su búsqueda para conseguir apoyo oficial, John Robinson, recurrió a hospitales y refugios donde a los trabajadores sociales les contaba sobre su plan benéfico.

El Centro Médico Truman cayó en la treta. Lo contactaron para que ayudara a una joven de 19 años, llamada Lisa Stasi, que se había separado, tenía una beba y buscaba vivienda y trabajo. Él les dijo que se encargaría de ellas y las ubicaría en un departamento que había rentado en la avenida Troost, en el sur de Kansas. John Robinson, entonces, llamó a Lisa, pero se presentó con otro apellido: dijo ser John Osborne. Prometió ayudarla para obtener su diploma secundario y un trabajo en Chicago. En vez de llevarla a la calle Troost, la condujo con su hija al hotel Rodeway Inn, en Overland Park, en Kansas. Las ubicó en la habitación 131. A Lisa le anticipó que ya le había conseguido empleo en Chicago y que viajarían a esa ciudad en un par de días. De paso, le pidió las direcciones de sus familiares para mantenerlos informados de los movimientos que hicieran.

En esos días previos al viaje, en vez de quedarse en el hotel, Lisa se subió a su auto y se fue a la casa de su cuñada Kathy Klinginsmith. Cuando le informó a sus familiares sobre sus planes de marcharse a Chicago, la quisieron disuadir. Le preguntaron cuánto conocía a ese hombre. Ella respondió: “¡Es un gentleman!”.

La tarde del miércoles 9 de enero de 1985, Robinson manejó desde Overland Park en medio de una tormenta de nieve, para ir a buscarla a la casa de su cuñada Kathy. Estaba enojado porque ella había abandonado el hotel. Lisa tomó su beba y se fue con él a las apuradas. Dejó incluso sus pertenencias y su auto Toyota Corolla amarillo en la casa de Kathy. La dueña de casa se sintió intimidada por ese desconocido.

Fue la última vez que alguien vio viva a Lisa Stasi.

Extrañas llamadas

Esa misma tarde Lisa se comunicó con su ex suegra, Betty Stasi, quien recuerda que su ex nuera la “llamó histérica, llorando a los gritos”. La joven decía que la querían hacer firmar papeles en blanco. Betty le aconsejó: “¡¡No firmes nada!!”. Lisa le dijo: “Ahí vienen”. Y colgó.

Inquieta, Kathy, a la mañana siguiente, llamó al Rodeway Inn. En el hotel le informaron que se habían marchado y que la cuenta estaba paga con una tarjeta de crédito corporativa a nombre de Equi-II. Ella y su marido fueron directo a las oficinas de Equi-II donde encontraron a John Robinson. Lo confrontaron y le preguntaron por Lisa y por Tiffany. Como él los echó, se dirigieron a la policía para formular una denuncia por desaparición. Los investigadores interrogaron a John Robinson, pero él declaró que la joven se había escapado con un novio y su pequeña hija al estado de Colorado. No había evidencias en su contra y quedó en libertad.

Poco tiempo después, los familiares de Lisa recibieron cartas tipeadas a máquina por la joven madre. Una decía: “Quiero agradecerles por todo su apoyo. He decidido irme para poder llevar una buena vida con Tiffany”. Pat Sylvester, madre de Lisa, sospechó que algo grave había pasado porque Lisa no sabía escribir a máquina.

La pequeña Heather. Cuando nació, su padre biológico se marchó de su vida y su madre, Lisa, quedó en una posición vulnerable que aprovechó su asesino
La pequeña Heather. Cuando nació, su padre biológico se marchó de su vida y su madre, Lisa, quedó en una posición vulnerable que aprovechó su asesino

Adopción veloz

Mientras tanto, la familia de Donald y Frieda Robinson festejaba. Hacía cinco años que intentaban, sin éxito, tener un hijo. John Robinson, el hermano de Donald que trabajaba con madres solteras, había aparecido con una beba cuya madre, les dijo, se había suicidado en un refugio. John los citó en sus oficinas para que firmaran los papeles de adopción. Donald pagó, sin chistar, 5500 dólares por gastos y honorarios profesionales. Recién entonces John los llevó a su casa donde su mujer Nancy los esperaba con una saludable bebé de tremendos ojos azules en los brazos. Donald y Frieda no lo dudaron: el padrino de la beba no podía ser otro que su querido John. El 11 de enero, la pareja feliz, voló de regreso a Chicago con su hija a la que llamaron Heather Robinson.

Tiffany Stasi ya no existía en los papeles.

Los mil caras de John

John Robinson, asesino serial. Buscaba mujeres débiles, las engañana y luego las mataba. Está preso y en el corredor de la muerte.
John Robinson, asesino serial. Buscaba mujeres débiles, las engañana y luego las mataba. Está preso y en el corredor de la muerte.

John Robinson tenía varias caras. Una de ellas lo mostraba como un padre de familia dedicado a sus cuatro hijos. Iba a los partidos de fútbol y de voley, asistía a los conciertos de flauta y era capaz de montar arcos de fútbol en el jardín. Sus vecinos lo veían como un hombre de negocios, carismático y respetable. Incluso había sido fundador de la Iglesia Presbisteriana del barrio.

La otra cara de John era siniestra. Era un estafador consumado, un falsificador de primera, un practicante violento del sexo sadomasoquista y un asesino de mujeres. Pero esa cara solo la conocían sus víctimas.

John Edward Robinson nació el 27 de diciembre de 1943 en Cicero, Illinois. Era el hijo del medio, de cinco hermanos. En su adolescencia fue Boy Scout y viajó a Londres para liderar un grupo de 120 chicos. Tenía condiciones natas de líder. Al terminar el secundario, comenzó a estudiar para ser radioterapista, pero a los 21 años dejó la carrera y se casó con Nancy Jo Lynch. Poco después comenzarían sus problemas con la ley. Su primer desfalco fue por 33 mil dólares a un médico que había trabajado nada menos que con el presidente Harry Truman. En cada nuevo empleo era despedido por robo o fraude, pero siempre se las arreglaba para salir indemne. Su carrera criminal iba en ascenso.

En 1977, con 34 años, se mudó con su mujer y sus cuatro hijos (John Jr, de 14; Kimberly,de 12; los mellizos Christopher y Christine, de 8) a una casa de nueve habitaciones, edificada en un terreno de una hectárea y media, en Pleasant Valley Farms, en los alrededores de la ciudad de Kansas. La casona de los Robinson era moderna y tenía dos grandes chimeneas de piedra. Poseía establos para caballos y corrales. John había creado una nueva empresa, Hydro-Gro Inc, dedicada al cultivo hidropónico, que por entonces era un método novedoso. Eran, en apariencia, la familia perfecta.

Ocho barriles amarillos

Los problemas financieros y las estafas continuaron al tiempo que John mutaba hacia su peor faceta en sus relaciones extramatrimoniales: la de asesino serial y violento sadomasoquista sexual. A las fechorías económicas habrá que sumarles, al menos, el asesinato de ocho mujeres entre 1984 y 1999. Algunas de las que cayeron sus garras fueron:

--En 1984, Paula Godfray: estudiante de 19 años que fue contratada, por Robinson, por un aviso clasificado. Su cuerpo jamás fue hallado.

--En 1985, Lisa Stasi: desapareció con su beba de 4 meses. Nunca se encontró su cadáver.

--En 1987, Catherine Clampitt: madre soltera, de 27 años, había sido empleada por él como su secretaria. Sus restos no fueron recuperados.

--En 1993, Beverly Bonner: tenía 49 años y dejó a su marido para convertirse en su amante. Nunca más se supo de ella, pero él siguió cobrando sus cheques. Su cadáver fue encontrado, en un barril amarillo.

--En 1994, Sheila Faith (45, viuda) y su hija Debbie Faith (15, con parálisis cerebral y en silla de ruedas). La mujer le dijo a sus amigos que había conocido al hombre de su vida. Nadie volvió a verlas. John siguió cobrando los cheques por discapacidad de Debbie. Sus cuerpos estaban dentro de dos toneles amarillos.

--En 1999, Izabela Lewicka: tenía 21 años y era estudiante de bellas artes de la Universidad Purdue. Fue encontrada en una de las barricas.

--En 2000, Suzette Trouten: tenía 28 años, era enfermera en Michigan y aceptó cuidar al padre anciano de John (¡el padre había fallecido muchos años antes!). Sus restos se localizaron en otro barril.

Las ocho mujeres asesinadas por John Robinson. Los cadáveres de cinco de ellas aparecieron en toneles amarillos. De tres -entre ellas Lisa Stasi- nunca se supo nada
Las ocho mujeres asesinadas por John Robinson. Los cadáveres de cinco de ellas aparecieron en toneles amarillos. De tres -entre ellas Lisa Stasi- nunca se supo nada

Durante todos esos años, John Robinson pasó preso algunos períodos, por diversos fraudes. Durante su estadía más prolongada tras las rejas, su mujer Nancy tuvo que vender la magnífica chacra. Apenas salió de prisión, en 1993, con 47 años, volvió a las andadas.

En 1996, se mudaron a una casa en Olathe. En el jardín delantero, pusieron una estatua de San Francisco de Asís. Además, compraron seis hectáreas y media de campo. En esa vivienda, John tenía cinco computadores y tres notebooks.

Es por esa época que se relaciona con Jeanne, una mujer de 34 años, para tener sexo sadomasoquista. En una ocasión, él la maltrata tanto que ella se asusta y hace la denuncia. La policía obtiene, por fin, una acusación comprobable.

El viernes 2 de junio de 2000, nueve vehículos de la policía se dirigen a la casa de John Robinson. Lo detienen por agresión sexual. Los detectives se llevan todas sus computadoras. Hallan, también, los certificados de nacimiento de Izabel Lewica y Suzette Trouten; seis páginas con 115 reglas sobre comportamientos sexuales; fotos de Lewicka desnuda y atada y cuatro hojas, en blanco, firmadas por una tal Lisa Stasi que lleva quince años desaparecida junto a su hija.

El sábado 3 de junio, otra delegación policial va al campo de John Robinson. Allí observan dos barriles amarillos, de 208 litros cada uno. Deciden abrirlos. Hallan el horror. En el numerado como barril UNO, hay un cuerpo desnudo en descomposición de una mujer cabeza abajo. En el numerado como DOS, encuentran una almohada y, debajo de ella, un cuerpo de mujer vestido. Los forenses examinan los cadáveres y concluyen que ambas murieron de un brutal golpe en la cabeza y que no presentan heridas defensivas.

Se enteran de algo más: John Robinson tiene alquilado otro sitio para almacenamiento en Raymore, Missouri. El lunes 5 de junio, en ese lugar descubren tres barriles más. Los expertos del laboratorio abren uno haciendo palanca, el olor los golpea. Lo primero que ven es un par de anteojos y un zapato. Deciden que será mejor trasladarlos para realizar los peritajes en otro sitio más preparado para ello.

En los primeros dos toneles hallados estaban los restos de Izabel y de Suzette. En estos tres últimos, los de Beverly Bonner, Sheila y Debbie Faith.

En 2003, Robinson fue hallado culpable por tres de los asesinatos cometidos en los alrededores de Kansas. Por dos de ellos fue condenado a muerte. En 2005, admitió ser responsable de cinco asesinatos más en Missouri, justo cruzando la frontera estatal. Por ese reconocimiento consiguió un trato con la justicia para evitar más condenas a muerte: le dan cinco cadenas perpetuas adicionales sin posibilidad de libertad condicional.

Los investigadores sospechan que tiene, sobre sus espaldas, muchos más cadáveres. Hoy está en la fila de la muerte en el correccional El Dorado, en Kansas. John Robinson nunca quiso decir qué hizo con el resto de los cuerpos.

En 2005, Nancy, su mujer, pidió el divorcio después de 41 años de casados. Hay muchas dudas acerca de cuánto sabía ella de las múltiples vidas de su marido.

Heather, en los primeros años de su vida junto a los Robinson, cuando todavía ignoraba lo que había sucedido con su madre biológica
Heather, en los primeros años de su vida junto a los Robinson, cuando todavía ignoraba lo que había sucedido con su madre biológica

Mirando hacia atrás

Al año siguiente de enterarse cómo había llegado ella a manos de Donald y Frieda, Heather celebró sus 16 años llorando: “Fue duro. Me encerré en mi cuarto y me tiré en la cama a llorar, deseando estar muerta y no haber nacido”.

La familia adoptiva de Lisa se sintió víctima de los crímenes de su pariente e intentaron tener bajo perfil para mantenerse alejados de los medios. Sin embargo, el 4 de octubre de 2019, rompieron la consigna y le dieron una entrevista a Amy Robach, de la cadena de televisión ABC y co-presentadora del programa 20/20. En dos horas de reportaje, Heather habló de todo. Confesó haber tenido desde siempre sentimientos muy raros hacía su tío: “John Robinson siempre me hizo sentir algo extraño en la boca de mi estómago… es algo así como caminar en medio de la noche por un pasaje oscuro y saber que tenés alguien detrás tuyo, acercándose más y más (...) Saber la verdad, fue una confirmación de que yo no estaba loca por eso que sentía. John no tenía buena vibra ni buena energía (...) Cuando tenía unos 14 años, casi 15 años, fuimos al casamiento de uno de sus hijos en Florida. Estábamos bailando y se puso incómodamente cerca”, relató Heather y contó que en esa ocasión él le habló de sexo, le preguntó si le gustaba que le doliera y le dijo que si quería le pagaba un ticket aéreo para que fuera allí con él... Heather está segura de que “si hubiera hecho eso… Estaría muerta. En uno de esos barriles”.

Donald Robinson también habló y contó sobre su convicción, en aquel momento, de que el acto de adopción había sido legal. A su padre adoptivo, Heather le preguntó qué había sentido cuando todo salió a la luz y él contestó: “Fue la única vez en mi vida que me quebré. Estaba golpeado por la traición de mi hermano y por la posibilidad de perder a mi hija adoptiva en manos de su familia biológica (...) Ese era el gran problema que teníamos, la posibilidad de perderte”.

Rearmar a Lisa

Hoy Heather está casada con Roberto Ramos, a quien conoció en el shopping donde trabajaban. Se casaron en el día de San Valentín de 2013. Ella se convirtió en la madre postiza del hijo que él ya tenía y pronto tuvieron un hijo varón. Tener su propia familia empujó a Heather a intentar rearmar la historia de su madre.

Para la entrevista del programa 20/20, Heather visitó el hotel Rodeway Inn, y otros lugares donde Lisa había estado. Tomó pedazos de tierra, arrancó pasto y puso esos restos en una botella. Dijo que necesitaba “tener algo, algo sólido, algo tangible”.

Su abuela biológica materna, Pat Sylvester, también ayudó: le dio un diario donde Lisa había escrito para su hija: “Cuando seas lo suficientemente grande para leer esto, espero que todavía sientas el amor que te tengo porque es un amor más fuerte que la vida misma”. Heather lloró al leerlo: “duele saber que nunca podré conocerla”.

Heather asegura que los papeles de adopción estuvieron muy bien falsificados: su tío había usado los nombres reales de un abogado, un juez y un escribano. Además, acepta el horror de saber que, con cuatro meses de vida, quizá haya sido testigo del momento en que John Robinson asesinó a su madre.

Aún así no sabe cómo fue su muerte, ni el día exacto.

Reflexiona: “Este viaje va más allá de encontrar los restos de una mujer muerta. Es acerca de aprender de la vida de la mujer que me concibió (...) Quiero encontrar dónde está. Quiero saber quién fue”.

Heather con sus padres adoptivos, Donald y Frieda. Ella continuó junto a ellos después de enterarse que su tío había asesinado a su madre biológica
Heather con sus padres adoptivos, Donald y Frieda. Ella continuó junto a ellos después de enterarse que su tío había asesinado a su madre biológica

Una historia inconclusa

Apenas supo que Heather Robinson era Tiffany Stasi, Carl Stasi, su padre biológico quiso conocerla. Pero no tuvo éxito. En una entrevista al ABC News, en el año 2000, se quejó: “Creo que si ella sabe que estoy vivo querrá verme. En 15 años no supe que estaba viva… Ahora sé que está viva y no la estoy viendo”. Carl cometió el error de decir que a él no le preocupaban los miedos de los Robinson sobre perder la custodia de su hija: “Es mi hija. Quiero encontrarme con ella. Está viva y tengo el derecho de verla y quiero verla”.

A Heather sí le importaban los Robinson. Los quería. Para ella eran sus padres. No quiso conocer a Carl, fue una dura decisión: “Me preguntaron si quería conocer a mi padre biológico y dije absolutamente no. Adentro, en mi corazón, tengo un padre, no necesito otro”.

Pat Sylvester, la madre de Lisa, fue más comprensiva con su afecto hacia los Robinson y logró la recompensa de conocerla. Pat le dijo a los medios: “Si nuestra nieta está a salvo y feliz y la gente que la crió no tiene nada que ver con la desaparición de Lisa, y han cuidado a esa pequeña, nosotros no deseamos quitársela. Solo queremos que ella sepa que nosotros somos su familia”. Heather tuvo muy buena relación con Pat hasta que murió: “A mi abuela, la mamá de Lisa, la amé (...) me enseñó a no tener odio en mi corazón y a perdonar a John… porque ella lo había hecho”, relata.

Tiffany Stasi había nacido el 3 de septiembre de 1984.

Su otro yo, Heather Robinson, tenía una partida de nacimiento que decía que había llegado al mundo el 12 de octubre de 1984.

Quizá, para saber quién es ella realmente, sea más fiel tomar como punto de partida la adopción legal que hicieron Donald y Frieda Robinson cuando cumplió 18 años, momento en el que decidió agregarse el nombre Tiffany.

Los restos de la infortunada Lisa Stasi no fueron hallados. A pesar de ello ya tiene su lápida grabada (Heather escogió poner como posible fecha de muerte el 8 de enero), esperándola frente a una tumba vacía. Parada allí, Heather Tiffany Robinson, con 36 años, sostiene que se siente “vacía y estafada…”, pero asegura que no va a descansar hasta encontrar los huesos de su madre.

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