
Desde los pasillos angostos de un complejo de viviendas sociales en Brooklyn hasta las salas de reuniones en Seattle, Howard Schultz trazó un recorrido tan improbable como transformador. Cada obstáculo se convirtió en un impulso para desafiar los límites y proponer algo diferente.
La historia de quien imaginó cafeterías que funcionaran como puntos de encuentro redefine la noción de éxito: no solo por las cifras colosales de Starbucks, sino por la marca que dejó en la cultura del trabajo y en la forma de compartir un café.
PUBLICIDAD
Infancia en Brooklyn: las raíces de la tenacidad
Nacido en 1953 en un sector humilde de Brooklyn, Schultz convivió desde pequeño con la falta de estabilidad laboral y los sueños truncos. Su padre, Fred Schultz, alternó trabajos temporales y mal remunerados hasta que un accidente laboral lo dejó sin empleo ni cobertura médica al tiempo que la familia esperaba un nuevo hijo.
Esa experiencia, registrada por The New York Times, lo marcó de manera indeleble: “Sabía en mi corazón que, si alguna vez estaba en posición de marcar la diferencia, no dejaría a nadie atrás”, recordó.
PUBLICIDAD
Esta determinación surgió de la necesidad. Schultz absorbió desde niño que el esfuerzo y la empatía abrían caminos, incluso cuando el entorno promovía la resignación. En vez de aceptar esos límites, eligió imaginar alternativas, con el convencimiento de que el éxito solo tenía sentido si implicaba un recorrido colectivo.

Superación: el primer Schultz universitario
Impulsado por ese deseo de superación, Schultz se convirtió en el primer miembro de su familia en llegar a la universidad. Obtuvo una beca deportiva y se graduó en Northern Michigan University en 1975, venciendo dificultades económicas y grandes distancias para continuar sus estudios, detalló Britannica.
PUBLICIDAD
Su primer trabajo fue en Xerox, donde se formó en ventas y marketing. Luego asumió la gerencia general de Hammarplast, una empresa sueca de artículos para el hogar. Allí advirtió que una pequeña tienda de Seattle realizaba pedidos inusuales de cafeteras italianas. Intrigado, viajó para conocer ese negocio y así entró en contacto con Starbucks, aún un local modesto pero reconocido por su calidad, según The Guardian.
En 1982, Schultz se incorporó como director de operaciones y marketing. Su desafío era expandir la marca y acercar el café de alta calidad a más consumidores. Pero una experiencia en el extranjero cambiaría todo.
PUBLICIDAD
El giro italiano: una nueva visión del café
El viaje decisivo ocurrió en 1983, cuando Schultz visitó Milán en una misión comercial. Descubrió que las cafeterías italianas funcionaban como centros sociales donde los clientes eran reconocidos y el café era un pretexto para el encuentro, según relató BBC. “Supe, en ese instante, que quería trasladar esa experiencia a Estados Unidos”, señaló a The New York Times.

De regreso, propuso transformar Starbucks en un “tercer lugar”: ni hogar, ni trabajo, sino un espacio cálido, accesible y social. Los fundadores, Don y Jerry Baldwin, rechazaron el cambio por temor a alejarse del modelo tradicional de venta de granos. Schultz defendía la importancia de la experiencia tanto como la del producto, pero el desacuerdo fue irreconciliable.
PUBLICIDAD
Lejos de abandonar su idea, entendió que necesitaba un nuevo rumbo. Decidió emprender el camino por su cuenta, desafiando el escepticismo de sus superiores y del ambiente empresario.
El camino hacia Starbucks: rechazos y perseverancia
En 1985, Schultz se desvinculó de Starbucks para fundar su propia cadena, Il Giornale. La búsqueda de inversores resultó ardua: afrontó 242 rechazos antes de conseguir el respaldo necesario, informó The Guardian. Luchó contra la incredulidad y el desgaste, pero cada negativa alimentó su empeño. Finalmente, reunió el capital necesario y abrió la primera tienda en Seattle, logrando validar su visión.
PUBLICIDAD
El éxito de Il Giornale le permitió comprar Starbucks dos años después por USD 3,8 millones. Fusionó ambas marcas y asumió el liderazgo en 1987. La compañía tenía entonces 17 locales. Bajo su gestión, la expansión fue fulminante: en apenas cuatro años superó los 100 locales y, poco más tarde, alcanzó más de 30.000 sucursales en 77 países, según The New York Times.
El aporte de Schultz —transformar el café en una experiencia comunitaria y personalizada— redefinió la forma en que las personas se relacionan con la bebida y el espacio público.
PUBLICIDAD

Crisis, transformación y legado laboral
El crecimiento acelerado trajo desafíos. Schultz dejó la dirección ejecutiva en 2000, pero regresó como CEO en 2008 tras una grave crisis financiera.
Su primera decisión fue impactante: cerró temporalmente todas las tiendas en Estados Unidos para capacitar a baristas y recuperar el foco en la calidad, informó The New York Times. Redujo locales deficitarios y diversificó la oferta, restaurando así la posición de Starbucks.
PUBLICIDAD
Leal a sus orígenes, Schultz transformó la cultura laboral en el sector: dio seguro médico integral y participación accionaria a empleados de medio tiempo. En 1988, implementó cobertura médica para trabajadores de jornada parcial y sus parejas. En 1991, les otorgó acceso a acciones de la empresa, medidas inéditas hasta ese momento, destacó Britannica.
Reconocimiento y vigencia de una visión
A lo largo de su trayectoria, Schultz publicó libros como Pour Your Heart Into It y Onward, y obtuvo premios internacionales, entre ellos el Horatio Alger Award. En 2018 anunció su retiro definitivo, aunque siguió relacionado con la compañía como presidente emérito. En 2022, volvió brevemente como CEO interino y su nombre fue considerado para la política, aunque nunca se postuló.
Actualmente, Starbucks emplea a más de 400.000 personas y genera ingresos anuales superiores a USD 35.000 millones, según The New York Times. Pero más allá de la magnitud de sus cifras, persiste una convicción clave: la experiencia colectiva y la empatía pueden transformar una empresa y una industria.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
“Bolívar y yo no cabemos en el Perú”: los secretos de la entrevista de Guayaquil y la decisión de San Martín de abandonar América
Hace 204 años se celebraba el encuentro entre San Martín y Bolívar, en medio del desarrollo de la campaña militar para terminar con el dominio español en América del sur. La situación de cada uno y lo poco que trascendió de dos encuentros a solas entre dos líderes que perseguían metas muy distintas

Usan ropa hecha a mano con moldes antiguos: así es el grupo que revive la sociedad del siglo XIX
Con corsés, miriñaques y vestidos confeccionados a mano, las integrantes de la Sociedad Victoriana Augusta buscan reconstruir la historia argentina desde la experiencia y la investigación

Negra y “madre de la patria”: la mujer que se ganó la admiración de Belgrano, cayó prisionera de los españoles y terminó en la miseria
María Remedios del Valle peleó en el Ejército del Norte perdió a su esposo y a sus hijos en la guerra, y terminó viviendo de la caridad. La historia de la mujer negra a quien Manuel Belgrano nombró capitana del Ejército, pero pasó años olvidada y en la pobreza

El histórico recital de Roger Waters que celebró la caída del Muro de Berlín: la lista de invitados y el Ejército Rojo en el show
El lugar elegido cargaba historia de guerra y hubo que medir cada paso antes de levantar la estructura. El elenco cambió por bajas y críticas. La transmisión global mostró problemas técnicos y momentos complicados. Se realizó el 21 de julio de 1990

La bandera de Belgrano: de su emotiva presentación en Rosario al bautismo de fuego en Salta y el nacimiento del Sol de Mayo
Fueron los congresistas reunidos en Tucumán los que establecieron a la bandera como símbolo patrio que identificaba a las Provincias Unidas, sumándose al himno y al escudo


