Muchos vamos a pensar en el 2021 como el otro año de la pandemia: la versión recargada de una ola que golpea las puertas de nuestras casas. Pero este año también es el año de Piazzolla: el año de sus cien años. Entre ola y ola, festejamos los años del Tiburón. Coronavirus mediante, hubo una gran cantidad de homenajes, proyección de documentales y hasta conciertos en vivo, como el del Teatro Colón, que se hizo en el marco del Bafici.
Mariano Dugatkin es un músico marplatense que vive en California desde hace casi una década. Toca el bandoneón y tiene una formación académica envidiable, habla de música con una profundidad que hace pensar en Pablo Gianera y Esteban Buch. Al poco tiempo de llegar a Estados Unidos formó el grupo Tinto Tango —dice el mito que el nombre apareció después de tomar un malbec nacional— que integran otros dos argentinos, Dino Durand (guitarra) y Matías Piegari (piano), y dos estadounidenses, Alan Busteed (violín) y Stewart Rosen (contrabajo).
Este año, la banda lanzó el disco homenaje Tinto tango plays Piazzolla que, con un sonido moderno y una potencia desbordante, actualiza los grandes clásicos como “Adiós, Nonino”, “Milonga del ángel”, “Chiquilín de Bachín”, “Libertango”, etc. Son once canciones que traicionan con fidelidad la música de Ástor.
“Hay un límite que uno nunca sabe hasta dónde irse”, decía Dugatkin entrevistado por Patricio Zunini en el ciclo Experiencia Leamos, que organiza la plataforma Leamos.com como beneficio exclusivo para sus suscriptores. “Si uno toma la receta de la abuela o de la mamá y le agrega o le saca algo, ¿sigue siendo esa receta? Con la música es más o menos lo mismo. Nosotros tenemos una oreja que escuchó determinada gestualidad musical y, cuando le agregamos nuestra impronta, tenemos que preguntarnos hasta dónde la condimentamos para que siga siendo la música de Piazzolla. Particularmente, uno de los cambios que decidí fue agregarle batería y traer a un músico de jazz para que participe”.
La entrevista completa —imperdible— puede verse completa en el sitio de Experiencia Leamos. Publicamos aquí algunos fragmentos.

—No es tan distinto el tango de Gardel al de Piazzolla. ¿O sí?
—Es una aseveración fuerte porque, de hecho, fue muy controversial durante mucho tiempo. Primero, para decir si lo que hacía Piazzolla era o no tango, bajo la indiscutible aseveración de que lo de Gardel sí era tango. Más allá de si es tango o no, los dos son completamente argentinos y los dos dan respuesta a una identidad que llevamos en distintos momentos de nuestra historia. Y con ambas músicas me siento identificado.
—Lo digo, sobre todo, porque cuando Piazzolla deja esos arreglos tan complejos, de repente, se hace evidente esa nota nostálgica tan característica del tango.
—Piazzolla era un compositor y dentro el abanico de bandoneonistas que tuvimos la suerte de tener en la historia del tango, encontrarse con un serio compositor no es muy común. Con un lápiz fino y un lenguaje propio, logró ahondar en ciertas cuestiones que otros no pudieron. Con sus gestualidades, dinámicas, densidades, y un lenguaje romántico —que es mucho más complejo porque aparecen cuestiones neoclásica, del barroco—, logró una síntesis tan potente y tan expresiva. A veces, dos notas pueden muchísimo más que ese ornamento que mencionabas.
—¿Cómo se considera a Piazzolla en California? ¿Es un referente de una música porteña o es un músico internacional?
—Yo creo que Piazzolla es un músico internacional. Logró trazar puentes entre el tango y el jazz, la música clásica, algunas cositas de la música contemporánea. Nos deja con la panza llena a todos. El tipo al que le gusta de Beethoven, Chopin y la música clásica encuentra ese lenguaje romántico en una música llena de pasión y de color. El que viene de Stravinski también lo encuentra ahí. Y al que le gusta el jazz va a encontrar unas armonías con tensiones propias del jazz, hay muchos solos, mucha improvisación. La virtud de Piazzolla fue envolver dentro del tango cosas tan diversas.
—¿Existe el tango después de Piazzolla?
—En el comienzo del siglo XX hubo una especie de imperativo moral, por así decirlo, en el que los artistas, para que realmente existieran, tenían que proponer algo nuevo. ¿Qué implica eso hoy? Después del postmodernismo, hay un cierto vale todo y, creo que fue Adorno el que dijo que el tamiz tiempo dirá qué es lo bueno o qué lo malo. Cualquiera que hoy toque con un bandoneón un determinado estilo y género, si lo quiere llamar tango, que lo llame tango. Si alguien hace un arrastre y lo instrumenta con un arpa y un fagot: bienvenido. Tenemos un Bajo Fondo: bienvenido. Tenemos la música de cámara: bienvenido. Yo abro el juego. Me parece que a diferencia de lo que sufrió Piazzolla, hoy el juego es mucho más abierto y es mucho más rico.
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