Nunca es tarde para el talento: Carmelina Iannelli (94) empezó a pintar y a escribir a los 86 años

Su obra es una mirada íntima a la cotidianidad en el sur de Italia. Ella escribe y pinta su historia entre Calabria y Buenos Aires: “Desarrollé de repente todo este mundo de arte que hoy es el motivo por el cual estoy en actividad todo el día”

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Carmelina Iannelli empezó a expresar
Carmelina Iannelli empezó a expresar su talento hace una década: el disparador fueron los recuerdos de su Calabria natal

La escena empieza en silencio. Afuera llueve. Adentro, una caja. Carmelina Iannelli Paternostro la abre sin apuro, como si supiera que ahí adentro hay objetos que son tiempo. Fotografías en blanco y negro, cartas dobladas, sobres con estampillas que ya no circulan. Los papeles crujen. Es 2020, plena pandemia, y el mundo se detiene mientras ella ordena el suyo. Hay viajes y kilómetros que solo son un instante de quietud.

Esa tarde no estaba buscando escribir un libro. Estaba, en todo caso, tratando de entender qué hacer con esos restos de una vida que ya había pasado. Primero fueron hojas sueltas. Después, una pila, y finalmente una decisión: ordenar por temas, por fechas, y convertir lo que parecía un ejercicio doméstico en un archivo personal.

El proceso fue meticuloso: los textos se acumularon sobre el escritorio de su hija para digitalizarlos, luego se organizaron hasta que el libro, grande y con fotos de diferentes épocas, cobró forma — pensada inicialmente solo para sus descendientes.

El libro explora el desarraigo,
El libro explora el desarraigo, el viaje en barco y la construcción de una nueva vida en Argentina, emociones comunes en familias inmigrantes.

—¿En qué momento sentiste que esos recuerdos debían convertirse en un libro?

—Empecé a pensar en escribir pequeños textos con recuerdos de mi pasado, ya que siempre iba contando fragmentos interesantes de mi vida y, a todos los que los escuchaban, les gustaban mucho. Pero esas hojitas a mano fueron creciendo; cada vez eran más hojas que se iban apilando sobre el escritorio de mi hija para que me las pasara en la computadora, y un día me di cuenta de que había que ordenarlas por tema y por fecha. Hecho eso, el paso siguiente fue comprender que ya casi tenía un libro. Y ese primer libro fue grande, de muchas hojas, con fotos antiguas y más modernas, con toda mi historia, pero solo pensado para dejarlo a mis descendientes.

El libro surgió durante la
El libro surgió durante la pandemia de 2020, cuando Carmelina ordenó cartas y fotografías familiares acumuladas a lo largo de su vida.

El poder de la tele

Pero el recorrido no se detiene ahí. Una entrevista televisiva, una devolución inesperada, lectores que se reconocen. Es el 21 de diciembre de 2021, el estudio de América TV mantiene una iluminación uniforme. En el aire está Es por ahí. Guillermo Andino presenta el libro y lo sostiene a la altura del pecho mientras escucha a Carmelina Iannelli Paternostro.

Ella habla sin leer. Reconstruye escenas: las fotografías guardadas, las cartas, la vida en un pueblo del sur de Italia. La conversación fluye con los tiempos marcados por la memoria más que por la televisión.

En el programa de Guillermo
En el programa de Guillermo Andino, el libro deja de ser íntimo y empieza a circular en otras historias.

Después de la emisión, llegan mensajes. Aparecen nombres de pueblos, apellidos, referencias familiares. Lectores que ubican en ese relato episodios similares a los propios. La historia empieza a circular fuera del ámbito íntimo en el que había sido escrita.

Carmelina vuelve entonces sobre el material original. Reordena el contenido y define un eje. La narración se concentra en el inicio: el nacimiento y la infancia en Morano Calabro, en la provincia de Cosenza; la vida cotidiana del pueblo; la salida hacia América; el viaje en barco; la llegada a Buenos Aires y los primeros años.

La publicación 'De Calabria a
La publicación 'De Calabria a Buenos Aires' encuentra eco entre calabreses y descendientes de inmigrantes, activando memorias compartidas.

Ese trabajo da forma a una nueva versión del texto. El libro se publica como De Calabria a Buenos Aires. Pequeñas grandes historias de Morano Calabro y de mi vida, a través de Editorial Dunken, y comienza a distribuirse en plataformas y librerías.

Con la circulación aparecen nuevas lecturas. Calabreses y descendientes de inmigrantes reconocen escenas, paladares y rincones. El libro activa recuerdos que exceden la experiencia individual y se integran en una memoria compartida.

Carmelina vuelve sobre su historia
Carmelina vuelve sobre su historia para ordenarla en palabras, aquí el día de la presentación de su libro

La trayectoria artística y su vínculo con la pintura

Antes de la escritura apareció la pintura. Carmelina ubica ese inicio en 2017, varios años antes de empezar a ordenar sus memorias. No es una vocación temprana. Es un cambio inesperado en su rutina.

El pasado artístico de Carmelina
El pasado artístico de Carmelina se refleja en su pasión por la pintura, dedicada a paisajes de Calabria, mujeres y escenas rurales.

Empieza a trabajar con bastidores, a intervenir objetos, a elegir imágenes y trasladarlas a otra superficie. La práctica se vuelve diaria. Los materiales se acumulan sobre la mesa y las piezas avanzan de manera simultánea, en distintos estados. Con el tiempo, esa actividad se consolida.

Carmelina la vincula a un episodio preciso: una transfusión de sangre tras un brote de colitis ulcerosa. Desde entonces, el trabajo manual y visual ocupa gran parte de sus días.

Una ilustración de Morano Calabro
Una ilustración de Morano Calabro en Italia muestra casas coloridas apiñadas en una ladera, bajo un cielo azul claro con nubes pálidas.

—Después de eso, desarrollé de repente todo este mundo de arte que hoy es el motivo por el cual estoy en actividad todo el día.

La escritura llega después, pero no desplaza esa dinámica. Ambas prácticas conviven y se organizan en una misma lógica de producción constante.

—¿Fue casualidad? No lo sé, pero aquí estoy, pintando y creando las veinticuatro horas.

La casa familiar en Calabria,
La casa familiar en Calabria, con balcones abiertos al campo y una vida sin comodidades modernas, fue su inspiración.

—¿Cómo dialogan la pintura y la memoria en tu obra?

—Artista es una palabra muy grande, aunque al mismo tiempo pienso que todos tenemos derecho a sentirnos artistas, de alguna manera, si nos dedicamos a eso. Lo mío no es dibujar, pero sí pintar, elegir diseños, arreglarlos y ponerles colores especiales. Me encanta hacerlo. A veces busco imágenes de Calabria, de mi pueblo, y los llevo al bastidor para darles vida.

Hace pocos días inauguré mi nueva tienda online: carmelinaregaleria.mitiendanube.com en donde la gente puede encontrar regalos de todo lo que hago en forma artesanal, a mano: desde cuadros de distintos temas, cajas y bandejas, con apliques de strass y piedras. Y, por supuesto, mi libro para que llegue a mucha gente que quiera leerlo o regalarlo si le gusta el tema de Calabria y la inmigración.

Carmelina en su juventud: la
Carmelina en su juventud: la familia y una vida que había comenzado a desplazarse.

—¿Qué temas o paisajes aparecen más en tus cuadros?

—Me gustan mucho los destinos del mundo, así que voy haciendo cuadros de distintos lugares. Me encanta pintar pequeños pueblos, y tengo una sección especial de Calabria entre mis cuadros en mi tienda. También me gusta pintar mujeres, de distintos sitios; paisajes rurales de Argentina y de Italia; cuadros infantiles, espirituales y mucho más. Todos los días se me ocurre algo nuevo, y la gente me escribe y les encanta lo que hago.

Paisajes, recuerdos y vínculos familiares

Morano Calabro es una comuna de poco menos de cinco mil habitantes en la provincia de Cosenza, en el sur de Italia, asentada sobre una colina que mira al macizo del Pollino. Sus casas trepan la ladera hasta el Castello Normanno, una fortificación de origen medieval levantada sobre restos más antiguos, en un territorio atravesado por capas de historia que se remontan a la época romana. El capítulo sobre ese espacio reconstruye el origen de Carmelina a partir de escenas sueltas, organizadas como estampas de memoria.

El pueblo aparece como imagen precisa: “casas de piedra sobre una colina, casi como la imagen de un pesebre”, rodeado por las montañas del Pollino. La vida cotidiana se organiza en un entorno sin comodidades modernas: inviernos largos, chimeneas encendidas, nacimientos en la propia casa.

El relato se detiene en escenas domésticas. Los primeros cuidados del bebé quedan fijados en una imagen que mezcla humor y registro histórico: “¡Dios mío! ¡Parecíamos momias!”. La casa familiar —parte del antiguo palacio del Barón Salmena— suma otros detalles: balcones abiertos al campo, tormentas que dejaban al pueblo sin luz, estudio a la luz de velas.

El pueblo constituye un lugar
El pueblo constituye un lugar central en los recuerdos y en la memoria visual del libro.

“No puedo escribir una novela de ella, toda de corrido… las que siguen son como pequeñas estampas”, tipea. En esos fragmentos, con vacíos y precisiones, se arma el retrato de una vida en el sur de Italia en la primera mitad del siglo XX. Escribe desde sus 93 años con una primera constatación: “No sé cómo pudo ser, pero cumplí 93 años”. Desde ahí repasa una vida que la llevó a sobrevivir a gran parte de su familia y a preguntarse por esa continuidad. Este año cumple los 95.

—¿Qué recuerdos te vuelven primero cuando pensás en tu infancia?

—De muy pequeña, tengo pocos recuerdos. Solo de algunos juegos con dos amigas, o cuando íbamos al campo a recoger fruta. De mi adolescencia tengo algunos más, especialmente la época del colegio en la vecina ciudad de Castrovillari, a solo siete kilómetros de mi pueblo, cuando iba en la “littorina”, ese único vagón que iba marcha atrás, y en donde nos encontrábamos todos los chicos del pueblo, noviecitos incluidos… Y también tengo recuerdos del pueblo.

A veces cierro los ojos y veo esos balcones de mi casa, el campo en primavera, la vecina parroquia de San Nicola, toda iluminada en ocasión de alguna fiesta; y cuando pienso en eso, extraño esos tiempos.

El regreso a Morano Calabro:
El regreso a Morano Calabro: volver al punto de partida con una vida entera vivida en otra tierra.

—¿Escribir fue una forma de preservar la memoria familiar o también una forma de comprender tu propia historia?

—Ambas cosas. Había una necesidad de que las generaciones venideras supieran cuál había sido la historia familiar, pero al ir escribiendo, al poner en papel mi vida, pude comprender muchas cosas a la distancia que la misma juventud, a veces, no nos lo permite. Por ejemplo, la historia del Barón Antonio Salmena, mi bisabuelo materno, que ha sido el Barón del pueblo, allá por el 1800, y que ha tenido una vida humilde, de entrega a los más necesitados y de gran evolución espiritual. él también escribió un libro, pero a la luz del candil, en esas noches frías del Palazzo Salmena, que fue luego mi casa, la que dejé al venir a América, y que hoy es museo y los turistas pueden visitar. Al contar su historia en mi libro, y ya que no lo conocí personalmente, pude comprenderlo y admirar mucho más su vida y obra.

Carmelina Iannelli junto a su
Carmelina Iannelli junto a su esposo, Antonio Paternostro, en una imagen que condensa una historia atravesada por la migración, la distancia y el reencuentro.

La experiencia colectiva, ser parte de un todo

Carmelina entiende su historia como parte de una experiencia compartida. Le escriben inmigrantes y descendientes que reconocen en su relato escenas escuchadas en sus propias familias y recuperan una emoción similar. En ese intercambio aparece un patrón común: la partida forzada por la necesidad, el desarraigo, el viaje en barco —largo, incierto, lejos de cualquier idea de placer— y la construcción de una vida nueva.

La creación artística fortalece el
La creación artística fortalece el vínculo con la historia y cultura.

En esa secuencia, que se repite con matices según el origen, su recorrido se integra a una memoria colectiva. La decisión de embarcarse, atravesada por la incertidumbre, queda inscripta como un gesto de época y, al mismo tiempo, como una elección personal que, con el paso del tiempo, adquiere sentido dentro de su propio destino.

—Si tu historia fuera un cuadro, ¿qué escena elegirías pintar?

—La de una mujer asomada al balcón de su casa en el pueblo, mirando el campo en primavera. Esa imagen de felicidad me persigue siempre.

Carmelina Iannelli, de Calabria a
Carmelina Iannelli, de Calabria a Buenos Aires: una vida atravesada por la migración, el trabajo, la memoria y, en los últimos años, la escritura y el arte.