
La generación silver enfrenta el reto de preservar su salud, autonomía y calidad de vida en un contexto de envejecimiento poblacional creciente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y expertos internacionales, la clave reside en adoptar una rutina de actividad física multicomponente que combine ejercicios aeróbicos, de fuerza, equilibrio y flexibilidad.
Entre las disciplinas más recomendadas figuran caminar, natación, tai chi, danza y ciclismo, por su impacto positivo en la salud física, mental y social.
Actividad física multicomponente
La OMS establece que los adultos de 65 años o más deberían realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, incorporando ejercicios de fuerza y equilibrio para prevenir caídas y mantener la capacidad funcional.
De acuerdo con la evidencia médica recogida por la OMS y CNIB+1, estos niveles de actividad se asocian con una reducción significativa de la mortalidad por todas las causas, mejor salud cardiovascular, mayor densidad ósea, mejor función cognitiva y menor riesgo de depresión.

Las actividades de intensidad ligera o moderada, como caminar diariamente, contribuyen a una mayor longevidad y mejor salud general, especialmente cuando se adaptan a las capacidades y preferencias individuales, según Verywell Health.
La práctica regular, adaptada a cada persona y con supervisión profesional cuando sea necesario, reduce el riesgo de enfermedades crónicas, mejora la función cognitiva y prolonga la autonomía funcional.
La combinación de ejercicios cardiovasculares, de fuerza, equilibrio y flexibilidad responde a las directrices de salud globales y a los resultados observados en estudios sobre envejecimiento activo.
Caminar: el ejercicio más accesible y sus beneficios
Caminar se destaca como la actividad física más accesible y adaptable para la generación silver. Las caminatas regulares mejoran la función muscular y reducen el riesgo de diabetes tipo 2, cáncer y enfermedades cardiovasculares.
Caminar a una velocidad promedio de 4,8 kilómetros por hora puede aumentar la longevidad, y que incrementar el tiempo de caminata diaria podría extender la vida hasta en 11 años para los adultos menos activos.
Thomas Buford, profesor de medicina en la University of Alabama at Birmingham, afirma que “caminar es una de las mejores formas que tenemos para mantener nuestra actividad física y salud”, según declaraciones recogidas por Verywell Health.
Además, Panteleimon Ekkekakis, de Michigan State University, destaca que la adherencia a largo plazo es mayor con la caminata, ya que la mayoría la percibe como una actividad agradable y de bajo impacto.
Natación y ejercicios acuáticos: bajo impacto y salud integral
La natación y los ejercicios en el agua ofrecen beneficios cardiovasculares y respiratorios, fortalecen los músculos sin impacto articular y resultan ideales para personas con artrosis u otros problemas en las articulaciones.

La natación es un deporte aeróbico completo, que mejora la resistencia y la salud muscular, con un riesgo bajo de lesiones. Estas actividades acuáticas permiten trabajar la fuerza y la movilidad, favoreciendo la independencia funcional y la prevención de caídas.
Tai chi y artes marciales suaves: equilibrio, fuerza y mente
El tai chi y otras artes marciales suaves, como el aikido y el wing chun, se han consolidado como prácticas especialmente beneficiosas para adultos mayores.
Tom’s Guide recoge investigaciones que vinculan el tai chi con mejoras en el equilibrio, la coordinación, la fuerza ligera y la reducción del estrés. La práctica de movimientos lentos, combinados con respiración y concentración mental, ayuda a prevenir caídas y a mantener la función neuromuscular.
Harvard Medical School, citada por Tom’s Guide, sostiene que el tai chi es la mejor opción para mantenerse en forma después de los 60 años.
El doctor Peter M. Wayne, de la misma institución, ha estudiado los efectos del tai chi en el envejecimiento y concluye que esta disciplina ayuda al cuerpo a mantenerse receptivo y coordinado, estimula la formación ósea y puede prevenir o controlar la osteoporosis. Además, el tai chi contribuye a mejorar la memoria, la concentración y la calidad del sueño.
Danza: ejercicio físico, cognitivo y social
La danza se presenta como una actividad que combina ejercicio cardiovascular, coordinación, memoria y socialización. Bailar no solo eleva la frecuencia cardíaca, sino que también mejora el equilibrio, la función cognitiva y el bienestar emocional.
La danza, al integrar un componente cognitivo y social, favorece la motivación sostenida y la conexión interpersonal, aspectos clave para la adherencia a largo plazo en la actividad física.
Ciclismo: fortalecimiento y salud cardiovascular
El ciclismo, tanto en bicicleta tradicional como estática, fortalece las piernas, mejora la salud cardiovascular y la coordinación motora. Es uno de los ejercicios aeróbicos más completos, con menor impacto articular que correr, lo que lo hace adecuado para personas con molestias en las articulaciones.
El ciclismo puede adaptarse a diferentes niveles de intensidad y practicarse de forma individual o en grupo, lo que facilita su integración en la vida cotidiana.
Recomendaciones prácticas para incorporar la actividad física
Para la generación silver, la constancia y la adaptación a las capacidades individuales son fundamentales. Se recomienda comenzar con pequeños incrementos de actividad y aumentar gradualmente la intensidad y la duración, para reducir el riesgo de lesiones y mejorar la adherencia. La mejor actividad es aquella que resulta placentera y sostenible en el tiempo, y es imprescindible la supervisión profesional.

La actividad física regular no solo aporta beneficios físicos, sino que también mejora la salud mental, la calidad del sueño y el bienestar general. La integración de ejercicios de fuerza, flexibilidad y equilibrio en la rutina diaria, junto con actividades aeróbicas, contribuye a mantener la independencia y la calidad de vida en la tercera edad.
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