
El escritor y periodista Héctor Abad Faciolince (Colombia, 1958) presentó su más reciente libro, Salvo mi corazón, todo está bien (Alfaguara, 2022), en la última fecha de Miami Book Fair. Para la ocasión, Abad fue entrevistado por la periodista Patricia Janiot ante un auditorio completamente lleno.
La novela cuenta la historia de un cura bonachón con problemas cardíacos que, mientras espera de un trasplante de corazón, se enfrenta a una crisis existencial. La historia se basa en hechos reales, según el propio autor confesó: “Yo no tengo mucha imaginación”. El personaje se inspiró en un cura amigo de Abad, “un cura real, un cura que existió y que era gordo como el personaje de este libro”. Este cura real, al que llamaban el Gordo, se enfermó tan gravemente que requirió un transplante cardíaco: “Ya no había manera de tratarlo”.
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Luis Córdoba —así se llama el cura de la novela— es, además de sacerdote, un hombre culto. Da clases de historia del cine y es experto en música clásica, especialmente en ópera. Algo más que tiene en común con el cura real, quien también se llama Luis.
Luis Alberto Álvarez fue una figura en el mundo cultural en el Medellín de los setenta, los ochenta y los noventa. Publicaba todos los domingos una página de cine en El Colombiano, según refiere Abad, y tenía programas de radio. “Él hacía su apostolado a través del arte”.
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Lo sabe bien, Abad, lo recuerda: en Medellín nació el autor de El olvido que seremos, novela sobre su padre escrita “con una prosa que nunca se excede en la efusión del sentimiento, precisa, clara, inteligente, culta”, según el premio Nobel Mario Vargas Llosa, llevada al cine por Fernando Trueba. Entre otras de sus obras se cuentan Tratado de culinaria para mujeres tristes, Fragmentos de amor furtivo y La oculta.
El libro que presentó en la Feria del Libro de Miami, Salvo mi corazón, todo está bien resulta casi biográfico. Luis Córdoba demora en conseguir un donante, debido a su gran tamaño y peso. Los médicos le recomiendan reposo, pero la residencia de sacerdotes tiene muchas escaleras. Debido a ello, el cura recibe hospedaje en una casa donde viven dos mujeres, una de ellas recién separada, y tres niños.
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Álvarez —el cura real— también fue hospedado en una casa con dos mujeres y varios niños. Una de esas mujeres también estaba recién separada, de Héctor Abad. A pesar de las coincidencias, el autor deja clara que es una novela, por ende ficción. “Yo trabajo básicamente con mi memoria, pero sobre todo con mi mala memoria”, dijo. “La imaginación que no tengo es mi mala memoria”, reveló su ingrediente secreto.

La historia real, que ocurrió a mediados de los noventa, quedó ahí plantada, como una semilla. “Yo digo que las novelas crecen despacio”, explicó el escritor colombiano. Hasta que se hizo inminente durante un viaje a Miami. Abad viajó a la ciudad de Florida para ponerse la vacuna contra el covid-19. “Me metí al mar a nadar y me dio un dolor espantoso en el pecho, lo que se llama una angina de pecho”, contó al auditorio. Luego de eso, los médicos descubrieron que tenía estenosis aórtica y que necesitarían someterlo a una operación a corazón abierto para solucionarlo.
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Abad se obsesionó con el corazón, por cómo funciona. “No solo el corazón del Gordo, sino el corazón mío”, confesó. Fue una experiencia que lo acercó a la muerte. “Cuando a uno lo operan del corazón un poco lo matan. Hay un momento en que no respiras”, explicó al público que escuchaba absorto. “No hay nada más parecido a estar muerto que estar frío, sin respirar y sin palpitar. Eso es como la definición clásica de la muerte”.
Es fácil percatarse de que la obsesión con el corazón del autor de Asuntos de un hidalgo disoluto (1994) comenzó mucho antes de que el suyo comenzara a dolerle. Lo reveló en su valoración de la novela, al cerrar su presentación: “Si uno es capaz de conciliar lo que muchos curas encuentran siempre irreconciliable, que es la vida del espíritu y la vida del cuerpo. Si uno logra reconciliar la vida más mental, la vida más artística, intelectual, con la vida del cuerpo y con la vida del amor. Si uno logra conciliar eso y dos personas tienen la suerte de encontrarse en eso, pues es es una de las maravillas temporales y a veces duraderas de la vida, y es lo que este cura no tiene y es a lo que aspira. No les voy a decir qué pasa cuando lo operen de esa víscera cargada de metáforas que es el corazón”.
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