El pueblo catalán al que Bécquer iba a curarse y que le inspiró para escribir una de sus leyendas más famosas

Entre sus calles empedradas y restos de un castillo en ruinas el poeta encontró reposo para su salud y el escenario real para una de las leyendas más inquietantes del romanticismo español

El pueblo con un marco de Bécquer
El pueblo en el que Bécquer descansó un otoño de tuberculosis y escribió una de sus composiciones más aterradoras. (Montaje Infobae)
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Bellver de Cerdanya recibió a Gustavo Adolfo Bécquer con los brazos abiertos en 1860, aunque poco sabía la ciudad en lo que se convertiría. El poeta llegó a esta localidad leridana, situada en pleno Parque Natural del Cadí-Moixeró, con 21 años y un diagnóstico reciente de tuberculosis. Buscaba el aire limpio de los Pirineos para aliviar una enfermedad que, según recoge el Ayuntamiento del municipio en su web oficial, requería “el aire y el sol de las montañas”.

Se alojó en una fonda conocida como Cal Patanó, en la calle de la Amargura. Hoy, una placa colocada en 1970 con motivo del centenario de la muerte del escritor recuerda el paso de escritor español por el edificio. En el siglo XIX funcionaba como pensión y conserva su fachada original del siglo XVI. Bécquer permaneció allí durante dos meses, entre octubre y noviembre de aquel año.

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Edificios grises empedrados y de fondo el campanario de la iglesia
La Plaza Mayor de Bellver de Cerdanya, donde las calles y edificios empedrados sirvieron de escenario real para la trama de "La cruz del diablo". (Wikimedia/Jordi Gili)

El pueblo catalán se levanta sobre un pequeño promontorio donde el valle del río Segre se abre hacia la sierra del Cadí. Las calles empedradas ascienden en pendiente hasta los pórticos de la plaza Mayor, mientras la torre gótica de la iglesia de Santa María y San Jaime domina el caserío. Fue en ese entorno, documentado por el consistorio como base de una tradición oral pirenaica anterior al propio Bécquer, donde el escritor situó la trama de su relato más célebre.

La leyenda que Bécquer escribió a partir de un cuento local

El resultado de aquella estancia fue La cruz del diablo, publicada en 1871. La historia narra la crueldad de un señor feudal, el Señor del Segre, cuya armadura cobra vida propia tras su muerte y siembra el terror entre los habitantes de la comarca. Solo después de que un ermitaño revele una oración capaz de capturarla, los vecinos consiguen fundirla y convertirla en una cruz que, según la tradición recogida por el consistorio, servía de refugio a lobos y asesinos en las colinas cercanas al pueblo.

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Un retrato pintado por el hermano del poeta en el que se le ve de perfil con la cabeza ligeramente girada al espectador.
Bécquer pasó en Bellver de Cerdanya unos meses debido a una tuberculosis. (Valeriano Domínguez Bécquer)

Bécquer no inventó la leyenda desde cero. “La Creu del Diable” ya circulaba como relato popular medieval en la Cerdaña antes de que el poeta la incorporara a su producción literaria. Su aportación fue trasladar la acción a lugares reales del municipio: la plaza Mayor, los callejones del Barrio Antiguo, la torre de la Prisión y las ruinas de Sant Martí dels Castells, un antiguo núcleo fortificado a las afueras del pueblo.

Un recorrido que sigue las huellas del poeta

Un puesto de quesos, junto a uno de mieles. Niños pasando y tenderos detrás de los puestos
La villa de Bellver cuenta con muchos habitantes y un carácter comercial, mientras que los pequeños núcleos que conforman la llamada Batllia de Bellver se dedican a la agricultura y la ganadería. (Turismo de Catalunya)

El municipio organiza cada verano visitas guiadas que reconstruyen el itinerario que inspiró a Bécquer. La ruta arranca en la Torre de la Prisión, uno de los torreones que formaban parte de la antigua muralla y que el escritor convirtió en el calabozo donde se encerraba la armadura endemoniada. Desde allí, el paseo continúa por la calle del Medio, antigua Jussà, hasta desembocar en los pórticos medievales de la plaza Mayor.

Fuera del recinto amurallado esperan las ruinas de Sant Martí dels Castells, con su iglesia románica y los vestigios del castillo que, según la tradición local, sirvió de referencia para la fortaleza del señor feudal de la leyenda. El itinerario concluye en la plaza dedicada al escritor, inaugurada tras unas obras de recuperación del Barrio Antiguo y desde donde se contempla la Cerdaña hacia levante con la sierra del Cadí como telón de fondo. Allí, una escultura de golondrinas realizada por Philippe Lavaill en 2013 recuerda el paso del poeta sevillano por el municipio.

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La oficina de turismo de Bellver de Cerdanya, ubicada en la plaza de Sant Roc, ofrece una audioguía con código QR disponible en castellano, catalán e inglés para recorrer de forma autónoma los escenarios de la leyenda, ampliada también en el Centro de Interpretación del Parque Natural del Cadí-Moixeró, en la vecina localidad de Talló.

Cómo llegar y qué más ofrece la Cerdaña

Desde Barcelona, el camino hasta Bellver de Cerdanya atraviesa el Túnel del Cadí y desemboca, casi sin aviso, en otro paisaje: el valle se abre, las montañas se acercan y el aire cambia de textura. Son 148 kilómetros, poco menos de dos horas de carretera, que también pueden recorrerse en tren hasta Puigcerdà para completar el tramo final en autobús o taxi, con la Cerdaña ya asomando por la ventanilla.

Una estancia en ruinas a cielo abierto
Los restos de la iglesia románica y el castillo de Sant Martí dels Castells, a las afueras del pueblo, inspiraron la fortaleza del señor feudal de la leyenda. (Wikimedia/Álex Guerrero)

Quien quiera adentrarse en la leyenda de Bécquer sin prisa puede hacerse con la audioguía que vende la oficina de turismo de la plaza de Sant Roc, disponible también en el Centro de Interpretación del Parque Natural del Cadí-Moixeró, en la vecina Talló. Con un código QR y un par de euros basta para dejar que el relato del Señor del Segre guíe los propios pasos entre las callejuelas del Barrio Antiguo.

Pero Bellver no se agota en su leyenda. El Castillo de Queixans, con su torre del homenaje aún en pie, vigila el pueblo desde otro promontorio, y cada miércoles la plaza se llena con el mercado semanal de producto local, el mismo que quizás se celebraba ya cuando Bécquer paseaba entre sus puestos. Al caer la tarde, el Barrio Antiguo se convierte en el lugar donde probar la cocina de montaña de la comarca: carnes de vacuno y cerdo criados en la Cerdaña, setas recogidas en temporada y guisos de legumbres que no han cambiado demasiado desde el siglo XIX.

Quien busque algo más que el pueblo puede seguir camino: a media hora está Puigcerdà, la capital de la comarca, y a menos de tres cuartos de hora, las pistas de esquí del Pirineo. Pero pocos sitios ofrecen lo que ofrece Bellver. Un pueblo donde todavía se puede caminar, literalmente, dentro de una leyenda.

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