Estos son los mejores pueblos para conocer el paso de los vikingos por España

Estas localidades marineras cuenta con un legado vikingo que se traduce en antiguos asentamientos, historias y leyendas nórdicas

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Mundaka, en el País Vasco
Mundaka, en el País Vasco (Shutterstock).

La imagen de los vikingos surcando los mares, desembarcando en costas desconocidas y dejando su huella en territorios remotos, ha fascinado a generaciones durante siglos. Aunque su presencia en la península ibérica fue mucho más limitada que en otras regiones europeas, el norte de España guarda relatos, leyendas y vestigios que recuerdan el paso de estos grandes navegantes por sus costas. Hoy, varios destinos permiten al viajero rastrear las huellas de los vikingos y sumergirse en la mezcla de historia y tradición que envuelve a estas localidades.

Desde fortificaciones atípicas hasta relatos ancestrales, estos enclaves ofrecen una mirada única al encuentro entre los pueblos del norte de Europa y las comunidades costeras españolas. Un viaje por estos lugares es una invitación a descubrir una parte poco conocida pero fascinante de la historia peninsular.

Mundaka: leyendas y memoria vikinga en Vizcaya

En la costa de Vizcaya, Mundaka mantiene viva la relación con los vikingos principalmente a través de la tradición oral y las crónicas medievales. La leyenda de Jaun Zuria narra la llegada de una princesa escocesa acompañada por guerreros nórdicos, cuya descendencia habría fundado el Señorío de Vizcaya. Según la historia, estos forasteros participaron en combates contra las fuerzas del reino de León y su legado se mantiene como parte de la identidad local.

Las crónicas medievales mencionan también la presencia de grupos “al-madjus”, identificados como paganos nórdicos, que participaron en conflictos en la región durante el siglo IX. Aunque hasta la fecha no se han hallado restos arqueológicos que confirmen asentamientos vikingos permanentes, la documentación y la tradición reflejan el contacto y la influencia de estos visitantes del norte en la costa vizcaína.

Pasear por Mundaka es recorrer un pueblo donde la historia y el mito se mezclan, y donde la ermita de Santa Catalina y los paisajes del estuario invitan a imaginar la llegada de drakkars a sus tranquilas aguas.

Cudillero: tradición costera y relatos del norte

En el litoral asturiano, Cudillero es otro de los destinos donde la memoria de los vikingos ha dejado su impronta, aunque en forma de relatos y tradiciones más que de restos materiales. Según la tradición oral, los expedicionarios nórdicos habrían utilizado el puerto natural de la localidad para sus incursiones y abastecimientos.

La división histórica del pueblo en dos barrios —uno vinculado a las familias de tierra y otro al puerto— ha dado origen a leyendas que sugieren un posible origen nórdico de algunos residentes. Otras versiones sitúan la llegada de grupos foráneos en épocas anteriores, cuando bretones exiliados se establecieron en Galicia y el occidente asturiano.

A pesar de que no existen pruebas concluyentes de una ocupación vikinga permanente, la percepción de Cudillero como un puerto vinculado a los contactos con el norte de Europa sigue viva en el imaginario local. Recorrer sus calles y sus miradores es adentrarse en una atmósfera donde la historia marinera y los ecos de antiguas expediciones resuenan entre las casas de colores y los acantilados.

Viveiro: la fortificación nórdica en tierras gallegas

En la costa de Galicia, cerca de la localidad de Viveiro, se encuentra uno de los ejemplos más singulares de interacción entre vikingos y poblaciones locales. Aquí, los arqueólogos identificaron una mota castral —una fortificación compuesta por dos anillos concéntricos de madera—, coronada por un torreón y situada en lo alto de una colina estratégica.

Este enclave, diferente a los castros tradicionales gallegos, destaca por su ubicación en un puerto natural perfectamente protegido. Se trata del tipo de lugar que los expedicionarios del norte solían utilizar como campamento temporal y base de aprovisionamiento durante sus viajes por el Atlántico.

En la Península Ibérica se esconden algunos lugares únicos y llenos de historia.

Entre los materiales recuperados en el yacimiento se encuentran cerámicas cuya datación coincide con las incursiones vikingas en la península, especialmente en torno al siglo IX. Si bien no existen pruebas de un asentamiento permanente, la fortificación se interpreta como un ejemplo de cómo los vikingos interactuaban con el litoral gallego, resguardando embarcaciones y protegiendo recursos antes de proseguir su ruta.