
Barcelona es uno de los territorios más codiciados del turismo nacional e internacional gracias a un patrimonio excepcional que abarca playas mediterráneas, emblemáticos monumentos y pueblos marineros llenos de encanto. Sin embargo, lejos del bullicio costero, su interior esconde verdaderos tesoros en forma de pequeñas villas y parajes poco transitados, donde la historia y la naturaleza se funden para ofrecer itinerarios originales y tranquilos. Uno de estos destinos es Taradell, en la comarca de Osona, a los pies del imponente Montseny.
La villa de Taradell surge entre colinas y bosques frondosos, situada a poca distancia de la costa, pero resguardada del ritmo frenético de la gran ciudad. Este pueblo, con profundas raíces rurales y un aire sereno, ha conservado su carácter y es hoy punto de partida para descubrir paisajes y monumentos que sorprenden hasta a los propios barceloneses. Uno de los principales reclamos es el castell de Taradell, también conocido como Castell d’en Boix, una fortaleza medieval adaptada a la propia cumbre de la colina sobre la que se asienta. Pero esto no es todo, pues además de ser uno de los mayores atractivos de la zona, brinda una de las rutas más impresionantes de toda Barcelona.
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Una fortaleza milenaria

La historia del castell de Taradel se remonta al año 893 y su nombre deriva del linaje de los antiguos caballeros Taradell, quienes dieron identidad tanto al castillo como al pueblo. Así, durante muchos años sirvió como bastión defensivo de la localidad y de los alrededores, siendo una referencia hasta en cuatro municipios distintos. Sin embargo, el paso de los años y la naturaleza implacable lo han convertido a día de hoy en ruinas.
Sin embargo, a pesar de su estado, su consolidación permite aún rastrear su estructura y comprender su antigua función defensiva. Las piedras supervivientes y los restos arquitectónicos dejan volar la imaginación del visitante, trasladándolo a una época de caballeros, guardias y leyendas locales. A esto hay que sumar su situación estratégica, pues se enclava a más de 800 metros de altura, lo que otorga unas panorámicas increíbles de todo el entorno.
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A esto hay que sumar la ruta que rodea a la fortaleza. El sendero, que conduce al castillo y sus grutas, se ha consolidado como una de las más pintorescas del interior de Barcelona. El itinerario, de poco más de 12 kilómetros y un desnivel moderado, es perfectamente asequible para realizar en familia o con amigos, sobre todo durante el otoño y la primavera, cuando las temperaturas invitan a caminar sin prisas y a disfrutar de cada panorámica.
La ruta circular del Castell de Taradell

La excursión parte directamente desde las calles de Taradell, avanzando por senderos señalizados con marcas blancas y amarillas en dirección a la capilla de Sant Quirze de Subiradells, una joya del siglo X que da las primeras pinceladas históricas de la travesía. Tras dejar atrás la capilla, el camino se interna en un paisaje de colinas cubiertas de robles y encinas, propicio para perderse y conectar con la quietud del entorno.
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A mitad de recorrido, el senderista alcanza las cuevas de Rocaguinarda, un conjunto de tres cavidades legendarias que fueron refugio del famoso bandolero Perot Rocaguinarda y su grupo. La visita a este enclave remite a las andanzas de épocas pasadas y añade un toque de misterio al trayecto, marcando una de las paradas más singulares de la ruta.
El sendero continúa en ascenso hacia la cima de l’Enclusa, situada a 867 metros de altitud, desde donde es posible admirar amplias vistas sobre la comarca y el propio macizo del Montseny. El esfuerzo se ve recompensado al llegar a las ruinas del Castell d’en Boix, que resiste al tiempo en una ubicación privilegiada. La ruta circular se completa con el descenso hacia el pantano de Taradell, un último rincón natural en el que muchas veces descansan los caminantes antes de regresar al pueblo. Los reflejos del agua y la tranquilidad de la lámina líquida invitan a la pausa y la contemplación, sumando un aliciente paisajístico al itinerario.
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Cómo llegar
Desde Barcelona, el viaje hasta Taradell es de alrededor de 55 minutos por la carretera C-17. Por su parte, desde Girona el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 5 minutos por la vía C-25.
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