
En medio del valle del río Llobregat, en un paisaje marcado por la montaña de Queralt, se ubica uno de los pueblos más especiales de Barcelona. Esta localidad sorprende al viajero gracias a su precioso casco histórico, pero sobre todo por su entorno natural, pues se enclava en el Prepirineo catalán. Es por ello que Berga se ha convertido en una escapada ideal cerca de Barcelona y disfrutar de todos sus encantos.
La localidad es la capital de la comarca de el Berguedà, la más septentrional de Barcelona. Esta situación, justo en el Prepirineo, le ha dado el nombre de la ‘puerta de entrada a los Pirineos’ y no es para menos, ya que a pocos kilómetros el viajero puede disfrutar de todas las maravillas de este sistema montañoso. Pero no solo sus paisajes cautivan al visitante, pues la localidad atesora un patrimonio histórico y monumental que es visible en cada rincón. Por no hablar de su gastronomía y fiestas culturales como la Patum, la cual ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Una dilatada historia

Aunque los orígenes de Berga no están del todo claros, los restos hallados indican presencia humana ya en el Epipaleolítico, hace unos 8.000 años. Algunos estudiosos identifican la zona con un antiguo castro de origen íbero romanizado, situando así a Berga en la ruta de diversos pueblos a lo largo de los siglos. Hacia el año 715, la villa fue dominada por los musulmanes, que mantuvieron el control hasta finales del siglo VIII. No obstante, el documento más antiguo que la menciona es del siglo X, periodo en que dependía del condado de Barcelona.
Durante el siglo XI, los condes locales Wifredo II y Bernardo Guillermo ejercieron el señorío de Berga, pero en 1117 el condado se integró definitivamente en Barcelona. A partir del siglo XII destacó el castillo de la villa, alcanzando gran prominencia. En 1309 Berga quedó bajo dominio real durante el reinado de Jaime II, aunque en 1381 volvió temporalmente a manos feudales bajo el conde Mateu de Foix. En el siglo XIV, la peste causó graves estragos en la villa, que ya contaba entonces con murallas defensivas, y durante la guerra civil catalana del siglo XV, la localidad apoyó a la Generalitat.
Más adelante, sufrió los ataques hugonotes en 1581 y estuvo bajo control francés durante la guerra dels Segadors en 1655; ese año, una mina francesa destruyó la iglesia de la fortaleza. En la guerra de Sucesión, Berga apoyó al duque de Anjou. Su cercanía a Francia influyó durante la guerra de la Independencia y en las guerras carlistas, cuando se construyó la Torre Petita en 1836 y el general Espartero logró tomar la ciudad en 1840. Tras otras crisis como la epidemia de cólera en 1854 y los asedios carlistas, el Gobierno entregó en 1877 a Berga el título de ciudad por la fidelidad de sus liberales.
Un paseo por Berga

La mejor forma de descubrir Berga es a través de sus calles. Un paseo por ellas permite conocer todos sus secretos gracias su rico patrimonio, el cual está dominado por el castillo de Sant Ferrán. Este se ubica en el punto más alto de la villa y tiene su origen en el siglo XII. En este momento se estableció un núcleo urbano alrededor de la fortaleza, la cual fue transformada y ampliada considerablemente, con nuevas murallas y elementos defensivos. Hoy en día, el castillo es la sede del Consell Comarcal, y su interior no se puede visitar, pero desde el exterior se puede ver una vista excepcional del entramado de calles de la ciudad.
A su vez, el Portal de Santa Magdalena es la única de las siete entradas originales que se conservan en la ciudad. Por su parte de las murallas del siglo XIV levantadas durante el reinado de Pedro III quedan solo algunos restos que se mezclan con la del siglo XVIII. A estos atractivos hay que sumar un sin fin de plazas como la plaza de Cataluña, donde se ubica un conjunto de relieves esculpidos en piedra que representan la historia de la comunidad. A su vez, la en la plaza del Forn, se realizan diversas actividades comerciales y de artesanía, y en la plaza de Sant Pere se ubica la iglesia barroca de Santa Eulàlia que data del año 1671.
Tampoco hay que olvidarse del convento de San Francesc del siglo XIV y fuera de la localidad destacan la célebre iglesia de San Quirce, en Pedret, de finales del siglo X y reformada; y el santuario de Santa María, que construido en el siglo XVIII se incrusta en lo alto de la montaña de Queralt a unos 1200 metros de altitud. Actualmente, es posible subir a través de un funicular hasta la cima, la cual brinda unas maravillosas vistas de las sierras de la comarca y del embalse de la Baells, junto a la localidad. De hecho, este enclave es conocido como el ‘balcón de Cataluña’.
Una fiesta de renombre mundial

Más allá de su rico patrimonio, Berga destaca por albergar una de las fiestas más singulares de Barcelona: La Patum. Esta celebración tiene un gran arraigo popular y sus raíces se sitúan en las festividades medievales asociadas a las procesiones del Corpus Christi. Cada año, durante la semana de Corpus —entre finales de mayo y junio—, el municipio catalán, se transforma en un escenario donde desfiles de figuras y representaciones teatrales toman las calles. Este festejo, que ha evolucionado desde sus orígenes en la Edad Media, fusiona elementos religiosos y profanos, manteniendo vivas las tradiciones que marcan la identidad local de la zona.
El inicio de La Patum se señala con una reunión extraordinaria del Consejo Municipal y la salida del Tabal, un gran tambor emblemático de la festividad, junto con los Quatre Fuets, elementos que marcan oficialmente el comienzo de las celebraciones. Durante los días siguientes, las calles de Berga acogen diversas manifestaciones, siendo las más destacadas las «pasadas»: la Patum de Lucimiento, la Patum Infantil y la Patum Completa.
En estos eventos, personajes y figuras tradicionales desfilan y animan la ciudad. Entre ellos destacan la Taba (una pandereta), los Cavallets (caballos de cartón), las Maces (demonios armados con mazas y látigos), las Guites (monstruos embistiendo), el águila, los enanos cabezudos, los Plens (diablos de fuego) y gigantes disfrazados de sarracenos. El momento culminante reúne a todos estos personajes en el tradicional baile final, llamado el Tirabol, que pone el broche festivo a la celebración.
Cómo llegar
Desde Barcelona, el viaje es de alrededor de 1 hora y 20 minutos por la carretera C-16 (hay peajes). Por su parte, desde Girona el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 30 minutos por las vías C-25 y C-62.
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