
Es fácil que el turismo pierda un poco de gracia. Las ubicaciones más emblemáticas - y, como consecuencia de esto, turísticas - del mundo acaban, por pura repetición, masificación de personas y exceso de protagonismo (eso de tanta foto y tanto cartel), quedándose un poco “quemadas”. Al final, cuando uno se planta delante de la torre Eiffel y mira hacia arriba, le genera tanto entusiasmo como el cartel de tónica Schweppes de la Gran Vía de Madrid: ninguno. Y la foto, de postureo, por poder decir que se ha estado allí. Y es que si de Francia - por ejemplo - lo que se ha visto es aquella torre y poco más, en realidad no se ha visto Francia, y uno vuelve a casa decepcionado.
La mejor manera de evitar que el turismo se convierta en un acto transaccional con uno mismo, de decir, “voy, lo veo, y vuelvo”, es alejarse, de ser posible, de la ruta habitual de los guías. Un poco de investigación basta para encontrar lugares especiales y curiosos, desconocidas joyas ocultas que, en realidad, dicen mucho más de la cultura y la historia - real, humana - de una región que un edificio institucional o una pieza de arte que, si bien puede ser admirable, está ya tan vista que (según quién) no tiene apenas interés. Y, con suerte, lo mismo uno acaba en “el barrio más surrealista” que ha visto en su vida.

Gypsy Hill, “el barrio más surrealista que habrás visto en tu vida”
“Este es el barrio más surrealista que habrás visto en tu vida. A mí me dejó muy loca”, promete Stéphanie, una mujer francesa que ha vivido “muchos años en España” - según asegura en su blog, Hormigas por el mundo -, y que comparte, a través de redes sociales (@hormigas_x_elmundo), todas sus excursiones y viajes por una gran variedad de destinos.
La creadora de contenido se encuentra actualmente un viaje en coche por Europa, “con calma y sin fecha de vuelta”, pasando por diversidad de ubicaciones, tanto por países más turísticos - como Turquía, Rumanía, Grecia - como por algunos que suelen pasar desapercibidos, como Transnistria, un pequeño Estado de la Europa Oriental ubicado entre el río Dniéstery y la frontera este de Moldavia con Ucrania que cuenta con un reconocimiento limitado (solo Abjasia, otro país con reconocimiento limitado y considerado parte de Georgia por la mayoría de estados; y Osetia del Sur, otro estado cuya independencia no es ampliamente reconocida).
En una de sus publicaciones recientes, Stéphanie visita Gypsy Hill - que se traduce en “Colina Gitana” - un barrio de Moldavia ubicado en la localidad de Soroca, en la frontera con Ucrania. ¿La peculiaridad de este barrio? “Tiene un montón de casas que imitan edificios icónicos de todo el mundo”. Una imita el Teatro Bolshoi (un histórico teatro de ópera de Moscú, inaugurado en el año 1825), otra, el Palacio de las Cortes de Madrid, y otra el Capitolio estadounidense, por mencionar algunas. Según describe la creadora de contenido y blogger, son “un montón de casas extravagantes construidas por miembros de la comunidad romaní”. “Casas recargadas con columnas, escaleras externas o tejados metálicos brillantes”.
A pesar de la opulencia de las edificaciones, que son, según Stéphanie, “una muestra de estatus, una forma de demostrar que les va bien y que han triunfado”, en “muchas de ellas” no vive nadie, y simplemente están ahí, con su peculiar grandeza. Stéphanie advierte, para cualquier curioso que esté pensando ya en dedicar su próximo viaje a Gypsy Hill: “Ojo, que no es un barrio preparado para el turismo”, lo cual no quiere decir que no se pueda - o deba - visitar, sino que, en el mejor de los casos, se podrá dar un paseo por el barrio para apreciar la curiosa elección arquitectónica que supone construirse una casa que parece una ópera. Que tampoco está nada mal. “Aquí no hay señales explicativas ni tiendas de souvenirs”, explica, pero no por ello es menos digno de una visita: “Es un barrio que no te dejará indiferente”.
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