En el corazón de la Reserva de la Biosfera de les Terres de l’Ebre, entre los parques naturales del Delta del Ebre y dels Ports, emerge Tortosa como una de las ciudades con más carácter del sur de Tarragona. Su localización privilegiada, regada por las aguas del río Ebro, y su vasto patrimonio cultural la convierten en un destino perfecto para quienes buscan naturaleza, arte y arquitectura.
Designada Capital de la Cultura Catalana en 2021, es conocida también como la ‘ciudad del Renacimiento’, gracias al conjunto de monumentos que conserva y al legado histórico que recorre sus calles. Pero no solo eso, pues es además el pueblo más grande de Tarragona gracias a sus 219,13 kilómetros cuadrados de superficie.
Un pasado reflejado en sus muros

Los orígenes de Tortosa se remontan a tiempos íberos, aunque fueron los romanos quienes consolidaron el primer núcleo urbano. Sin embargo, fue en la época medieval cuando la ciudad adquirió un papel estratégico y defensivo en el levante peninsular. Durante la dominación musulmana, se conocía como Turtusha, y tras la Reconquista se integró en la Corona de Aragón como un importante bastión. Ese pasado se refleja en la arquitectura, donde destacan monumentos como el castillo de la Zuda, hoy convertido en Parador de Turismo, que corona la ciudad y ofrece unas vistas privilegiadas.
A su alrededor se extiende un sistema defensivo formado por murallas y fortificaciones como el fortín de Tenasses, las estructuras del Sitjar o los fortines de Orleans, así como tramos de muralla del siglo XIV. La historia más reciente también ha dejado cicatrices visibles: durante la Guerra Civil, Tortosa fue bombardeada intensamente, y todavía se puede visitar un refugio antiaéreo que rememora el miedo vivido por la población. En la vecina Terra Alta, los espacios de la Batalla del Ebro permiten entender la magnitud del conflicto que sacudió la zona.
Un paseo por siglos de historia

La catedral de Santa María, erigida en el siglo XIV, es uno de los emblemas de la ciudad. Su interior gótico contrasta con una imponente fachada barroca, y en su interior se encuentra una exposición permanente que reúne nueve siglos de arte, códices históricos y la sillería del coro del siglo XVI. Muy cerca, las calles empedradas de la judería recuerdan la convivencia histórica entre judíos, musulmanes y cristianos que caracterizó a la ciudad durante siglos.
El paseo urbano cambia de tono en el barrio modernista, construido entre finales del siglo XIX y principios del XX. Allí destacan edificios como el Museo de Tortosa, ubicado en el antiguo Matadero, el Mercado Municipal y las casas del ensanche, como las Grego, Brunet, Bau o Matheu, con fachadas amplias y grandes ventanales que retratan la evolución urbana de la ciudad. Sin embargo, Tortosa vivió su momento de mayor relevancia cultural durante el siglo XVII, cuando se convirtió en el epicentro artístico del Renacimiento catalán. Aunque este estilo tuvo escasa presencia en Cataluña, en esta ciudad dejó una huella profunda.
Prueba de ello es el conjunto de los Reales Colegios, único en su género, compuesto por el Colegio de San Jaime y San Matías, el Colegio de San Jorge y Santo Domingo, y la iglesia de Santo Domingo, sede actual de una exposición permanente sobre la Ciudad y la Fiesta del Renacimiento. Cada mes de julio, Tortosa revive ese legado con el Festival del Renacimiento, una recreación histórica que transforma la ciudad en un escenario del siglo XVII. Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, reúne a vecinos y visitantes en desfiles, mercados, música y actividades temáticas que celebran la riqueza patrimonial de la ciudad.
Navegar el Ebro, el alma de la ciudad

Ninguna visita a Tortosa está completa sin un paseo por el río Ebro, que atraviesa la ciudad y ha definido su crecimiento desde tiempos antiguos. Escogido como uno de los Siete Tesoros del Patrimonio Cultural de la ciudad en 2021, el río puede recorrerse en embarcaciones como el laúd Lo Sirgador, que ofrece rutas regulares de una hora con salida desde el embarcadero, junto al mercado modernista.
Durante el trayecto se descubren rincones como la Illa de la Xiquina, rodeada de bosque de ribera, o la Illa dels Bous, donde todavía habitan toros salvajes. Algunas rutas, más extensas, incluyen música en directo o catas de vino, convirtiendo el paseo en una experiencia sensorial que une paisaje, cultura y gastronomía. Desde el agua, Tortosa se revela como una ciudad que ha sabido mirar al pasado sin dejar de abrazar el presente.
Cómo llegar
Desde Tarragona, el viaje es de alrededor de 1 hora y 5 minutos por la carretera AP-7. Por su parte, desde Barcelona el trayecto tiene una duración estimada de 2 horas y 10 minutos por la misma carretera.
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