
Burgos, tierra de historia y batallas, conserva en su geografía un impresionante legado arquitectónico a través de sus castillos. Estas fortalezas, que en su día fueron testigos de conflictos, alianzas y la evolución del Reino de Castilla, siguen en pie como vestigios de un pasado de esplendor y resistencia. Algunos se encuentran en ruinas, mientras que otros han sido restaurados y adaptados para el turismo, pero todos mantienen su esencia medieval. En este recorrido, exploramos cinco de los castillos más impresionantes de la provincia, cada uno con una historia única que los convierte en emblemas de la región.
Castillo de Frías
Considerado uno de los castillos más pintorescos de España, el castillo de Frías se alza sobre un promontorio rocoso en la localidad homónima, una de las villas medievales mejor conservadas de Burgos. Su estructura data del siglo X, aunque fue reformada en los siglos posteriores. Su privilegiada ubicación le confiere una apariencia imponente, con su torre del homenaje desafiando el vacío.
Durante la Edad Media, sirvió como bastión defensivo en la frontera entre los reinos de Castilla y Navarra. A lo largo de los siglos, ha sido ampliado y modificado, conservando elementos de diferentes épocas. Actualmente, se pueden recorrer sus estancias y pasadizos, además de disfrutar de una vista panorámica del valle de Tobalina y del río Ebro, que serpentea a sus pies.
Castillo de Peñaranda de Duero

Esta fortaleza del siglo X es un ejemplo característico de la arquitectura militar medieval. Situado en el municipio de Peñaranda de Duero, se distingue por su recinto amurallado y su torre del homenaje, que sigue en buen estado de conservación. Originalmente, su función era proteger la frontera entre los reinos cristianos y musulmanes, lo que lo convirtió en escenario de múltiples enfrentamientos.
Durante los siglos XIV y XV, la fortaleza fue ampliada y reforzada con nuevos elementos defensivos. En la actualidad, el castillo se puede visitar y ofrece una perspectiva inigualable del casco histórico de la villa, además de contar con exposiciones sobre la historia de la localidad y las guerras medievales en la península.
Castillo de Burgos
Ubicado en la capital provincial, el castillo de Burgos domina la ciudad desde el cerro de San Miguel. Construido en el siglo IX durante la repoblación cristiana, fue una pieza clave en la defensa del Reino de Castilla. A lo largo de su historia, ha sufrido diversas destrucciones, especialmente durante la Guerra de la Independencia, cuando fue volado por las tropas napoleónicas.
En el siglo XIX, cayó en desuso y quedó en ruinas. Hoy, sus restos ofrecen una vista panorámica de la ciudad y albergan un centro de interpretación donde los visitantes pueden conocer su evolución arquitectónica y las funciones que desempeñó a lo largo de los siglos. Además, cuenta con un sistema de galerías subterráneas que fueron utilizadas como almacenes y refugios durante los asedios.
Castillo de Poza de la Sal

Enclavado en lo alto de un peñasco, el castillo de Poza de la Sal es una fortaleza de origen medieval que dominaba uno de los enclaves estratégicos más importantes de la región, gracias a la riqueza de sus salinas. Su construcción data del siglo IX y fue reformado en varias ocasiones, especialmente durante los siglos XIV y XV.
Su función principal era proteger las rutas comerciales de la zona y garantizar el control de la producción salinera, un recurso vital en la época. Aunque en la actualidad solo se conservan algunos restos de su estructura, su posición sigue impresionando a quienes lo visitan, ofreciendo unas vistas espectaculares del entorno. Además, alberga paneles informativos sobre la historia del castillo y su importancia en la economía medieval.
Castillo de Medina de Pomar
Conocido como el Alcázar de los Condestables, este castillo es una de las fortalezas mejor conservadas de la provincia. Construido en el siglo XIV por la familia Fernández de Velasco, se erige como una de las principales muestras del poder nobiliario en Castilla. Su estructura imponente, con dos torres gemelas y un recinto amurallado, fue diseñada tanto para la defensa como para la residencia de la nobleza.
A lo largo de su historia, ha sido testigo de diversos conflictos bélicos y cambios de propiedad. En la actualidad, alberga el Museo Histórico de Las Merindades, donde se pueden conocer los detalles de la historia local, las costumbres de la época y la evolución arquitectónica de la fortaleza. Sus estancias y patios interiores permiten a los visitantes imaginar la vida en la Castilla medieval
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