Tres errores que disparan la factura de la calefacción: cuidado con la distribución de tus muebles y tus ventanas

La temperatura recomendada para sentirse cómodo en el interior de una vivienda ronda los 20-22 grados

Un radiador blanco fijado a la pared bajo una repisa con plantas y un libro, con un gato que duerme en el suelo de madera.
Un radiador blanco permanece instalado bajo una ventana en una sala de estar donde descansa un gato en el suelo. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Ya llega el frío y debes saber que, si subes el termostato al máximo para que la casa se caliente más rápido, estás cometiendo uno de los errores más comunes que cometen los usuarios de calefacción en invierno. Y también uno de los que más encarece la factura energética. Según un análisis de Daikin, fabricante japonés de sistemas de climatización, pequeños descuidos cotidianos —desde la temperatura mal ajustada hasta muebles que bloquean los radiadores— pueden disparar el consumo eléctrico o de gas sin que el hogar llegue a sentirse realmente más cálido.

El primer error tiene que ver con una creencia extendida: que programar el termostato a 30 grados, en un día de frío intenso, calienta la vivienda antes. En realidad, el sistema trabaja más tiempo a máxima potencia para alcanzar esa temperatura, lo que se traduce en un gasto energético mayor sin ninguna ganancia real de confort.

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La temperatura recomendada para sentirse cómodo en el interior de una vivienda ronda los 20-22 grados, de acuerdo con los parámetros habituales de eficiencia energética. Superar ese rango no mejora la sensación térmica de forma proporcional, pero sí incrementa el consumo de forma notable, sobre todo en sistemas que deben esforzarse para sostener temperaturas elevadas durante períodos prolongados.

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Cada tipo de instalación responde de manera distinta. Los radiadores calientan con rapidez, mientras que el suelo radiante tarda más en reaccionar, pero mantiene el calor de forma uniforme. Los equipos de aerotermia, por su parte, ofrecen el consumo más bajo cuando su potencia se ajusta correctamente al tamaño de la vivienda. Conocer estas diferencias ayuda a evitar exigencias innecesarias al sistema.

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Los muebles pegados a los radiadores frenan el calor

El segundo error afecta directamente a la circulación del aire caliente dentro de la vivienda. Un sofá, una cómoda o cualquier mueble voluminoso ubicado frente a un radiador bloquea la difusión del calor hacia el resto de la habitación. El equipo sigue consumiendo la misma energía, pero gran parte de ese calor queda atrapado detrás del mobiliario en lugar de repartirse por el ambiente.

La recomendación es simple: dejar un espacio libre alrededor de cada radiador para que el aire circule sin obstáculos. Esto permite que la temperatura se distribuya de forma más pareja y reduce la necesidad de mantener el sistema encendido durante más tiempo para compensar la pérdida de eficiencia.

Ventanas, puertas y una ventilación mal hecha

El tercer error combina dos descuidos frecuentes: las fugas de aire por ventanas y puertas, y una ventilación excesiva. Las corrientes de aire que se filtran por marcos mal sellados obligan al sistema de calefacción a compensar constantemente la pérdida de temperatura, lo que incrementa el gasto de forma sostenida.

Una mujer de perfil pulsa un termostato digital en la pared que marca 21 grados junto a un radiador blanco y un gran ventanal.
Una mujer ajusta el termostato digital de un salón a 21 grados centígrados junto a un radiador durante una jornada fría de invierno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Revisar el estado de burletes y selladores, así como incorporar cortinas gruesas, son medidas de bajo costo que ayudan a retener el calor dentro de la vivienda. A esto se suma el hábito de abrir todas las ventanas durante media hora para ventilar, una práctica que enfría por completo el ambiente y obliga a recalentar la casa desde cero. La alternativa recomendada es abrir solo una o dos ventanas entre 5 y 10 minutos, preferentemente al mediodía o en las horas de mayor temperatura exterior, un gesto suficiente para renovar el aire sin perder el calor acumulado.

El impacto va más allá de la factura

Estos tres descuidos no solo elevan el gasto mensual en calefacción. También aumentan las emisiones de dióxido de carbono asociadas al consumo energético, en particular cuando la vivienda no utiliza fuentes renovables. Ajustar el termostato a una temperatura razonable, liberar el espacio alrededor de los radiadores y sellar las fugas de aire son cambios sencillos que, sumados, reducen tanto el costo económico como la huella ambiental del hogar durante los meses de invierno.

Programar horarios de encendido y apagado del sistema, de forma que funcione poco antes de la llegada a casa y se detenga antes de dormir, completa el conjunto de hábitos que permiten mantener un ambiente cálido sin comprometer mucho el presupuesto familiar.

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