Penélope Cruz brilla en el Festival de San Sebastián con ‘La invitación’: una película tan juguetona como profunda sobre los intercambios de pareja

Olivia Wilde adapta ‘Sentimental’, de Cesc Gay, que protagoniza junto a la intérprete española, Seth Rogen y Edward Norton

Tráiler de la película 'La invitación.' dirigida por Olivia Wilde.
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Era una de las ‘premières’ más esperadas en territorio español después de convertirse en un auténtico éxito en los Estados Unidos y se acaba de estrenar en el Festival de San Sebastián: el ‘remake’ norteamericano de la película Sentimental, de Cesc Gay, dirigida por Olivia Wilde y encabezada por un cuarteto de lujo en el que encontramos a la propia autora, a Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton.

Se han hecho muchísimas adaptaciones en todos los países imaginables de la obra de teatro original del autor catalán, pero esta sea quizás la que se quede incrustada en el imaginario popular por su capacidad para ampliar el original autóctono sobre un par de matrimonios enfrentados a una propuesta de intercambio de parejas que abre la puerta a una serie de frustraciones afectivas y al deseo femenino.

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El filme tuvo su ‘première’ el 25 de enero de 2026 en el Festival de Sundance, donde recibió una ovación en pie y desencadenó una puja que A24 cerró por 12 millones de dólares. La adquisición colocó a la producción entre los títulos más comentados del certamen y entre las posibles aspirantes a la temporada de premios.

Un hombre de mediana edad con cabello castaño y una mujer rubia con cabello corto ondulado, ambos con ropa oscura, posan en un interior con un cuadro y una ventana
Edward Norton y Penélope Cruz posan juntos en una escena de la película 'La invitación', ambientada en un interior doméstico.

La película se rodó en 35 mm y cuenta con música de Dev Hynes, vestuario de Arianne Phillips, montaje de Yorgos Mavropsaridis y fotografía de Adam Newport-Berra. Todos esos elementos acompañan una puesta en escena encerrada en un único piso, lo que conlleva una tensión subrepticia a través del ‘huis clos’, o espacio cerrado.

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De qué va ‘La invitación’

El punto de partida es una cena en San Francisco. Joe, interpretado por Seth Rogen, y Angela, a quien da vida Wilde, reciben en casa a sus vecinos Hawk y Pina, encarnados por Edward Norton y Penélope Cruz; la velada acaba derivando hacia la confesión de que estos practican sexo en grupo y la invitación a participar en un encuentro a cuatro.

El guion de Rashida Jones y Will McCormack mantiene el dispositivo dramático de la obra de Gay: una reunión doméstica en la que la falsa cordialidad se erosiona hasta revelar resentimientos, deseos y frustraciones. La película se abre con una cita de Oscar Wilde: “Uno debería estar siempre enamorado. Esa es la razón por la que nunca debería casarse”.

Olivia Wilde y Seth Rogen en 'La Invitatión'
Olivia Wilde y Seth Rogen en 'La Invitatión'

Joe es profesor de música y arrastra el fracaso de su etapa como músico de indie rock, que terminó tras un solo disco y un éxito menor. Vive en el piso que heredó de sus padres y su rutina amarga llega a las clases en la escuela donde enseña.

Angela estudió arte, aunque no continuó esa vocación, salvo en el modo en que ha decorado y reformado la vivienda. La cena expone su ansiedad y su necesidad de control: ha comprado una alfombra nueva, al menos seis clases de queso y prepara un suflé, mientras Joe regresa sin haber llevado vino cosa que, por supuesto, le recriminará.

Todos esos detalles constituirán el mecanismo de las discusiones de la pareja. Un pepinillo cogido del aperitivo, la alfombra, la bicicleta mal plegada, la ausencia de vino o la duda sobre si Angela avisó de la visita bastan para activar una sucesión de reproches cotidianos.

La hija de ambos, de 12 años, no está en casa porque ha acudido a una fiesta de pijamas. Esa ausencia permite que la cena con los vecinos se prolongue sin interrupciones y que el conflicto verbal entre los anfitriones se convierta en el centro de la noche.

Esta imagen, difundida por A24, muestra —de izquierda a derecha— a Olivia Wilde, Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton en una escena de "The Invite". (A24 via AP)
Esta imagen, difundida por A24, muestra —de izquierda a derecha— a Olivia Wilde, Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton en una escena de "The Invite". (A24 via AP)

Hawk es un bombero retirado y Pina, una psicoterapeuta y sexóloga nacida en España. Joe y Angela los conocen antes de tratarlos: el ruido de su actividad sexual ha causado tensiones entre ellos, porque él quiere quejarse y ella evita plantear el asunto.

La confesión de los vecinos no funciona solo como un recurso cómico. En realidad, la propuesta sexual funciona como una exploración del deseo, la soledad, la posibilidad y el desgaste de las relaciones, sin reducirla a un chiste ni resolverla de forma sencilla.

La directora separa después a las dos parejas y vuelve a reunirlas para alterar las posiciones iniciales. Angela encuentra una afinidad inesperada con Hawk a partir de su interés común por las alfombras, mientras Joe rebaja su desconcierto junto a Pina.

Miserias a ritmo de ‘screwball comedy’

Pero, lo importante, es cómo Olivia Wilde maneja los elementos para componer una comedia tan ligera como profunda alrededor de los miedos e inseguridades contemporáneos a ritmo de ‘screwball comedy’ en el que brillan unos diálogos en boca de unos actores entre los que se produce un maravilloso juego a cuatro bandas en el que la palabra y el gesto adquieren una importancia fundamental.

Un hombre y una mujer de cabello rubio sentados en un interior. Él lleva barba y ella flequillo. Ambos visten ropa oscura y sostienen pequeños vasos
Edward Norton y Penélope Cruz aparecen en una escena del largometraje 'La invitación'.

Así, la incomodidad y la extrañeza atraviesan un encuentro marcado por los malentendidos, medidos y controlados. A medida que avanza la trama, quedarán expuestas las miserias de los personajes y el papel del sexo como detonante de sus conflictos, aunque no quede nunca claro si es lo más importante.

La invitación es una película tan juguetona como profunda, que alterna momentos hilarantes y tristes, con un ritmo dinámico y una ejecución precisa y que examina con agudeza las relaciones de pareja.

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