
Con sus papeles legendarios y una carrera que abarca décadas, Sylvester Stallone es una de las mayores estrellas vivas de Hollywood. Su nombre, ligado a personajes como Rocky Balboa y John Rambo, figura entre los más conocidos de la industria, si bien su vida no siempre estuvo marcada por la fama y la fortuna y esconde una de las mayores historias de superación de la industria.
Mucho antes de conquistar al público mundial, Stallone sobrevivía casi sin recursos en Nueva York, luchando por mantenerse a flote. El joven había abandonado sus estudios en la Universidad de Miami y había viajado a la metrópolis para convertirse en actor. Sin embargo, no dejaba de acumular rechazo tras rechazo, entre otros motivos por su ligera parálisis facial al hablar (fruto de un problema durante el parto).
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Por ello, fue una época de pobreza extrema: “Tenía dos pares de pantalones que apenas me quedaban, zapatos con huecos y mis sueños de ser exitoso estaban tan lejanos como el sol”, recordaba el mismo en 2017 en un mensaje escrito en redes sociales. Ese texto, no obstante, no fue para hablar de lo dura que fue su situación, sino para reconocer el papel fundamental que jugó su acompañante durante aquella etapa: Butkus, un cachorro de bullmastiff que adoptó y que se convirtió en su mayor apoyo. “Mi mejor amigo, mi confidente, que siempre se reía de mis bromas, ¡y era el único ser vivo que me quería por lo que era!”.

Una decisión desgarradora en tiempos de desesperación
Era 1975 y la precariedad en la que vivía Sylvester Stallone alcanzó su punto más crítico: desahuciado de su apartamento, se vio sin dinero para alimentarse él mismo o alimentar a su mascota. Una situación por la que decidió vender a Butkus por 40 dólares a un hombre llamado Little Jimmy frente a una tienda de licores. “Me fui de allí llorando, sintiendo que había tocado fondo”, reconocía el actor en el mensaje, donde también recuerda cómo ambos tenían hambre y vivían en un albergue encima de una parada de metro.
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Sin embargo, sería poco después cuando su vida daría un giro de 180 grados. Para combatir el aislamiento y la frustración mientras vivía en condiciones deplorables, Stallone comenzó a frecuentar bibliotecas públicas. Fue allí, entre libros, donde se dio cuenta de que la mejor manera de tomar el control de su carrera y acabar con los rechazos era tomar el control de sus propias historias, tal y como hicieron otras figuras como Charles Chaplin u Orson Welles. Fue así como, al poco tiempo de separarse de Butkus, Stallone vio por televisión el combate entre Muhammad Ali y Chuck Wepner y decidió escribir un guion sobre la historia de un boxeador.
En apenas tres días, el guion de Rocky estaba escrito y muy pronto tanto sus agentes como los productores de los estudios de Los Ángeles vieron el potencial que tenía la historia. Le llegaron a ofrecer más de 300.000 dólares por su texto, pero Stallone, a pesar de que su mujer (se había casado un año antes) estaba embarazada de su primer hijo, tenía clara su mayor prioridad: “Nunca me lo perdonaría a mí mismo si la película se convierte en un éxito con otro actor”. Finalmente, acabaría logrando un acuerdo por 35.000 dólares que le permitía ser el boxeador, para una película que tendría un presupuesto de un millón de dólares.
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El reencuentro con Butkus
Lo primero que hizo Sylvester Stallone tras firmar el contrato fue ir a recuperar a Butkus. Pasó días aguardando fuera de la tienda de licores hasta dar con Little Jimmy, e inició unas negociaciones que no fueron nada sencillas. “El nuevo propietario sabía que estaba desesperado y me cobró 15.000 dólares... ¡Valió cada centavo!”, recordaba el actor. La anécdota también dejó una promesa cumplida: para lograr recuperar a su amigo, Stallone ofreció a Little Jimmy un pequeño papel en la película: ser un vecino que cruza unas palabras con Rocky en la calle.
La vida de Stallone cambió radicalmente tras el éxito de Rocky. El filme tampoco tenía fondos para un perro actor, así que Butkus interpretó al fiel compañero de Rocky Balboa en pantalla (con el nombre de Butkus Stallone en los créditos). El animal también acompañó a Stallone durante buena parte de la promoción de la película, que cosecharía un éxito inmediato, superando los 225 millones de dólares de recaudación y siendo nominada a diez premios Oscar, de los cuales ganó tres (incluyendo Mejor película).
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Butkus volvió a aparecer en Rocky II (1979), consolidando su lugar como emblema de la saga y del propio Stallone. Dos años más tarde, falleció dejando una huella imborrable en el actor, quien reconoció que fue su “coescritor de la vida” durante los años más duros. Stallone se consolidó como actor, guionista y director, mientras que Butkus quedó inmortalizado en la cultura popular. La lealtad y el sacrificio que compartieron siguen siendo un ejemplo para muchos y, también, parte de la historia del cine.
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