
Corre estos días por el Museo Reina Sofía una gran inquietud que llega hasta el País Vasco. Desde que el lehendakari Imanol Pradales alzase la voz para pedir el traslado del Guernica, el icónico cuadro de Pablo Picasso, se han sucedido las declaraciones cruzadas y demás polémicas. Pero faltaba por conocer la opinión de quien realmente conoce mejor el cuadro: los restauradores. En muchas ocasiones, los considerados como “doctores” del arte han salido al paso para proteger la integridad de la obra por encima de cualquier interés político.
“Por un lado restauramos aquello que está deteriorado u oscurecido por el tiempo, lo volvemos a un estado lo más cercano posible al original. Pero también cuidamos de la obra en todos esos transportes”, comienza explicando María Antonia López de Asiaín, restauradora del Museo Nacional del Prado, quien habla con Infobae tras desatarse la polémica en torno al cuadro de Picasso. “El Guernica no está preparado para viajar. Ni debería viajar si quiere conservarse bien, porque es una obra muy grande, con mucho deterioro por el tiempo. Cuando se trajo del MoMA enrollado, tenía una serie de fisuras verticales, un craquelado que está fijo, que está estable, pero que no te admite el traslado”, zanja de primeras la experta, que coincide de pleno con el informe elaborado desde el propio Museo Reina Sofía, que desaconseja rotundamente el traslado del cuadro.
Pero, ¿por qué entraña tanto riesgo este movimiento que sugieren desde el País Vasco para celebrar el 90º aniversario del bombardeo de Guernica?

“Los restauradores revisamos la obra y emitimos un informe de conservación. Y decimos: esta obra sí puede viajar o esta obra no puede viajar. Pero si las condiciones de conservación de la obra sí se pueden apañar o hacer una buena restauración, el cuadro está estable y no corre riesgo, lo aprobamos. En el caso del Guernica, es que no se debe apañar. No es que no se pueda, es que no se debe”, recalca la restauradora del Prado, en el cual estuvo el Guernica durante más de 11 años antes de su traslado definitivo al Reina Sofía.
Un traslado que, a pesar de la escasa distancia, ya tenía gran dificultad. “En aquel momento, la empresa de transportes hizo como un camión, como que el suelo entre las ruedas bajaba... Porque no dan la altura, los camiones, punto. De obra de arte tiene tres metros de altura. Y este cuadro no cabe. En la anterior ocasión que se pidió, diseñaron hasta un viaje en carreteras que tuviera los puentes de suficiente altura para poder llevarlo, porque claro, no es una medida estándar de camión”.
El deterioro del Guernica y las razones para su no traslado
El informe facilitado por el Museo Reina Sofía explica con lujo de detalles por qué se niega al traslado. “Los estudios con luz visible han hecho posible apreciar las diferentes alteraciones que ha sufrido la obra. Respecto al soporte, vemos que el perímetro de la tela presenta un gran número de alteraciones causadas por los múltiples clavados y desclavados del bastidor a los que el lienzo fue sometido a lo largo de su historia. El bastidor original carecía de cuñas intencionalmente, por lo que exigía aplicar fuertes tensiones durante el montaje, tensiones acentuadas por el hecho de ser un lienzo de grandes proporciones”, detalla el estudio publicado hace tan solo unas semanas, que también habla de “alteraciones tales como grietas, craquelados y microfisuras atribuidas mayoritariamente a las tensiones provocadas por los numerosos enrollados, traslados y manipulaciones durante sus años de itinerancia”.
El deterioro y el inmenso tamaño del Guernica (776,6 cm × 349,3 cm) son dos de los aspectos en los que López de Asiaín coincide con el Reina Sofía. “Una obra, en lienzo de tan gran tamaño, cuando la mueves, hace como vela, como un barco. El Guernica está muy deteriorado porque es de gran tamaño y precisamente se puede proteger peor porque es de gran tamaño. Entonces, está muy deteriorado... El enrollado causa una serie de fisuras verticales o de craquelados”, confirma la restauradora, quien por otro lado no es ajena a los intereses políticos que hay detrás de este hipotético movimiento. “Es la machada de decir: ‘Yo me traje el Guernica y el Guernica es nuestro’. Es un poco eso, la cuestión política”.
A pesar de todo, la restauradora defiende vías alternativas al traslado del Guernica para poder celebrar ese aniversario sin poner en riesgo el cuadro. “Hay que diferenciar la obra del mensaje. Es decir, esa obra de arte tiene valor para nosotros, para el Reina Sofía, para los restauradores y para los historiadores del arte. Y para el País Vasco la tiene como mensaje. Entonces, realmente piensas, ¿es lo mismo tener la obra de arte en realidad, que puede sufrir, que puede tener un detrimento? Porque para nosotros es un símbolo de nuestra Guerra Civil, de España, de todo, que no tenemos ningún derecho a deteriorar. No te digo que viaje un póster, pero se pueden hacer realidades 3D, cosas diferentes, muy buenas y con el mismo mensaje", defiende la experta.
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