
La escritora Samanta Schweblin acaba de ser galardonada con el primer Premio Aena de Narrativa dotado con un millón de euros por su novela El buen mal (Seix Barral), una colección de seis relatos que explora el extrañamiento en lo cotidiano y las nuevas dimensiones de la incomunicación, la culpa y el nihilismo en el entorno en el que vivimos.
Sin embargo, la autora, ya era una de las voces más célebres de la literatura hispanoamericana, especialmente por su exploración de la maternidad y la amenaza ecológica en entornos rurales gracias a trabajos como Kentukis y, sobre todo, su primera novela Distancia de rescate.
Esta obra narraba el diálogo febril entre una madre joven y un niño en un contexto donde lo real y lo fantástico, la vida y la muerte, se entrelazaban en un espacio dominado por el peligro inminente. Esta historia fue llevada al cine por la directora Claudia Llosa, que trasladó al lenguaje audiovisual la atmósfera de la novela y planteó en imágenes la pregunta central: ¿en qué momento se rompe para siempre esa distancia de rescate entre madres e hijos?
El tiempo y la distancia que calcula una madre
El concepto de “distancia de rescate” (definido en la novela como la distancia variable que separa a una madre de su hija y que calcula constantemente en función del tiempo necesario para salvarla ante cualquier peligro) se erige como eje de la trama y motivó la adaptación cinematográfica realizada por la directora y que fue presentada en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián de 2021.

En la novela, la protagonista Amanda (interpreta en la película por María Valverde) vive obsesionada con esa medida intangible, aunque siempre admite arriesgar más de lo prudente, y acaba enfrentando el hecho de que ni el control más exhaustivo puede proteger completamente frente a los peligros insospechados del entorno.
Claudia Llosa declaró durante la presentación de la película que el material original exploraba dimensiones personales y colectivas, “como la complejidad de lo femenino, la maternidad o la exploración del universo mágico”. Explicó su interés por la aparición de la paranoia, el envenenamiento y la transmisión de riesgos a los hijos, así como la dificultad de cuidarse como madre y como miembro de una comunidad global. La directora, conocida por títulos como Madeinusa y La teta asustada, también planteó: “La pregunta que recorre el relato es, ¿en qué momento ocurre la desgracia?, ¿en qué momento se ha roto la distancia de rescate con el planeta?, ¿cuándo empieza la cuenta atrás?”.

Llosa subrayó su visión: lo que le interesaba era esa suerte de envenenamiento inminente en nosotros, en nosotras, en el mundo, y toda esa herencia maldita que se traspasa a nuestros hijos, cómo nos cuidamos como individuos y como miembros de una comunidad global.
El término “distancia de rescate” recorre la narrativa de Schweblin como representación del vínculo físico y emocional entre Amanda y su hija Nina. La autora sitúa a sus personajes en el campo argentino y utiliza uno de los motivos clásicos de la literatura de terror: la naturaleza, que de escenario idílico pasa pronto a convertirse en territorio hostil.

Amanda, junto a su hija pequeña, pasa unos días en una casa alquilada hasta que el contacto con los vecinos, Carla (en la película Dolores Fonzi) y su hijo David, deriva en una cadena de intoxicaciones y mutaciones cuya raíz se halla en los residuos de los monocultivos de soja y los efectos de los pesticidas.
Entre la realidad y lo fantástico
En la estructura narrativa, la novela prescinde de narrador tradicional y se desarrolla a través de un diálogo entre Amanda y David, un niño que, tras sufrir una intoxicación y someterse a un ritual de transmigración, habla con voz adulta, lo que guía la reconstrucción del pasado. El diálogo tiene lugar en la sala de emergencias y avanza mediante saltos temporales para señalar el momento en que la toxicidad del entorno atraviesa a los personajes.
Schweblin emplea la elipsis y la ambigüedad, obliga a los lectores a distinguir lo verdaderamente importante en medio de lo accesorio y plantea la maternidad frente a amenazas insospechadas, donde la vigilancia más constante no es suficiente ante los peligros ambientales que no pueden controlarse.

Se contraponen dos modelos de maternidad: Carla, la madre que pierde a su hijo en sentido físico y espiritual después de la intoxicación y el rito de transmigración, y Amanda, que vigila obsesivamente a Nina aunque, como señala la novela, “el peligro está en el aire que respiramos, en el agua que bebemos o en la tierra que pisamos”. Esto plantea la imposibilidad de ejercer una protección absoluta en un entorno envenenado, pregunta que atraviesa tanto la novela como la película.
Gradualmente, la conversación entre Amanda y David expone la existencia de una catástrofe ecológica de magnitud. El texto describe cómo, desde la década de 1990, la expansión de la soja y el uso de agroquímicos en Argentina han generado alteraciones en la salud de la población rural, especialmente en los niños. “Algunos ya nacieron envenenados, por algo que sus madres aspiraron en el aire, por algo que comieron o tocaron. Muy pocos nacen sanos y la mayoría tiene deformaciones: no tienen pestañas, ni cejas, la piel es colorada y escamosa también”.

Schweblin registra deformidades en niños y animales, que los familiares apenas pueden atender, y retrata la naturaleza en un estado de profunda degradación.
El desenlace de la novela se precipita cuando Amanda recuerda que tanto ella como Nina quedaron expuestas a uno de los bidones derramados con productos tóxicos. Nina sobrevive después de atravesar el mismo ritual de transmigración que Carla realizó a David. En el punto culminante, Amanda acepta la muerte y el corte del lazo con su hija, mientras el personaje de David actúa como guía hacia el otro lado.
La imagen final del hilo (la distancia de rescate convertida en mecha, a punto de encenderse) cierra una trama marcada por la devastación ecológica, las pérdidas y la transmisión del daño ambiental a las generaciones futuras.
Distancia de rescate ha cosechado numerosos reconocimientos, como el Premio Tigre Juan y el Premio Shirley Jackson en la categoría de novela corta, y fue finalista del International Booker Prize tras su traducción al inglés.
Además, el diario El País la incluyó entre los cien mejores libros del siglo XXI. La versión cinematográfica dirigida por Claudia Llosa (’coescrita’ junto a Schweblin) se estrenó en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y en la plataforma Netflix, donde ocupó la primera posición en el ranking oficial de películas más vistas en Estados Unidos.
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