‘Oxford Circus’, el premiado poemario de Gerardo Rodríguez sobre las identidades ‘queer’: “La poesía es mucho más que hablar de amor o de las hojas que caen”

A través de la ruptura y reinvención del lenguaje y el rescate de genealogías invisibilizadas, el escritor plantea una fiesta para todos aquellos “desplazados” por la sociedad y las narrativas hegemónicas

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Gerardo Rodríguez, autor de 'Oxford
Gerardo Rodríguez, autor de 'Oxford Circus'. (Fotografía de Juanmi García)

Escribir es prender una luz en la oscura celda donde permanecemos encerrados. Su razón de ser, como decía Chantal Maillard, viene de “alguien que olvidó gritar” y de ese “espacio blanco” que ahora lo habita. Con esta idea dialoga Gerardo Rodríguez en su poemario Oxford Circus (Visor), donde escribir, también, es trazar un cerco “con sangre nómada”, rasgar la luna, mirar atrás, resistir una tormenta o “mirar fijamente los ojos del horror”. “Escribir”, reza el poeta granadino en su vodevil de versos, “urdir la gran mentira, sobrevivir”.

Así lo expresa el poeta granadino en el inicio de un poemario que, además de situarse tras su lanzamiento entre los más vendidos de España, ha sido reconocido con distinciones como el Premio de Poesía Marpoética o la condición de finalista del Premio Andalucía de la Crítica, el galardón literario más importante de la comunidad autónoma, aún sin resolver. “Escribir es ese homenaje que hacemos al acto de vivir”, nos comenta pocos días después de la nominación. “Nos permite crear espacio y conocimiento para los márgenes, como una especie de imaginación radical que te permite dialogar con la realidad y, al mismo tiempo, plantear alternativas que permiten reflexionar y no perder la esperanza”.

Así, Oxford Circus es, en palabras de Sara Torres, encargada de firmar el prólogo de la obra, un “mundo invertido” en el que se celebran al mismo tiempo la belleza y la singularidad de lo apartado, de esas “flores raras” que durante mucho tiempo, por no ajustarse al molde, hemos condenado a lo monstruoso. Cada poema, cada canción, es parte de una “fiesta clandestina” en la que lo habitualmente etiquetado como queer gana fuerza a través del reconocimiento y, también, de la provocación. “He querido darle protagonismo a todas esas identidades desplazadas”, explica Gerardo Rodríguez, “para las que me parecía que la metáfora del circo daba suficiente juego por su condición de nómada, de muración continua... Era una imagen muy clara de lo que simbolizan todas estas identidades que no son fijas: el circo permite divertirte y desconectar y luego desaparece”.

Gerardo Rodríguez, autor de 'Oxford
Gerardo Rodríguez, autor de 'Oxford Circus'. (Joaquín Puga)

Recuperar las “desapariciones” del canon

A través de los poemas, surgidos entre teatros de sombras y burlescos artificios, se nos invita a formar parte del espectáculo, a mimetizarnos con él y convertirnos, acaso, en un juego más con el lenguaje. En textos como Silencio, serán los símbolos más propios de un teclado de ordenador que de un soneto los que nos hagan sentir conectados con la sociedad de redes; en Rotos, las columnas de versos harán que se quebranten las palabras para que, des-significadas, creen palabras alternativas y demuestren el “potencial que tiene el lenguaje para construirnos como identidad”.

Sin embargo, para constituirnos no solo hace falta reinventar el cómo nos expresamos, sino conocer desde dónde, quién lo hizo antes que nosotros. Gerardo Rodríguez explica, en este sentido, que su trabajo como profesor de literatura en la Universidad de Granada ha estado en constante contacto con las “desapariciones” del canon literario, es decir, con todas estas escritoras y personas del colectivo queer cuyo legado ha tratado de ser borrado. “Me parecía muy importante crear una especie de pasado activo que tuviera impacto en el presente. Fue un pasado violento e invisibilizado, pero en vez de recrearnos en el drama, utilizar el legado queer para dar visibilidad y conformar una gran fiesta de la diversidad, donde nadie está excluido”.

En esa fiesta final, el tejido social se diluye hasta convertirse en un “puzle líquido” donde los que ostentaban antes la hegemonía, aquellas identidades sólidas, son ahora las que deben preocuparse por encajar. “No es una revancha”, señala el poeta, “es una gran asertividad donde no hay limitaciones identitarias, donde las máscaras se agrietan y se va mostrando, poco a poco, la vulnerabilidad que hay detrás de todas las identidades”. Por ello, el circo es la única utopía: “Supone un espacio en el que cada uno es libre de performar como quiera. Esa es la belleza: nadie juzga este teatro”.

Cubierta de 'Oxford Circus'. (Visor
Cubierta de 'Oxford Circus'. (Visor Poesía)

“Se apodera algo de ti, pero lo tienes que pulir”

La diversidad formal y temática de Oxford Circus no eclipsa tampoco su belleza ni su intensidad emocional. Por ello, quizás, Gerardo Rodríguez confiesa que ha sido uno de los procesos creativos “más fuertes” por los que ha pasado. La razón se encuentra en la voz única que articula todos los poemas: “Es esa especie de niño-adulto que menciona también Sara Torres”, aclara, “una voz que podría identificarse conmigo, pero que va mucho más allá de mi propia experiencia, y que supone hacer las paces con una infancia y una adolescencia queer, en el sentido más amplio de todo el colectivo, el de esos niños raritos que no podían expresar ni sus deseos ni quiénes sentían ser”.

De esa voz única al colectivo, el “precio emocional” fue cada vez más alto y conllevó también un trabajo de distanciamiento: escribiendo y reescribiendo borradores, haciendo que el resultado final sea muy distinto de lo que había en un primer momento. “Necesitas tomar esa distancia con respecto al tema para que no estés simplemente volcando un determinado trauma”, argumenta Gerardo Rodríguez. “Lo primero que hago con todos mis proyectos es dejar que me atraviesen todas las emociones, para luego llegar a un punto en el que hay que tener un poco la cabeza más fría para construir”.

El resultado de todo este proceso, también del paso de los años, ha sido lograr alcanzar esa voz colectiva capaz de trasladar un mensaje ético y político, a la vez que estético. “Como decía Julio Prieto, la poesía es esa especie de garro en la lengua que te hace escuchar el dolor del mundo”, resalta el autor de Oxford Circus. “La combinación de un cierto mimo formal, ritmo e imágenes hace que acabe surgiendo una intuición en la que te dejas llevar. Casi se apodera de ti algo y de repente va saliendo algo que tienes que pulir”. El equilibrio entre lo racional e irracional es la génesis de cada poema, y también la puerta de entrada para el lector y su vinculación a la experiencia.

Borges recita su poema 'Everness'.

Reescribir todas las narrativas

Este modo de trabajar implica un posicionamiento literario concreto. Y es que, para Gerardo Rodríguez, “la poesía también es ficción”. “Cuando escribo siento que quiero aportar algo, una experiencia poética”, continúa. En ese sentido, cada uno de sus proyectos hasta ahora ha versado sobre temas muy distintos entre sí. Hijas de un sueño, su primera colección de relatos abordaba la experiencia rural y, en concreto, la figura de las mujeres en los pueblos, mientras que su estreno en la poesía con Anacronía fue una exploración del duelo por la muerte de su hermano. “Cada uno de mis trabajos tiene un alma diferente, y los vivo como experimentos nuevos en los que veo a dónde me lleva la curiosidad”. La intensidad, a medida que se suceden los libros, también va creciendo, pero van apareciendo también ejes transversales, como las imágenes religiosas o los mitos clásicos.

La tradición personal de la que parte como poeta Gerardo Rodríguez no queda aparte de su búsqueda de la experiencia poética. “Es importante, desde cualquier perspectiva de la disidencia (el feminismo, el colectivo LGTBI, etcétera), reescribir todas esas narrativas que han estado estigmatizando determinadas identidades”. Reescribir, también, el cuerpo, atravesado también por narrativas que van más allá de lo meramente sensorial. “La escritura se enfoca tanto en lo que se ve como en lo que no se ve”, analiza, “por eso, y porque es también una forma de ver realidades alternativas: hay elementos abyectos, las cosas se descolocan, los sentidos se conectan y todo acaba mezclado”.

De este modo, Oxford Circus se erige como celebración, también, del “brutal potencial de la poesía” para jugar con lo visual, lo lingüístico y lo identitario, todo a una. “La gente muchas veces tiene la imagen de la poesía como si fuera solo de amor o de esas hojas que van cayendo de los árboles, pero es muchísimo más. Ese puzle líquido que mencionaba antes se aplica muy bien a cómo se construye”, alude el escritor granadino. “Es esa fluidez, también la otorgada por el hecho de no ser un género tan mayoritario como la novela, lo que da cabida a todas las identidades”.

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