Qué quería decir Platón al afirmar: “El exceso de libertad conduce al exceso de esclavitud”

El filósofo griego explicó en ‘La República’ por qué los límites son siempre necesarios en una sociedad, una idea que recogieron más adelante otros pensadores como John Stuart Mill o Rousseau

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Figura de la estatua de
Figura de la estatua de Platón.

De todas las figuras que nos ha legado la historia de la filosofía, sin duda la de Platón es una de las más destacadas. El filósofo griego, que vivió en Atenas en el siglo IV a. C. y fue alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles, dejó como legado una ingente corriente de pensamiento en el que se formulaban por primera vez preguntas sobre a qué nos referimos exactamente cuando utilizamos palabras como verdad, Estado, justicia o libertad.

Es a través de varios de estos conceptos donde surge uno de sus libros más famosos: La República, un diálogo en el que a través de la figura de Sócrates discute qué significa que una sociedad sea justa y cómo se debería organizar una sociedad a nivel político. Así, en esta obra Platón no solo imagina un “Estado ideal”, sino que también describe la evolución de las formas de organización social, desde la aristocracia a la tiranía.

Es en este marco donde se inserta una de las reflexiones platónicas más conocidas sobre el efecto de la libertad en la política: “El exceso de libertad conduce al exceso de esclavitud”. Con estas palabras, Platón no apoya ningún régimen autoritario ni niega la importancia de la libertad, pero sí señala una paradoja que él observa en muchos gobiernos: cuando la democracia vive una libertad sin frenos, cuando cada persona hace lo que quiere sin respeto por las leyes ni por la comunidad, ese mismo exceso puede degenerar en caos y ser aprovechado por los líderes más demagogos.

Evitar los extremos para evitar sus contrarios

Platón sitúa la libertad desenfrenada en un sistema democrático (al estilo ateniense, diferente del actual) que ha olvidado la moderación y la educación de sus ciudadanos. Esto puede llevar a una situación en que las leyes pierden su fuerza, las pasiones se desaten y el respeto por la autoridad se disuelvan. De este modo, el carácter seductor de la libertad es precisamente lo que acaba por provocar el desorden que conduce a la aparición de un nuevo tirano. “Todo exceso en el obrar”, advierte Platón, “no trae otra cosa que el exceso contrario”.

En otras palabras, para Platón la libertad sin límites no se sostiene por sí sola: necesita marcos compartidos de convivencia, normas, educación y responsabilidad. El filósofo griego opinaba que si se perdía el respeto por las reglas comunes, la sociedad podía quedar cada vez más fragmentada y que, frente a la crisis que esto supondría, acabar cediendo su control absoluto a figuras “fuertes” capaces de restablecer el orden, aunque fuera excesivo.

Otros filósofos llegaron a la misma conclusión que Platón

Estemos de acuerdo o no con este punto de vista, lo cierto es que esta intuición platónica no ha desaparecido con el paso de los siglos. Otros grandes nombres de la filosofía política han entrado en el debate del difícil equilibrio entre la libertad individual y el orden social, como John Stuart Mill (uno de los padres del liberalismo clásico), que aseguraba aquello de que “la única finalidad por la que la humanidad puede ejercer poder sobre cualquier miembro de una sociedad es la autoprotección”.

Algo curioso es que tanto Platón como Stuart Mill advertirían de un fenómeno quizá menos pensado, el de la “tiranía de la mayoría”, un modelo de sociedad en el que los impulsos y las pasiones pueden acabar siendo contraproducentes. Frente a esto, el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau señalaría que la “libertad natural” del ser humano se transforma en “libertad civil” al vivir en sociedad, un cambio que debe tenerse en cuenta para entender por qué ser libre no es siempre vivir sin ninguna restricción.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

Por todo esto, la frase de Platón nos invita a pensar la libertad no como un ítem absoluto, sino como algo que siempre existe dentro de un contexto social y político. La libertad es valiosa, pero sin normas, educación y solidaridad puede perderse o convertirse en excusa para dinámicas que acaben conduciendo a un nuevo modo de servidumbre. Un asunto que sigue siendo relevante a día de hoy, ya que cada vez que debatimos sobre derechos, límites, justicia o democracia, seguimos confrontando la tensión entre la libertad individual y las condiciones que hacen posible una convivencia auténticamente libre.