‘Ciudad sin sueño’, la película que nos introduce en la Cañada Real para derribar los muros de la discriminación a través de la empatía

El director Guillermo Galoe culmina un proyecto de seis años en los que ha establecido lazos con la comunidad del asentamiento

Guardar
Tráiler de 'Ciudad sin sueño', que se estrena después de pasar por la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes y que se ubica en la Cañada Real.

El trabajo que ha hecho Guillermo Galoe desde que comenzó a retratar la situación y la vida en la Cañada Real es uno de esos proyectos que dan de por sí sentido a toda una carrera.

En 2023, estrenó el cortometraje documental Aunque es de noche, galardonado con el Goya, una pieza rodada en la propia Cañada Real con actores naturales que sirvió para visibilizar los graves problemas derivados de la falta de recursos y los cortes de luz que afectan a los habitantes del asentamiento. El propio director ya explicó a Infobae España, en su momento, que ese trabajo fue siempre el germen de una obra mayor, que ahora se materializa en Ciudad sin sueño. Ha tardado seis años en materializar este proyecto, que fue seleccionado para participar en la Semana de la Crítica en el pasado Festival de Cannes. Ha sido un largo camino para dar luz a esta película, a partir de la que ha establecido lazos inquebrantables con esa comunidad.

La historia sigue a un joven de 13 años que afronta la inminente llegada de una orden de desalojo de su hogar. En este contexto de desaparición, tanto física como casi existencial, el joven también descubre que su mejor amigo está a punto de abandonar la Cañada para marcharse a otro lugar.

Cartel de la película 'Ciudad
Cartel de la película 'Ciudad sin sueño', de Guillermo Galoe. (BTEAM PICTURES)

El planteamiento narrativo, similar al del cortometraje original, se centra en la mirada de dos preadolescentes, alejándose de los adultos para mostrar una perspectiva menos contaminada por la tristeza o el cinismo dentro de ese entorno lastrado por la marginalidad.

-Pregunta: ¿Cómo ha sido materializar por fin un proyecto en el que has invertido tantos años?

-Respuesta: El plan, desde el principio, era hacer esta película. Pero nos dimos cuenta de que era un proyecto que necesitaba un tiempo, un poso y que se fuera cocinando a fuego lento. Al final, resultó que lo importante era básicamente estar en la Cañada Real a través del cine. Y así surgieron los talleres para niños y adolescentes, llegó el cortometraje, que se convirtió en un proceso de prueba y experimentación. Ha sido un continuo camino de aprendizaje.

-P: ¿Cómo fue el paso del corto al largometraje dentro de ese contexto?

-R: Fuimos adaptándonos a las circunstancias del entorno. Por ejemplo, la casa en la que al principio rodamos fue derruida en un breve espacio de tiempo. Así que fuimos amoldándonos al propio proceso natural de cambio.

-P: Quería que me hablaras sobre la dicotomía entre la vida en esa comunidad de la Cañada Real y los ‘realojos’.

-R: La cuestión era establecer un diálogo entre el pasado y el futuro a través del espacio físico que, de alguna manera, también puede ser mental. El abuelo del joven protagonista intenta preservar su forma de vida y se aferra a ella, mientras que hay una corriente distinta a su pensamiento en sus hijos. Y es algo que tiene que ver, en el fondo, con la pérdida de identidad y eso, inevitablemente, genera un vacío.

El cine contra la discriminación

-P: En realidad, la película también habla sobre lo que significa la libertad y acomodarse a los condicionamientos de la sociedad y del sistema.

-R: La película está atravesada por esa idea en torno a la libertad para ponerla en cuestión. Se trataba de hablar de ello a través del caso concreto de la Cañada Real y de intentar convertirlo en un espacio metafórico dentro de su contexto sociopolítico porque, en realidad, se trata de algo universal. Son cuestiones de discriminación humana, así que la película quería derribar esos muros de la alteridad para poder empatizar con ella. Ya está bien de definir a las personas por su etnia o clase social.

La Cañada Real y la
La Cañada Real y la película 'Ciudad sin sueño'.

-P: De hecho, es un tema que se encuentra dentro del debate social después de los continuos disturbios racistas que tienen lugar en nuestro país.

-R: Yo creo que todos deberíamos estar muy asustados con este tema. Se siguen legitimando los discursos de odio que desde hace décadas han causado tanto daño a la sociedad. Y todas esas heridas siguen sangrando en el mundo. Para mí hay un aspecto crucial, y es que la Tierra no es de nadie. El ser humano se ha desarrollado a través del nomadismo y creo que es algo que nos enriquece.

-P: Desde el principio da la sensación de que este proyecto estaba vinculado a ‘desestigmatizar’ a la comunidad de la Cañada Real de los prejuicios.

-R: Nunca he querido caer en el moralismo. La idea del bien y el mal me parece pretenciosa. Sobre todo porque estas personas se encuentran totalmente al margen de todo. Es una película que se posiciona desde el amor y la ternura como una forma de resistencia. Porque son personas que siempre han estado asociadas a la criminalidad y que no ocupan narrativas desde el punto de vista humano.

Tampoco era cuestión de idealizar o de ‘romantizar’, pero sí de reivindicar a personas que están en los márgenes de la sociedad y a las que se les condena por ello. Por supuesto, hay droga, pero también hay gente que trabaja con la chatarra, hay electricistas, albañiles o mecánicos. Cuando hablaba con los vecinos, me decían que tenían miedo precisamente de que la película hablara de las cosas malas y no de las buenas. Ellos están acostumbrados a que los medios de comunicación solo muestren la parte más oscura y sensacionalista, y por eso tienden a esconderse.

Guillermo Galoe mientras dirige 'Ciudad
Guillermo Galoe mientras dirige 'Ciudad sin sueño'. (Bteam Pictures)

-P: Supongo que el proceso de acercamiento a la comunidad fue una parte esencial de todo el proyecto.

-R: Es que ha sido una película hecha junto a la comunidad. Ese era el planteamiento. Tú llegas, te informas, filmas y te vas. Es lo que suele pasar. Pero cuando estableces vínculos, cuando la comunidad está delante y detrás de la cámara, es otra cosa. Hemos creado muchos puestos de trabajo, y han sido ellos mismos los que han formado parte del equipo. Y también estaba la idea de que estos lugares nunca han tenido acceso a la cultura, y hemos trabajado para crear asociaciones para que tuvieran acceso al cine. Y se ha establecido una relación muy bonita colaborativa fruto del esfuerzo colectivo.

-P: Después de tantos años, ¿con qué te quedas?

-R: Para mí esta película ha sido un proceso vital. Creo que lo más bonito ha sido ver cómo íbamos creciendo juntos a lo largo del proyecto. Sobre todo, lo que quedan son los vínculos. Es gente que me ha regalado sus vidas, sus rostros, sus historias y sus experiencias para que yo los pusiera en una película. Es muy gordo eso.