
Éric Rohmer, Jacques Rivette, Claude Chabrol, François Truffaut y Jean-Luc Godard. Esos fueron los directores que se iniciaron en la crítica cinematográfica a través de la ‘disruptora’ revista Cahiers du Cinema y que terminaron revolucionando el arte de las imágenes con sus propuestas que, al igual que sus textos, intentaron ir en contra del orden establecido, es decir, romper con las estructuras rancias y componer una nueva era en la que experimentar con el lenguaje del cine suponía ir más allá de los cánones.
A un joven Richard Lincklater le impresionó este espíritu a contracorriente. Ahora, el director de obras icónicas como la trilogía Antes del amanecer o Boyhood se embarca en la tarea de homenajear este momento cinéfilo histórico decisivo en el que Jean-Luc Godard dirigió la que se convertiría en una de las puntas de lanza del movimiento al que se conocería como Nouvelle Vague.
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Por supuesto, hablamos de Al final de la escapada, rodada en 1959 de una forma, como no podía ser de otra manera, poco ortodoxa.
De eso va esta película, de cómo Jean-Luc Godard rodó en apenas 20 días una de las obras más icónicas del cine contemporáneo sin que nadie a su alrededor creyera en lo que estaba haciendo.
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Qué significó ‘Al final de la escapada’
¿Cómo fue la gestación de esa ópera prima que desafió y transformó radicalmente la forma de concebir y de rodar las películas?
Al final de la escapada y la Nouvelle Vague supusieron un antes y un después a la hora de concebir el lenguaje cinematográfico. En aquel rodaje, tal y como describe Linklater, nada fue convencional: se contó con una estrella como Jean Seberg que acababa de rodar con Otto Preminger Buenos días, tristeza y con un intérprete ‘amateur’ llamado Jean-Paul Belmodo.
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Godard no tenía un guion, improvisaba en cada momento, pero parecía controlar y sabía lo que quería. Eso sí, a nivel de producción, todo fue un desastre repleto de anécdotas míticas.

¿Podríamos definir Nouvelle Vague con un anecdotario cinéfilo? Sin duda. De hecho, toda la película se circunscribe a intentar radiografiar ese momento fundamental (y fundacional) dentro de la cinefilia contemporánea.
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“Mi primer acercamiento a la Nouvelle Vague fue con Al final de la escapada“, cuenta Richard Linklater a Infobae España. “Me gustó, era ‘cool’, pero no la entendí del todo hasta que la volví a ver unos meses después. Ahora sí que la conozco bien, después de haberla visto veinticinco veces y de hacer una película sobre ella”, confesó. Para él, la película de Godard representa un “accidente feliz” y una forma poco convencional de hacer cine.
Godard: el genio repelente
La visión de Godard, como persona y personaje, que ofrece Nouvelle Vague, no se aleja del estereotipo del director huraño y misterioso que siempre lo ha caracterizado, lanzando toda una serie de sentencias que terminan por convertirse en un recurso cómico. “El cine es una cuestión moral”, “La cámara es un bolígrafo, pero es imbécil”, “La auténtica libertad es la lógica”, “La realidad no tiene raccord’. El número de frases sentenciosas en la película, no tiene límite en esta película, hasta el punto de resultar ridículo, aunque en todo tenga razón.
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Para que nadie se pierda, cada vez que un personaje aparezca en la pantalla se indicará su nombre. Allá cada uno con su pericia cinéfila.
En cualquier caso, la película explora las tensiones y dinámicas del rodaje, como las disputas entre Godard y el productor Beauregard, o el difícil vínculo con Jean Seberg, quien fue probablemente la integrante del equipo que más llegó a detestar al director, especialmente por su costumbre de hablar por encima de las tomas y hacerle repetir líneas, algo inaceptable para una estrella de Hollywood acostumbrada a otros métodos de trabajo.
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Si algo caracteriza a Nouvelle Vague es ser a la vez desmitificadora e inspiradora, ambiciosa y poco pretenciosa, mitómana y liberadora. Desde su primera secuencia, irradia un profundo amor por el cine y ofrece una visión tierna y compleja de los personajes y las relaciones que definieron ese espacio temporal y a sus integrantes.
En el plano político y social, Linklater manifestó su preocupación por la situación de la libertad de expresión en Estados Unidos.“Trump es una amenaza para todos. Además, no entiende las películas, no creo que haya visto muchas”, dijo en la entrevista para Infobae España.
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