
La Sección Oficial del Festival de Cannes no suele albergar primeras películas, y mucho menos de mujeres. Sin embargo, en la edición de 2024 fue elegida para participar en la competición Diamante en bruto, la ópera prima de Agathe Riendinger.
La película se basaba en un cortometraje previo titulado J’attends Jupiter en el que una joven era seleccionada para participar en un concurso de telerrealidad.
Esa es también la premisa de Diamante en bruto cuya protagonista se llama Liane (el increíble descubrimiento de la también debutante Malou Khebizi) y vive en los suburbios con la esperanza de conseguir una vida mejor a través de su imagen en las redes sociales, con las que está obsesionada.
La violencia de la ‘telerrealidad’
“Siempre me había extrañado que nadie denunciara, a través de una ficción, los ‘reality shows’, porque me parecen una forma de violencia que se ha naturalizado en nuestra sociedad“, cuenta la directora a Infobae España.
Sin embargo, la propia Riendinger reconocía que era un tema peliagudo a la hora de abordar, porque se trata de formatos que se menosprecia culturalmente, al mismo tiempo que se consumen de forma masiva a nivel popular.
En ese contexto, ella quería centrarse en la figura femenina, en cómo las chicas concursantes se convertían en un objeto pero, al mismo tiempo, ellas se sentían ‘empoderadas’ a través de sus cuerpos, en la mayor parte de los casos, operados.

“Hay un menosprecio total hacia esas candidatas pero, al mismo tiempo, ellas son capaces de revertir el proceso y utilizar su cuerpo como arma para obtener lo que ellas quieren”, continúa la directora. “Me interesaba cómo ellas eran capaces de dar la vuelta a la tortilla con respecto a la visión patriarcal. Muchos de esas jóvenes utilizan esos programas como una especie de revancha contra la sociedad que las ha metido en el agujero en el que están“.
La cultura de las apariencias y el éxito inmediato
La protagonista de Diamante en bruto es una joven marcada por la obsesión con la cultura de las apariencias y el éxito inmediato que promueven las plataformas digitales.
Su vida gira en torno a la búsqueda de seguidores, con la esperanza de convertirse en ‘influencer’ y acceder a campañas o reality shows que premian una imagen 'hipersexualizada’ y alejada de la realidad.
Esta aspiración, sin embargo, responde a una necesidad de evasión: Liane se ha construido una máscara, recurriendo a la cirugía estética y al maquillaje extremo para ocultar sus inseguridades y frustraciones.
El abandono materno y la responsabilidad sobre su hermana menor han dejado una huella profunda en su carácter, sumiéndola en un entorno hostil donde nadie se ha ocupado de ella.
“Tenemos que ofrecer a las nuevas generaciones otros cuentos de hadas, cambiar la mitología, porque los tradicionales trasmitían mensajes muy peligrosos, como eso de que cualquier chica pobre podía convertirse en princesa. Pero, al mismo tiempo, las redes sociales y la telerrealidad contribuyen a distorsionarlo todo”.

Así, el filme plantea una reflexión sobre la falsa representación que impera en la exhibición digital, donde el elemento ‘aspiracional’ prevalece sobre cualquier otra consideración.
La identidad en la era digital
La identidad, en este universo, se diluye hasta configurar una generación vacía que vive a través de las imágenes proyectadas en las redes sociales.
La película sumerge al espectador en la experiencia de Liane casi en primera persona, permitiendo acceder a un ‘angst’ generacional pocas veces retratado con tanta precisión en el cine reciente.
La obra de Riedinger se aproxima, en su tratamiento delicado y sórdido a la vez, al estilo de Andrea Arnold para abordar los conflictos contemporáneos relacionados con el empoderamiento femenino, el deseo y la autoestima, en un contexto donde los modelos de referencia resultan profundamente distorsionados.
“Para mí lo más importante es que la película estuviera anclada en la autenticidad, en todo el sufrimiento que inflige a su cuerpo para llegar a lo que ella quiere ser. Quería una película muy orgánica pero, al mismo tiempo también estaba presente toda la imagen digital en la que todo parece perfecto a través de los filtros. Por eso la idea era conseguir un enfoque que pasara de lo crudo a lo bello para que nos preguntáramos, ¿qué es realmente lo hermoso y, qué es lo feo?"
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