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Hatshepsut, la faraona que estuvo más tiempo en el trono de las Dos Tierras de Egipto y el verdadero motivo por el que destruyeron sus antiguas estatuas

Hasta el momento se creía que el sucesor de la faraona, Tutmosis III, se encargó de destruir las estatuas de su antecesora por venganza. Ahora un último análisis aporta nueva información

¿Por qué se destrozaron las estatuas de la faraona Hatshepsut? ( The Metropolitan Museum of Art, Department of Egyptian Art Archives, M10C 71)
¿Por qué se destrozaron las estatuas de la faraona Hatshepsut? ( The Metropolitan Museum of Art, Department of Egyptian Art Archives, M10C 71)
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Hatshepsut había llegado al poder, durante la XVIII Dinastía. Como reina consorte de Tutmosis II, su medio hermano, asumió el control del trono tras la muerte de este, cuando su hijastro y heredero, Tutmosis III, era aún un niño. Pese a que las normas tradicionales impedían que una mujer ostentara el título de faraón, en 1473 a. C. se autoproclamó como tal, gobernando Egipto durante 22 años.

Los retratos oficiales de Hatshepsut, descubiertos en la década de 1920 en la necrópolis de Deir el-Bahri, cerca de Luxor, en Egipto, mostraban una mezcla de rasgos masculinos y femeninos. Incluso, al ser una de las pocas mujeres que gobernaron el Antiguo Egipto con el título de faraón, algunas de las estatuas que la representaban se diseñaron con atuendos reales típicamente masculinos y hasta con barba postiza, siguiendo las convenciones visuales del poder faraónico. No obstante, lo más llamativo fue la destrucción de numerosas de sus estatuas que hallaron en la necrópolis.

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Desde entonces, casi un siglo, se ha creído que las estatuas de Hatshepsut fueron destruidas por venganza y la imagen de su “rostro destrozado” perduró como símbolo de la supuesta animosidad de su sucesor, Tutmosis III. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Antiquity reinterpreta estos hechos y plantea que la destrucción de su estatuaria respondió a rituales establecidos y no necesariamente a una motivación de odio personal.

Una acción metódica y estratégica: “Se rompieron en puntos débiles específicos”

Dos estatuas de Hatshepsut. La de la izquierda es una representación como reina, mientras que la derecha simula su imagen como el faraón ideal (Museo Metropolitano de Arte, Fondo Rogers, 1929 (29.3.3); Museo Metropolitano de Arte, Fondo Rogers, 1928 (28.3.18))
Dos estatuas de Hatshepsut. La de la izquierda es una representación como reina, mientras que la derecha simula su imagen como el faraón ideal (Museo Metropolitano de Arte, Fondo Rogers, 1929 (29.3.3); Museo Metropolitano de Arte, Fondo Rogers, 1928 (28.3.18))

El estudio liderado por Jun Yi Wong, investigador en egiptología de la Universidad de Toronto, cuestiona la explicación tradicional. Según expone, “si bien el ‘rostro destrozado’ de Hatshepsut ha llegado a dominar la percepción popular, dicha imagen no refleja en toda su extensión el tratamiento que se le dio a su estatuaria”. En realidad, muchas de las esculturas encontradas se hallaban en buen estado: “Muchas de sus estatuas se conservan en relativamente buen estado, con sus rostros prácticamente intactos”.

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El deterioro, según la nueva investigación, respondería en parte a una práctica conocida como “desactivación”. Esta consistía en dañar intencionadamente estatuas para neutralizar su poder simbólico o espiritual tras la muerte del retratado. “Una vez que se eliminan todos estos daños posteriores, se descubre que la destrucción causada por Tutmosis III fue limitada y muy metódica: las estatuas se rompieron en puntos débiles específicos, en consonancia con lo que a menudo se describe como la ‘desactivación’ de las estatuas egipcias”, declaró Wong a Art Newspaper. “Esto es bastante sorprendente, ya que, en lugar de estar impulsada por el odio y la animosidad (como se suponía anteriormente), la destrucción de las estatuas de Hatshepsut parece haber estado motivada por razones pragmáticas y ritualistas”, afirmaba el experto.

Según el estudio, los antiguos egipcios atribuían a las estatuas reales un poder intrínseco. “Los antiguos egipcios creían que las estatuas reales eran ‘poderosas y quizás incluso entidades vivientes’”, explicó Wong a Live Science. De esta manera, para eliminar esa fuerza simbólica, los escultores o destructores de imágenes atacaban las estatuas en puntos estructuralmente débiles como el cuello, la cintura o las rodillas. El objetivo era “neutralizar su poder inherente”, escribe Wong.

Además, el análisis ha señalado que a lo largo del tiempo, algunas de las estatuas también fueron dañadas por personas que intentaban reutilizar sus materiales, por lo que no todo el deterioro puede atribuirse a la época de Tutmosis III. La investigación de Wong incluyó una revisión minuciosa de notas inéditas de las excavaciones realizadas en la década de 1920.

Una “madrastra malvada”

Hatshepsut murió probablemente por causas naturales y fue entonces cuando Tutmosis III asumió plenamente el poder, gobernando durante los siguientes 33 años. Hacia el final de su reinado, ordenó eliminar su nombre de los registros oficiales y destruir algunas de sus representaciones. No obstante, Wong advierte que esta acción debe entenderse en un contexto más amplio.

“A diferencia de los demás gobernantes, Hatshepsut sufrió un programa de persecución, y sus implicaciones políticas más amplias son innegables”, afirma el investigador. Sin embargo, ”cabe una comprensión más matizada de las acciones de Tutmosis III, que quizás estuvieron motivadas por una necesidad ritual más que por una antipatía manifiesta”. Algo que según comentaba en Newsweek se ha mantenido hasta ahora porque “existía la idea estereotipada de que debía ser una especie de ‘madrastra malvada’ de Tutmosis III”. Pero la nueva evidencia sugiere que las motivaciones podrían haber sido más políticas y simbólicas que emocionales.

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