
Después de convertirse en uno de los fenómenos globales más importantes de los últimos tiempos dentro de la era de las plataformas de ‘streaming’, llega el esperado desenlace de El juego del calamar.
Creada por el surcoreano Hwang Dong-hyuk la serie de Netflix nos ofrecía una visión de lo más sádica en torno al capitalismo a través de un juego macabro en el que solo un participante podía salir vivo. Un planteamiento que ha dejado una huella en la televisión contemporánea al utilizar los pasatiempos infantiles como trampas mortales.
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La tercera y última temporada se estrena el viernes 27 de junio de 2025, prometiendo resolver, al menos en apariencia, la historia de supervivencia y crítica social que ha cautivado a millones de espectadores en todo el mundo.
En qué punto se quedó la segunda temporada
La segunda temporada, aunque no alcanzó el estruendo mediático de la primera, logró consolidarse como la serie más vista en Netflix durante la segunda mitad de 2024, a pesar de haberse lanzado solo seis días antes de finalizar el año.
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En ella el personaje central, Seong Gi-hun (interpretado por Lee Jung-jae), regresaba a la maquinaria que casi destruyó su vida, impulsado por el deseo de salvar simbólicamente a la humanidad y destapar el entramado malsano de que la sustentaba la organización.
Su principal antagonista será el enigmático Líder (Lee Byung-hun), quien se infiltrará en el juego bajo la identidad de Oh Young-il, Jugador 001.
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Hwang Dong-hyuk explicó a los medios la evolución de este giro argumental: “En la primera temporada ya había un 001: era Oh Il-nam (O Yeung-su), el creador de los juegos. Nadie sabía quién era realmente, ni Gi-hun ni el público. En la segunda temporada quisimos dar la vuelta a esa idea y que detrás de 001 se escondiera el Líder, algo que Gi-hun no sabría, pero sí el público. Eso creaba una tensión diferente”.

Esta decisión narrativa introduce una nueva capa de complejidad, ya que el espectador se convierte en cómplice de un secreto que el protagonista desconoce, intensificando la tensión dramática.
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Qué esperar del desenlace final
La recta final de la temporada anterior dejó a los espectadores con una imagen imborrable: el Jugador 456 (Gi-hun) urde un plan de rebelión que termina en tragedia, con la ejecución de su mejor amigo Jung-bae (Lee Seo-hwan) a manos de un Líder enmascarado.
En lugar de eliminar también a Gi-hun, el villano lo devuelve a los juegos, donde se convierte en una figura ausente, desprovista de voluntad. Ni siquiera participa en la votación que decide si la edición debe continuar o detenerse.
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Este estado de alienación y desesperanza marca el inicio de la temporada final, situando al protagonista en un punto de quiebre emocional.
El tono sombrío de los nuevos episodios se refleja en las palabras de Lee Jung-jae, quien describe el estado emocional de su personaje: “El protagonista se ha rendido con todo. Le vemos sin ganas de seguir, de vivir, de jugar. Pero incluso en esos días de desconsuelo, consigue encontrar una razón para continuar. Y esa inspiración es la gente que le rodea, los que han viajado con él y sobrevivido a los juegos hasta ese punto. Pueden haberle ridiculizado, pero Gi-hun siempre encuentra el modo de seguir creyendo en la humanidad”.
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Esta reflexión ilustra la profundidad psicológica que la serie ha sabido imprimir a sus personajes, más allá de la violencia explícita de las pruebas.
El viaje de Gi-hun se convierte en una exploración de la resiliencia humana, donde la esperanza y la desesperación se entrelazan en cada decisión.
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Desde la perspectiva de los antagonistas, la complejidad moral también se hace presente. La guardia 011 (Park Gyu-young), antigua soldado y desertora de Corea del Norte, se aferra a su último vestigio de humanidad. Según la actriz, “por eso siempre busca el modo de rematar a los jugadores, para evitarles el sufrimiento de pasar por las operaciones de los guardias corruptos que quieren robarles los órganos”.
Este matiz añade una dimensión ética a la brutalidad del juego, mostrando que incluso entre los verdugos existen dilemas morales.
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Por su parte, Lee Byung-hun aporta matices al retrato del Líder: “Aunque se inventó a un personaje para participar en los juegos, estar cerca de los otros jugadores, sobrevivir a su lado, debió de afectarle profundamente a nivel personal. Creo que cuando mató a Jung-bae lo hizo con los ojos entrecerrados, pero no pudimos verlo porque llevaba la máscara”.
Estas palabras revelan la carga emocional que soportan los personajes, atrapados en una espiral de violencia y culpa.
Entre la confianza, la sospecha y los dilemas morales
El atractivo de El juego del calamar no reside únicamente en la espectacularidad visual de sus pruebas, que retuercen juegos infantiles en desafíos letales, como ocurría con ‘Mingle’, descrito como “un juego cruel en el que tienes que acercarte a gente, unirte a ella, para quizá justo después despreciarla”.
Esta dinámica refleja la tensión constante entre la necesidad de colaboración y la traición, uno de los ejes temáticos de la serie.
La mecánica de los juegos obliga a los participantes a navegar entre la confianza y la sospecha, exponiendo las contradicciones inherentes a la naturaleza humana. En un momento crucial de la temporada final, el Líder lanza una pregunta a Gi-hun: “¿Todavía confías en la gente?”.

El desenlace de la serie ha generado gran expectación. Cuando se le pidió a Hwang Dong-hyuk que resumiera el episodio final en tres palabras, eligió: “Loco, demencial, chalado”.
Lee Jung-jae, por su parte, optó por una descripción más extensa: “adecuado, impredecible, lleno de significado, intrigante y realmente entretenido”.
La última temporada de El juego del calamar no solo promete resolver los destinos de sus personajes, sino también profundizar en los dilemas existenciales que han convertido a la serie en un referente internacional.
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