La reivindicación definitiva de la pintora surrealista más carismática y original: símbolo de libertad y musa de la movida madrileña

El Centro Botín inaugura la mayor exposición en torno a Maruja Mallo, una de las figuras femeninas fundamentales de la Generación del 27

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La pintora Maruja Mallo en
La pintora Maruja Mallo en su taller

Si hubo una mujer arrolladora en su época, dentro de la Generación del 27 y de las vanguardias en nuestro país, esa fue Maruja Mallo. Su espíritu inclasificable e iconoclasta se materializó tanto en su vida como en su obra, convirtiéndose en una adelantada a su tiempo.

Fue amante de Rafael Alberti, amiga de Federico Garcia Lorca, de Pablo Neruda y una de las grandes exponentes del surrealismo pictórico. Su influjo abarcó desde los años 20 a la Movida Madrileña, convirtiéndose en su musa por la libertad que siempre la había caracterizado.

Maruja Mallo en el Reina Sofía y la nueva retrospectiva

Se la ha reivindicado, pero quizás no todo lo que se debería. En el Museo Reina Sofía pueden verse algunas de sus obras, que nos llevan desde La verbena (1927) hasta la serie Viajeros del éter, de los años ochenta, pasando por emblemas feministas como Canto de las espigas (1939). En 2017 se realizó también una importante retrospectiva en la Galería Guillermo de Osma, hasta el momento, la última gran muestra en su honor.

Detalle de “La verbena” de
Detalle de “La verbena” de Maruja Mallo

Ahora, el Centro Botín (en coproducción con el Reina Sofía) acaba de inaugurar la exposición Maruja Mallo: Máscaras y compás. Pinturas y dibujos de 1924 a 1982, que se convierte en la retrospectiva más completa que se ha hecho de la artista hasta la fecha y que estará disponible al público hasta el 14 de septiembre.

Se trata de una muestra comisariado por Patricia Molins y acoge 150 piezas que nos llevan por sus pinturas, sus dibujos y todo tipo de documentación que recorre una obra fascinante, repleta de extrañeza y originalidad ‘disruptiva’.

Republicana, trasgresora y mujer moderna

Nació en 1902 en Viveiro (Lugo) y fue la cuarta de 14 hermanos. Se llamaba Ana María Gómez González, pero adquirió el nombre artístico de Maruja y tomó el apellido de su abuela paterna, Mallo. Desde muy temprana edad se aficionó a la pintura y, con 20 años, después de que su familia se trasladara a Madrid, entrará a estudiar a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En esa época entablaría relación con el ambiente bohemio de la época, con Salvador Dalí, Luis Buñuel, Lorca, Margarita Manso, María Zambrano o Rafael Alberti, con el que mantuvo una relación.

Representó a la mujer emancipada de la época y fue una de las responsables de que, al grupo femenino del momento, se le denominara Las sin sombrero. Fue Ortega y Gasset el que se encargó de realizar su primera exposición en 1928 en los salones de la Revista Occidente, que se convirtió en un acontecimiento cultural.

En 1932 tuvo la ocasión de viajar a París, donde frecuentó los círculos surrealistas que marcarían su estilo. Cuando volvió a España se comprometió firmemente con la República y participó en las Misiones Pedagógicas, además de ejercer como docente. Fue precisamente por su activismo que, al iniciarse la Guerra Civil tuvo que huir del país y exiliarse, primero a Portugal, donde fue acogida por Gabriela Mistral y después a Buenos Aires.

'Canto de las espigas', de
'Canto de las espigas', de Maruja Mallo

No regresaría a España hasta 1962 cuando ya había desarrollado parte de su trabajo en Latinoamérica, empapándose también de su cultura, pero siempre manteniendo a la mujer en el centro de todo, razón por la que se le considera una pionera del arte feminista.

Maruja Mallo introdujo en sus obras tanto las forma de ocio populares como las raíces rurales relacionadas con el trabajo en el mar y en el campo. Su obra se organiza en series que obedecen a su constante evolución, de forma que nos lleva desde los barrios populares de Madrid a los extrarradios, de los parajes exóticos a los espacios proletarios hasta alcanzar la abstracción del cosmos en su última época.

Era una mujer carismática y moderna, transgresora. No sorprende que, por ejemplo, fuera amiga de Andy Warhol y, en sus últimos años se la recuerda con su sempiterno maquillaje extremo, su abrigo de pieles y sus ojos pintados estilo Cleopatra.

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