El pan de muerto mexicano traspasa fronteras en la tradición para honrar a los antepasados

Guardar

José Luis Picón

Málaga, 30 oct (EFE).- El tradicional pan de muerto mexicano traspasa fronteras y también en España es una de las principales especialidades gastronómicas del Día de Muertos, la fiesta con la que en ese país se honra cada año en estas fechas la memoria de los antepasados desaparecidos.

PUBLICIDAD

Su forma circular simboliza el ciclo de la vida y la muerte, su tamaño grande representa la abundancia en tiempos de cosecha y la protuberancia en el centro es un cráneo, mientras que los dos 'huesos' que lo cruzan marcan los cuatro puntos cardinales, explica a EFE Víctor Mendoza, chef del restaurante mexicano Mulita en Málaga.

Se elabora con harina, huevo, ralladura de naranja -o de otros cítricos como pomelo, lima o limón-, azúcar, levadura y vainilla, y actualmente hay muchas variedades y se puede encontrar por ejemplo relleno de crema de cacao.

PUBLICIDAD

También a veces se quema la tortilla de maíz "formando una ceniza, y al final del pan, en lugar de ponerle azúcar blanca, se le pone ceniza que simula la de un muerto".

Sobre los orígenes del pan de muerto, señala que, en la época precolombina, en México "no había llegado la harina de trigo y los panes se hacían de forma muy rústica y rudimentaria, y con la llegada de los colonizadores empezó a haber una fusión de todo".

"Es una fusión de lo que teníamos con lo que los colonizadores nos aportaron, y como resultado tenemos este pan de muerto que muchos me han dicho que se parece al roscón de Reyes, por ese sabor cítrico", apunta Mendoza.

Las celebraciones del Día de Muertos comienzan el 27 de octubre con el recuerdo a las mascotas ya fallecidas, a las que se les pone "el juguete que querían". "Se dice que no podemos maltratar a los perritos, porque al final del día son los que nos van a llevar a la siguiente transición que tenemos".

En las siguientes jornadas se reza "a los niños que no tuvieron nombre"; a las personas "que perdieron sorpresivamente la vida, como los accidentados, que no se prepararon y se quedaron entre el cielo y la tierra, y un día después a las personas que desafortunadamente decidieron no estar con nosotros".

Otra jornada se dedica a las ánimas, "los muertos a los que nadie les reza ya, a los que se les pone un vaso con agua y se les prende alguna vela o incienso para que reconozcan el camino y puedan llegar sin necesidad de que sus seres queridos les recuerden".

En la cultura mixteca se habla del inframundo o Mictlán. "El Mictlán es donde se supone que vamos a llegar un día, mediante muchas etapas, porque morir no es solo quedarse aquí, hay nueve etapas que tenemos que pasar para poder purificarnos y llegar al Mictlán".

Esa transición se hace acompañado de Xoloitzcuintle, el perro azteca sin pelo que, según la tradición, luce unas manchitas con las que se contabilizan "las almas a las que ha ayudado a pasar".

Uno de los elementos más conocidos del Día de Muertos es el altar, donde se colocan fotografías de personas cercanas ya desaparecidas acompañadas de cosas que les gustaban como tequila, cerveza, dulces, fruta o juguetes en el caso de los niños.

En ciudades como Aguascalientes, sus habitantes se visten y se maquillan la cara como La Catrina, el personaje que nos recuerda "que la muerte no perdona ni respeta, y que nos vamos a ir todos".

La tradición asegura además que, cuando alguien se va, "cuanto más lo lloremos de este lado, menos le ayudamos a cruzar, a purificar y a llegar a su destino final".

Todo ello forma parte de una visión de la muerte "diferente, como una transición", con despedidas en las que se pone la música favorita del desaparecido o se ofrece comida a los invitados.

"Igual que hubo fiesta cuando llegamos a este mundo, puede haberla cuando nos vamos. Tenemos que aprender a aceptar, a vivir y a entender que es lo único seguro que tenemos". EFE

(Foto) (Vídeo)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD