Humanismo y artesanía visual: el antídoto Ghibli frente a la IA que atrapa a los creadores

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Sergio Andreu

Barcelona, 18 (EFE).- Studio Ghibli recibirá el día 23 el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, galardón a unos creadores cuyos filmes han revolucionado la animación desde la artesanía visual, gracias a una fantasía desbordante de reglas propias que ha calado en generaciones de artistas y espectadores.

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Fundado en 1985 por los animadores Hayao Miyazaki e Isao Takahata   -autor de las series 'Heidi' y 'Marco' y fallecido en 2018- junto al productor Toshio Suzuki, Studio Ghibli ha realizado desde entonces una veintena de títulos, desde sus primeras joyas, 'El castillo en el cielo' (1986) o 'Mi vecino Totoro (1988), hasta obras maestras como 'Porco Rosso' (1992) y especialmente el clásico instantáneo que fue 'El viaje de Chihiro' (2001).

Para muchos creadores españoles del sector de la animación, el dibujo o la ilustración, los mundos oníricos, casi animistas, de las historias de trasfondo humanista y de respeto por la naturaleza de la casa Ghibli -aparecidas justo cuando el gigante Disney vivía sus horas más bajas, a medidos de los ochenta- fueron un revulsivo y la demostración de que había otra forma de entender la animación, comentan a EFE.

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El realizador Enrique Gato, creador del personaje Tadeo Jones y ganador de seis premios goya por sus cortos y largometrajes, es un devoto del trabajo de Ghibli y de su primer espada, Miyazaki.

"No hay muchas personas a las que podamos llamar maestros, muchas menos a las que nos podamos referir como maestro de maestros. Miyazaki es una de esas figuras que cumple con esa definición. Y ha conseguido ese título de forma global, sin importar si hablamos de Oriente u Occidente. Crea mundos vivos que hacen reflexionar y quedan registrados en la memoria, con una riqueza narrativa y una imaginería visual que no existirían sin él. Indiscutible premio", resume.

 Igualmente subyugada se muestra la dibujante murciana Ana Galvañ ('Pulse enter para continuar'), que conoció el trabajo de Ghibli con el aventurero piloto 'Porco Rosso', y a partir de ahí buscó otros títulos, atrapada por un universo "aparentemente infantil, pero muy adulto a la vez, dotado de una ambigüedad moral, donde no hay ni buenos buenos ni malos malos, con muchas capas, complejo".

Conocida en redes como Wakaiki ('Céüs'), la artista granadina de origen japonés Wakana Sakamoto apunta que la figura de Miyazaki es una referencia que ha logrado que sus obras sean reconocibles en todo el mundo "sin tener que abandonar su identidad".

"Me fascina la cantidad de información que hay en cada escenario y personaje, pero también el uso de los momentos de calma y lo cotidiano", apunta la creadora, que elige 'El viaje de Chihiro', la epopeya mágica de una niña de diez años, como su filme favorito.

'Nausicaä del Valle del Viento' -un Miyazaki anterior a la creación del estudio, pero con la misma filosofía- fue la "película formativa" de la historietista Emma Ríos ('Anzuelo') que se dejó seducir por el "deseo de perfección y el humanismo inherente" de los animadores Ghibli: "Tanto como creadora como ser humano tengo que agradecer su existencia, que me hayan acompañado durante todo mi desarrollo como persona", remarca.

El premiado Paco Roca ('La casa'), a quien le cuesta decantarse por alguno de los títulos -"quizás 'Mi vecino Totoro', que me une mucho con mis hijas, concede- destaca el cuidado con el que Ghibli aborda lo cotidiano: "Algo que he utilizado en mi carrera, detenerme en los pequeños detalles, que no aportan nada a la historia, pero que dan mucho ambiente y hacen crecer a los personajes", comenta el autor de 'Arrugas'.

"Las películas de Ghibli siempre me han maravillado por su aparente sencillez, por su forma de contar historias al margen de estructuras manidas", sostiene el ilustrador salmantino Tomás Hijo ('El morador de las tinieblas'), a quien el impacto de las legendarias figuras yökai de 'Chihiro' le inspiró una serie de grabados donde ofrecía su propia visión "de ese bestiario extravagante, aterrador y divertido".

La autora alicantina Ana Oncina ('Croqueta y empanadilla') también tiene el trabajo de Miyazaki como uno de sus espejos desde que, con 12 años, se topó con 'El viaje de Chihiro': "Cuando la vi pensé: Ojalá poder hacer una historia tan maravillosa como esta. Sin duda, es una de mis películas favoritas, aunque me maravillan casi todas".

"Su obra es claramente ecologista y pacifista. Es una pena que Miyazaki, en los tiempos que corren, se haya acabado convirtiendo en un 'prompt' de IA para que la gente transforme sus fotos 'al estilo Ghibli'", se lamenta el historietista valenciano Jaume Pallardó ('Martina y la isla').

"Hay mucha crudeza, voluntad, nobleza y empatía en Miyazaki. Personalmente le debo muchísimo. Representa la clase de artista que querría ser: alguien fiel a su trabajo, movido por un amor irracional e inmenso. Me resulta inspirador que una fuerza creativa tan humana y orgánica siga existiendo ahora que la IA amenaza con quitarle sentido a todo. Yo quiero ser así de mayor", resume, apasionada, la dibujante hispanovenezolana Natalia Velarde ('Encías quemadas'). EFE

 (Recursos de archivo en EFEservicios: 55021634015)

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