Ruth del Moral
Madrid, 10 oct (EFE).- Cuidar la salud mental entre los 3 y los 6 años reduce a la mitad los trastornos que pueden surgir en la adolescencia, según explican a EFE varios expertos en psicología infantil que avisan de que tres de cada diez menores van a tener algún tipo de problema de aprendizaje o de neurodesarrollo en su etapa escolar.
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Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental algunos investigadores y profesores consultados por EFE señalan la importancia de la detección precoz en las escuelas y de apoyarlas con más recursos, pero también inciden sobre el entorno familiar, básico en edades donde los niños toman ejemplo.
El Psiquiatra de Infancia y Adolescencia e investigador de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Hilario Blasco-Fontecilla advierte de que en los últimos diez años han aumentado los ingresos hospitalarios por problemas de salud mental en menores; por un lado por mejores diagnósticos tempranos y por otro por circunstancias sociales como las redes o la pobreza económica y emocional de las familias.
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"Una familia sin recursos que no puede ofrecer una buena alimentación a su hijo o no puede nutrirlo emocionalmente por que trabaja 16 horas al día impacta en la salud mental del menor", señala a EFE Blasco-Fontecilla.
Explica que una detección temprana en atención primaria y programas de intervención en los colegios reduciría a la mitad muchos problemas que derivan posteriormente en ansiedad, depresión y estrés.
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"Detectar con dos años a un niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA) hará que a los 18 años sea normofuncional, mientras que si se detecta a los 4 años el resultado posterior será peor", avisa.
La psicóloga infantil y coordinadora del programa MENTIS del Área de Colegios CEU, Macarena Borrega, también ve un incremento de los problemas de salud mental en sus aulas pero con un riesgo menor que el de hace unos años gracias a la prevención.
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"Nos basamos en tres ejes principales para detectar cuándo puede haber un problema: el sueño, la alimentación y la higiene. También se evalúa el aprendizaje, por si hay un menor rendimiento y cómo socializa, si tiene un juego autónomo", explica.
Los niños son muy sintomáticos y lo expresan todo a través de conductas, de comportamientos o de mensajes, señala tras apuntar que entre los 3 y 6 años los problemas de salud mental que no procedan de un diagnóstico médico son el reflejo de la sociedad.
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"Falta tomar conciencia de que los niños no tienen el ritmo del adulto. Despertarlos temprano y darles ya siete consignas supone una dificultad en una edad donde necesitan procesarlas una a una para entenderlas", recalca.
Ana Martínez es profesora de segundo ciclo de Infantil en el colegio Blanca de Castilla de Burgos y advierte de que "el día a día con uno o más alumnos con estas características es difícil de abordar por falta de recursos. Lo ideal sería dos profesoras para atenderles. Creo en la integración con recursos, sin ellos es una utopía", incide a EFE.
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En sus 35 años de docencia afirma que siempre ha tenido alumnos disruptivos, aunque reconoce que menos que actualmente y "con la diferencia de que en mis primeros años de profesora no ponía nombre a esas conductas y hoy en día la experiencia y el conocimiento me hace sospechar que indican que detrás puede haber un trastorno, un problema en la familia, una educación sin límites o un uso excesivo de pantallas".
La familia, el entorno y la escuela son tres agentes que deben ir juntos para dar seguridad al menor, incide Borrega.
En la escuela; socializar entre iguales, realizar juegos simbólicos, ampliar las horas de patio y no introducir pantallas en Infantil, son medidas preventivas junto con una rutina y el establecimiento de límites.
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El juego "es una forma valiosa en la que los niños y niñas procesan emociones y experiencias", recuerda UNICEF, que en su último informe de España avisa de que un tercio de los trastornos de salud mental se inician antes de los 14 años.
"Con 3 años, llegar a clase, colgar la mochila e ir a la asamblea son hábitos que modelan el comportamiento", incide Borrega tras coincidir con Blasco-Fontecilla que el carácter también se puede educar.
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"Las dimensiones biológicas y genéticas las heredamos, pero el temperamento se transforma en un carácter a través del aprendizaje", afirma el investigador de la UNIR, también director general del Instituto de Salud Mental y Bienestar Emooti.
Otras medidas son planes para que los niños reconozcan sus emociones y sus virtudes, explica la profesora del CEU que recuerda la campaña '#47SegundosMás' que han puesto en marcha: "47 segundos es el tiempo medio que nuestro cerebro dedica a algo antes de cambiar el foco, y no basta. Hay que escuchar más", incide.
rdm/srm
(Recursos de archivo en EFEServicios: 55021575248, 55021634551)
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