Fotografía y rock, una simbiosis de Juan Pérez-Fajardo en su muestra y libro 'Soundtrack'

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Mérida, 27 sep (EFE).- Una fotografía y una partitura comparten muchos elementos, desde la expresión a la creación, pero también un verbo: interpretar. Este enlace lo plasma el fotógrafo musical Juan Pérez-Fajardo en su libro y exposición 'Soundtrack', un recorrido de más de viente años de trabajo al lado de Patti Smith, KISS, Santana y Neil Young, entre otros muchos.

"Es mi vida a través de otros", afirma Pérez Fajardo para referirse tanto al libro, una colección de 230 páginas de fotografías a color y en blanco y negro, como a la exposición, de unas 30 fotos, que se muestra en Mérida en el marco del Festival de Música y Cine (Cinebeat).

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Reconoce, en una entrevista a EFE, que su pasión fue, es y será la música. "Siempre quise ser una estrella del rock, pero fui un paquete como guitarrista", por lo que le dio la vuelta a la tortilla e hizo que su otra pasión, la fotografía, fuera el vínculo para dedicarse a la música.

Ya sea por trabajos específicos, iniciativas propias, en giras o por encargos, el hecho es que Juan Pérez-Fajardo ha plasmado con su cámara centenares de rostros, momentos e instantes rodeados de lugares que transmiten "historias", principalmente en camerinos.

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La portada del libro y del cartel anunciador de la exposición es una fotografía en blanco y negro de Billy Gibbsons (ZZ Top). En el interior de ambos viajes musicales aparecen Patti Smith, Tommy Thayer (KISS), Santana, Neil Young, Bunbury, Ariel Rot, Nikki Lane, Aitana, Ilegales, Nat Simons, Shinova, Diego el Cigala y Ultraligera por nombrar a algunos.

Editado por Sílex Ediciones, con prólogo de Coque Malla y epílogo de Fito Cabrales, 'Soundtrack' refleja a la perfección el universo visual de la música que rodea a este "plasmador" de partituras vivas, un viajero de experiencias sonoras entre "negativos".

Amigo de muchos de ellos y colega de andanzas de otros tantos, Pérez-Fajardo no busca que "salgan guapos"; opta por que "cuenten una historia" en ese momento de darle al disparador.

Una de las claves en su extenso trabajo es lograr que el grupo o el músico al que vas a fotografiar le sienta "como uno más de los suyos". "Es estar ahí, pero sin estar... sin molestar" y, por supuesto, "no dejar ver si eres admirador o no".

Aunque remarca este último aspecto, Pérez-Fajardo lo rompe por un momento para enmarcar una de las miles de anécdotas vividas: amortiguó un salto de Iggy Pop -del que afirma ser seguidor- desde un escenario.

Reconoce que unos los lugares mágicos para realizar su trabajo son los camerinos, especialmente en los instantes previos a que el grupo, el cantante o el músico salga al escenario. "Es mucho más que entrar en sus casas", agrega.

A su juicio, el rock and roll es uno de "los códigos que a muchos" les ha cambiado la vida, incluido él, una reflexión que enlaza para reivindicar la permanencia de rock desde hace décadas por "mucho que algunos digan que ha muerto".

"Ahí sigue y seguirá; otra cosa es que haya cosas que han cambiado", puntualiza con decisión, como el mercado de ventas, su difusión o hasta la propia piratería.

"Antes -cuenta con algo de añoranza- canciones de Nirvana o de Obús, por poner dos ejemplos entre miles, estaban en las listas de difusión en las cadenas de radio atendiendo a las ventas de discos".

Con las plataformas, la piratería y el ojo económico como único eje, el rock ya no está en esas listas a pesar de los millones de seguidores que tiene en todo el mundo.

Esta exposición abre el calendario de actividades de la tercera edición de Cinebeat (Mérida), cuya agenda música se concentra del 9 al 11 de octubre con más de medio centenar de grupos.

Se trata de uno de los pocos festivales musicales de España que se celebra en bares y salas, lo que obliga al público a ir de uno a otro para escuchar a las bandas. EFE

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