Katixa Agirre: "Siempre ha habido mujeres espías, haciendo un trabajo discreto, gris"

Guardar

Irene Dalmases

Barcelona, 23 sep (EFE).- No duda en afirmar la escritora Katixa Agirre que si la historia de espionaje real protagonizada por cuatro mujeres vascas después de la Guerra Civil, que relata en su nueva novela, 'Servicio interior', hubiera ocurrido en otro país, ya haría tiempo que se habría rodado una película o varias series de televisión.

PUBLICIDAD

Ella, según ha dicho este miércoles en una entrevista con EFE, tuvo claro cuando conoció la peripecia de Bittori Etxeberria, Itziar Mujika, Delia Lauroba y Tere Verdes, hermanas y viudas de milicianos, que, al menos, sí debían ser protagonistas de una novela, escrita, eso sí, con un estilo muy particular, como si fuera "esa película que no existe".

Publicada originariamente en euskera, 'Servicio interior', que ahora se puede leer en castellano (Tusquets) y en catalán (La Segona Perifèria), es una reconstrucción de la historia de estas mujeres, artífices de una red de espionaje al servicio del gobierno vasco y de los países aliados que ya habían entrado en la Segunda Guerra Mundial.

PUBLICIDAD

"Tendemos a pensar que las guerras son los hombres quienes las hacen, pero a nada que escarbes un poco, ves que en todos los conflictos las mujeres participan de una manera u otra", ha señalado la autora de 'Las madres no'.

Agirre remarca que también en el mundo del espionaje "siempre ha habido mujeres, pero nos ha quedado el mito de Mata Hari, un poco análogo al de la 'femme fatale', que seduce a un hombre para sacarle información, y eso se debe dar, pero hay muchísimas mujeres haciendo este trabajo más discreto, más gris, que lo que las películas dan a entender".

En el caso que recupera, no esconde que gracias a los detalles que ha podido conocer al documentarse, incluso, por las grabaciones que pudo escuchar de los años setenta de tres de ellas -porque Tere Verdes ya había fallecido- llega a la conclusión de que su trabajo era "más rústico".

"Era meter y sacar papeles medio escondidos con la coartada femenina de llevo una cesta con comida a un preso o llevo unos calcetines limpios. Me ha gustado darle una materialidad real a ese trabajo, quitarle el glamur que nos ha dado el cine, las películas de James Bond", ha apuntado.

A la vez, ha querido destacar que eran mujeres "con un disfraz de entregadas a la familia y a los cuidados, que, al mismo tiempo, utilizaban este 'atrezzo' para hacer una labor de información y espionaje".

Quien pase las páginas de la novela las verá con barro hasta las rodillas, cruzando altos montes, mostrando el pasaporte a un grupo de falangistas, o recuperando de una papelera un documento trascendental.

El contraste con los hombres de la historia, entre ellos el lehendakari Agirre o el "esbirro" Pedro Urraca, también llama la atención.

Katixa Agirre ha precisado que cuando empezaron a actuar en este "servicio interior" fue porque unos hombres las invitaron, todas ellas nacionalistas vascas, y al cabo de un tiempo, "fueron ellos los que alucinaron porque hacían mucho más de lo que les pedían", consiguiendo que un documento elaborado por un preso político en una cárcel vasca llegara a las autoridades vascas en el exilio de París.

Tampoco obvia que cuando la red adquirió mucha importancia "pusieron un hombre al frente, quien acabó pagando el precio más alto".

Con toda la documentación que pudo recopilar y reconociendo que está "muy anclada" en esta época, la escritora cree que le quedan flecos e historias "fantásticas" por contar, con lo que no descarta seguir ahondando en esta historia, aunque quizá no de forma inmediata.

"Hay ahora un hombre que me interesa mucho, que es el compositor de 'Cara al sol', un guipuzcoano, al que estoy investigando", deja caer.

A la vez, reconoce que no le desagradaría que su nuevo título se convirtiera en una película, como ya pasó con 'Las madres no', que la cineasta Mar Coll llevó a la gran pantalla bajo el título de 'Salve María'. EFE

(Foto)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD