Els Joglars celebra 65 años enfrentando el 'Retablo' de Cervantes a la hiperconectividad

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Madrid, 3 sep (EFE).- En la era de la inteligencia artificial y el teléfono móvil, el miedo a ser excluido del grupo sigue siendo el motor de las grandes mentiras colectivas. Con esta premisa, la compañía Els Joglars inaugura la temporada del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa con una adaptación del 'Retablo de las maravillas' de Cervantes, dirigida por Albert Boadella.

La obra, que podrá verse en la Sala Guirau desde este viernes 4 al 27 de septiembre, sirve también para conmemorar los 65 años sobre los escenarios de Els Joglars, la compañía teatral privada en activo más longeva de Europa, con 42 espectáculos a sus espaldas.

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Para celebrar este hito, la agrupación vuelve a ponerse a las órdenes de su fundador histórico, Albert Boadella. Aunque el dramaturgo catalán cedió la dirección oficial de la compañía a Ramon Fontserè en 2012 -tras más de medio siglo al frente-, su regreso para firmar este montaje subraya el carácter excepcional y conmemorativo de la cita escénica.

El montaje parte de una convicción rotunda del director: los avances técnicos y científicos han evolucionado de forma impresionante, pero la condición humana "apenas nada".

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Boadella advierte en las notas del director de la obra contra la "ilusoria sensación de superioridad sobre el pasado" que caracteriza a la sociedad actual, recordando que un ciudadano de la Roma de Augusto tardaría muy poco tiempo en aprender a usar un ordenador moderno.

Desde esa perspectiva, la obra se presenta como una sátira de absoluta actualidad. Para el creador de Els Joglars, el progreso no ha alterado los comportamientos esenciales del ser humano, que sigue respondiendo a las mismas ambiciones y necesidades de pertenencia que en el Siglo de Oro.

Publicado en 1615, el entremés original de Cervantes narra la llegada a un pueblo de dos estafadores que presentan un supuesto espectáculo mágico con una condición inquebrantable: las maravillas del retablo solo pueden ser vistas por hijos legítimos y "cristianos viejos".

Aunque el escenario está vacío, las autoridades locales, aterradas ante la idea de ser señaladas por su impureza de sangre o bastardía, fingen desesperadamente ver las figuras inexistentes para proteger su estatus ante sus vecinos.

El delirio estalla cuando irrumpe un militar que, ajeno a la trampa, confiesa la verdad al no ver nada, lo que provoca que el pueblo entero lo ataque y lo acuse de hereje para salvaguardar su propia mentira: una sátira que sigue intacta cuatro siglos después.

En esta actualización del texto cervantino, el engaño no es solo la anécdota de unos embaucadores, sino la constatación del "terror humano a quedar excluido de la tribu". Ese miedo compartido es lo que convierte la mentira en un eficaz instrumento de dominación colectiva.

Boadella destaca que Cervantes supo anticipar un fenómeno plenamente contemporáneo. Para imponer una ficción, subraya el director, "las sociedades no necesitan inquisidores visibles", ya que a menudo "basta la vigilancia horizontal del grupo" ejercida por el propio entorno.

Lejos de quedarse en un mero homenaje literario, el montaje establece un paralelismo directo e incómodo con la España actual.

La gigantesca expansión de los canales de comunicación ha creado un ecosistema perfecto para que "pillos, farsantes y estafadores campen a sus anchas disfrazados de gurús", reflexiona Boadella en sus notas de dirección. EFE

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