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La joven arquitectura cambia el paradigma de la vivienda. El futuro será (es) flexible

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Almudena González/Carla Aliño

Madrid/Valencia, 21 ago (EFE).- La joven arquitectura cambia el paradigma de la vivienda ante una crisis que rompe las costuras del piso estándar para hogares convencionales, porque una sociedad diversa demanda espacios flexibles que evolucionen con nosotros y se adapten a nuestra forma de habitar, trabajar o disfrutar del tiempo libre.

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Tres jóvenes arquitectas han explicado a EFE sus propuestas y coinciden en que esta disciplina tiene mucho que aportar para superar la crisis y en que la vivienda debe ser algo más que un objeto económico.

Amanda Luisa Koivisto tiene 29 años y 'Made in Villaverde' es su trabajo de fin de máster (TFM) en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Proyecta la rehabilitación y ampliación de la nave del Grupo Samar, antigua nave mecánica de Boetticher y Navarro en Villaverde, un distrito periférico madrileño, a cuya herencia industrial da brillo a partir de un hilo conductor: el tapiz arquitectónico.

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Sobre la estructura existente y fiel a las cubiertas de dientes de sierra, el trabajo proyecta un centro de investigación y desarrollo de tecnologías verdes, una torre de viviendas y una red de espacios comunitarios al aire libre.

Es decir "integra producción, investigación, residencia y vida cotidiana en un mismo ecosistema urbano", que "cose las fracturas" provocadas por las infraestructuras industriales y de transporte de Villaverde, exportable a otras zonas y que facilita los desplazamientos (a pie, en bicicleta o en los medios que estén por llegar).

Las viviendas se alojan en una torre de entre 40 y 50 pisos. Cada uno alberga dos unidades residenciales, articuladas en torno a un núcleo central, que puede ser de uso compartido o independiente, porque cada momento vital pide distintos grados de privacidad.

Las unidades se combinan, ofreciendo "respuestas infinitas" de configuración para cada tipo de familia y momento del día o de la vida. A su juicio, el hogar ha absorbido nuevas actividades como trabajar, ocio (¿quién no ha hecho yoga o pilates en su salón?), y sin embargo, en la oferta inmobiliaria abundan los espacios muy pequeños que no satisfacen esta demanda.

Koivisto -que creció en Finlandia rodeada de bosque- defiende una arquitectura que dé espacio a la biodiversidad, un hábitat compartido entre personas, flora y fauna. Ella reserva huecos para la anidación de aves.

Paula Grande Blázquez tiene 24 años. Vivió su adolescencia confinada por la pandemia y termina su formación con una crisis acuciante. 'Hábitat Productivo' es su TFM en la UPM, un ejercicio que reconvierte el antiguo Acuartelamiento Aéreo (ACAR) de Getafe (Madrid) en un sistema residencial que evoluciona con sus ocupantes.

La propuesta entiende que la vivienda no es una organización fija, sino una combinación de tres espacios: La célula privada, el espacio intermedio -sin usos preestablecidos- y la agrupación residencial.

Las células constituyen la unidad mínima para usos básicos: descanso, aseo, cocina y estancia. Pero la vivienda no se define por el cerramiento completo de estas células (como ocurre en los pisos convencionales) sino por su relación abierta y flexible con los otros dos espacios.

Además, el sistema está diseñado con módulos que pueden desplazarse dentro de la estructura general del edificio, al estar insertados sobre raíles.

Esto permite adaptar o ampliar la configuración de los espacios a las necesidades de los ocupantes y también es una estrategia climática: durante el verano se pueden desplazar a la fachada norte para protegerse del sol, y al contrario en invierno.

Grande Blázquez es partidaria de reutilizar estructuras frente "al gesto de tirar todo lo que hay, como un borrón" y además, ha querido diseñar un entorno que genere actividad económica para revertir esos largos desplazamientos residencia-trabajo.

La valenciana Carolina Martín (35 años) es especialista en vivienda tras un máster y una beca Marie Curie de la Unión Europea. Defiende que los arquitectos deben asumir un papel más activo ante la crisis, no solo desde un punto de vista técnico, sino también social y político.

Entre sus propuestas, impulsar la construcción industrializada para reducir costes, tiempos de ejecución y residuos, lo que no significa -apunta- "caer en la estandarización de las viviendas", que deben ser "flexibles y adaptables".

No entiende que se siga construyendo para un modelo familiar tradicional cuando la sociedad es cada vez más diversa. Apuesta por diseños capaces de adaptarse a distintos tipos de hogares (personas solas, familias monoparentales, parejas sin hijos o personas mayores) que puedan transformarse con el tiempo sin grandes reformas.

Comparte con sus colegas más jóvenes modelos como el 'cohousing' y las cooperativas de vivienda, donde se reduce el espacio privado y se amplían los compartidos, pero advierte de que algunas promociones inmobiliarias utilizan este diseño únicamente para reducir el tamaño de las casas y aumentar la rentabilidad.

Cree que la principal medida para atajar esta crisis es aumentar el parque de vivienda pública "asequible y permanente" y para ello propone crear una Agencia Nacional de Vivienda Industrializada, que se centre en "aumentar el stock de vivienda asequible protegida hasta un 10 % en los próximos diez años".

Para Martín, es necesario que la vivienda deje de entenderse exclusivamente como una inversión económica, y cita a países como Austria o Países Bajos, donde el alquiler protegido ofrece estabilidad a largo plazo y evita la especulación. EFE

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