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Tomás, el ciervo que recorrió 50 kilómetros para volver a su pueblo en Zamora

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Alberto Ferreras

Linarejos (Zamora).- Tomás, como así se le conoce, pasa su tercer verano en el pueblo como un vecino más, solo que tiene la peculiaridad de no ser una persona sino un ciervo de imponente cornamenta que se ha acostumbrado a convivir con los pocos habitantes de Linarejos (Zamora), en la Sierra de la Culebra.

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Los quiere tanto que no ha tenido inconveniente en recorrer 50 kilómetros por la sierra, después de ser capturado y trasladado a otro lugar, para reincidir y volver a la que considera su casa.

El amor es recíproco porque ese ciervo que no rehuye de la presencia humana se ha ganado el cariño de la quincena de vecinos y veraneantes de esa pedanía zamorana próxima a Portugal.

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Ellos están encantados con el cérvido, pero no tanto con que los turistas lleguen y se acerquen a él para hacerse 'selfies' a su lado, acariarlo, tocarle la cornamenta y darle comida, fiándose de su manso aspecto y no tanto de que es un animal salvaje.

"Es como un vecino más. Hay vecinos buenos y malos, es un vecino al que hay que respetar: nosotros a él y él a nosotros", asegura a EFE María José Boyano, una residente en Linarejos que advierte que Tomás "no es una mascota, no se puede uno acercar y si se quieren sacar fotografías, tiene que ser a lo lejos".

La fama de Tomás llevó a cada vez mayor número de veraneantes y turistas se aproximasen sin medir el peligro, por lo que a mediados de julio el Servicio Territorial de Medio Ambiente actuó para evitar riesgos y montó un dispostivo especial para sedar al animal y trasladarlo al monte público de El Casal, situada a unos 50 kilómetros.

"Todo el pueblo estaba conforme con que lo durmieran y se lo llevaran", reconoce otro vecino, Eloy Martín, que detalla que, tras aplicarle la dosis de sedación para un ciervo de 180 kilos, los agentes medioambientales lo trasladaron a su nuevo hogar, lejos de la población.

Pero a Tomás no debió gustarle mucho porque a los seis días estaba de nuevo deambulando por Linarejos, como un vecino más, recorriendo el pueblo a ritmo pausado y parándose en cada manzano, cerezo o peral en busca de alguna fruta como complemento a la abundante hierba que encuentra en el camino.

Tras su vuelta, y con el fin de que no cause ninguna desgracia que obligue a sacrificarlo, los vecinos han empapelado el casco urbano con carteles que muestran la foto de su vecino con cuernos y unas normas de lo que está prohibido hacer con él.

Tomás llegó a Linarejos casi por casualidad a principios de verano de 2024, cuando una lesión en una de sus patas hizo que apenas pudiera caminar y "como hay muchos lobos alrededor del pueblo tuvo que elegir, o los lobos, o la gente", explica Eloy Martín.

Los habitantes de la pedanía se acostumbraron a su presencia, entendieron su traslado como un mal menor y acogieron con alegría su vuelta aunque son conscientes de que, como ocurre habitualmente en los pueblos, al acabar el verano Tomás también hará las maletas.

En la época de berrea se alejará del casco urbano "a buscar a sus chicas" y ya no volverá hasta bien entrado el invierno, como ha hecho los dos años anteriores.

En Linarejos están acostumbrados a esas idas y venidas, según el ciclo reproductivo, porque no es el primer ciervo 'empadronado' allí.

En 2023 intentaron sin éxito salvar de la caza a Carlitos, otro macho adulto que frecuentaba la localidad, aunque era más esquivo.

Lograron recabar 50.000 firmas para su indulto después de que fuera seleccionado como trofeo de caza a rececho, pero de nada sirvió.

Entonces, pintaron su silueta en fachadas y puertas de garaje en su recuerdo y eso puede haber llevado a que Tomás sienta ahora que tiene su manada en Linarejos y haya adoptado el pueblo como su refugio en las horas de calor del verano. EFE

aff/rjh/aam

(vídeo) (foto)

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