Agregar Infobae enGoogle

La geóloga Reyes Giménez descifra en la cueva de las Güixas un archivo único del Pirineo

Guardar

Pablo Alvira Fuertes

Huesca, 1 ago (EFE). – La geóloga de la cueva de las Güixas de Villanúa, Reyes Giménez, asegura que esta gruta es un gran archivo natural capaz de reconstruir miles de años de historia del Pirineo ya que conserva las primeras huellas de ocupación humana del valle, un patrimonio científico que guarda mucha información.

PUBLICIDAD

Para la investigadora, las Güixas es “mucho más” que un espacio turístico porque cada sedimento, cada deposito mineral y cada marca que deja el agua permite reconstruir la evolución geológica del Pirineo y cómo cambió el paisaje desde el final de las glaciaciones.

Giménez explica en una entrevista con EFE que el principal valor de la cueva altoaragonesa reside en su intensa actividad hidrológica porque constituye una de las surgencias naturales del macizo de Collarada, que alcanza más de 2.800 metros de altitud.

PUBLICIDAD

Por lo tanto, esta característica da pie a investigar el funcionamiento del agua subterránea, la formación de la cavidad y los riesgos asociados a las inundaciones.

“Las sucesivas glaciaciones han transformado el valle del Aragón y ha condicionado la evolución de la cueva. La hidrología es muy activa hoy en día y ha moldeado galerías, ha transportado sedimentos y ha dejado un registro geológico que permite reconstruir la transformación del valle”, señala.

La geóloga explica que esta cueva conserva mejor la información porque funciona como trampa natural donde los sedimentos y restos arqueológicos quedan enterrados y protegidos frente a la erosión, una circunstancia que ha permitido documentar en las Güixas las primeras evidencias conocidas de ocupación humana en el valle tras las últimas glaciaciones, en el calcolítico.

Buena parte de la historia de la cueva no es evidente a simple vista para los visitantes, puesto que, más allá de las formaciones calcáreas como estalactitas y estalagmitas, existen depósitos de arenas, niveles de antiguas inundaciones que permiten interpretar la evolución del paisaje para los técnicos.

Además, la investigadora destaca que cada especialista que acude a la cueva descubre nuevas cosas que pasan desapercibidas para otros expertos, como animales diminutos “casi microscópicos” exclusivos de ese ecosistema subterráneo.

Giménez confiesa que la cueva mantiene una configuración similar a la que tenía durante la prehistoria, pero explica que la actividad hídrica “ha decorado la cueva de nuevos minerales” y ha modificado progresivamente algunas de sus entradas.

Entre los hallazgos que más le interesan figuran los relacionados con la presencia humana porque considera que todavía quedan muchas preguntas por responder sobre la relación entre aquellas comunidades y un paisaje que cambiaba al ritmo del retroceso de los glaciares y la evolución de los cursos del agua.

Para la geóloga, proteger las Güixas resulta imprescindible, aunque no conserve grandes pinturas rupestres, porque constituye un laboratorio natural para comprender la geología, la hidrología y la biodiversidad del Pirineo y porque los descubrimientos científicos del futuro pueden encontrarse precisamente en esos detalles que hoy todavía permanecen ocultos bajo tierra.

El recorrido turístico por la cueva de las Güixas permite adentrarse en un paisaje subterráneo modelado durante miles de años por el agua, de 1.100 metros de recorrido y 67 metros de desnivel repartidos en tres niveles de galerías como la sala de la Catedral, con 16 metros de altura, o la Chimenea, en la que un derrumbe ha abierto al exterior la cavidad por la que acceden los murciélagos.

El nivel intermedio es el habilitado para las visitas, mientras que el inferior alberga un río subterráneo conectado con el río Aragón y el superior conserva antiguas galerías fósiles que fueron ocupadas por los primeros habitantes del valle. EFE

1012273

(Foto)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD