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Esferas blancas de 5 a 20 milímetros: descubren un nuevo parásito de la sardina común

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Casilda Zuloaga

Pamplona, 1 ago jul (EFE).- Lo que comenzó como una anomalía detectada durante la inspección rutinaria de un lote de sardinas del Atlántico ha acabado con el descubrimiento de un nuevo parásito de esta especie y abriendo una nueva línea de investigación sobre las enfermedades de los ecosistemas marinos.

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El parásito, un microsporidio del género 'Glugea', ha sido identificado por un equipo de científicos de la Universidad de Navarra infectando a la sardina común (Sardina pilchardus), un parásito hasta ahora desconocido en esta especie cuyo hallazgo, aunque no supone un riesgo para la salud humana, permitirá mejorar la vigilancia de posibles enfermedades emergentes en el medio marino.

La pesca de la sardina atlántica no es un sector menor. En la pesquería atlántica española (Galicia y Andalucía), el límite total autorizado para 2026 asciende a 16.848.490 kilos. Constituye una fuente directa de ingresos para buena parte de sus flotas y sostiene actividad en puertos, lonjas y mercados, además de alimentar a la industria transformadora.

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Todo empezó cuando una empresa distribuidora encontró en varias sardinas unas esferas blanquecinas de entre cinco y veinte milímetros alojadas en la cavidad visceral. Aquellas estructuras no se correspondían con ningún órgano del pez, por lo que las muestras fueron remitidas al laboratorio de la Universidad de Navarra.

“Nos dijeron que tenían unas sardinas con una cosa muy rara y querían saber qué era”, recuerda en una entrevista con EFE el investigador Enrique Baquero, autor del estudio junto con Rafael Jordana y Gabriel Reina.

El análisis fue mucho más allá de una simple identificación. Tras combinar estudios morfológicos, microscopía electrónica y secuenciación genética, los investigadores comprobaron que el organismo no coincidía con ninguno de los microsporidios descritos hasta la fecha.

La ausencia de nuevas muestras impidió reunir todas las evidencias necesarias para describir oficialmente una nueva especie, pero el trabajo sí documenta por primera vez la presencia de un 'Glugea' en la sardina común, un hallazgo que deja caracterizado genéticamente el organismo y facilitará su identificación si vuelve a aparecer en otras poblaciones o especies.

La investigación arrancó entre 2018 y 2019, quedó paralizada durante la pandemia de la covid-19 y se ha prolongado durante varios años hasta culminar con la publicación del artículo científico.

Baquero insiste en que no existe ninguna evidencia de que este género de microsporidios pueda infectar a las personas, aunque defiende la importancia de vigilar este tipo de patógenos desde una perspectiva preventiva.

“Las zoonosis aumentan cuando el equilibrio se rompe”, advierte el investigador, que enmarca este trabajo en el concepto 'One Health', un enfoque que entiende la salud humana, la animal y la ambiental como partes inseparables de un mismo sistema.

“Si los ecosistemas están sanos y los animales están sanos, el ser humano tiene mayores probabilidades de mantener una buena salud. Somos un puzle en el que todas esas dimensiones están integradas y cuanto mejor esté cada una, mejor estará la de al lado”, explica.

El científico sostiene que caracterizar estos microorganismos antes de que puedan convertirse en un problema resulta esencial para anticiparse a futuras amenazas. En ese sentido, recuerda que muchas enfermedades capaces de afectar a las personas tienen origen animal y que comprender cómo circulan los parásitos en la naturaleza permite detectar antes posibles cambios.

Los investigadores apuntan, además, que el nuevo microsporidio presenta un notable parecido con otro descrito en atunes, una circunstancia que podría estar relacionada con la cadena alimentaria, ya que estos depredadores consumen sardinas y podrían intervenir en la transmisión del parásito entre diferentes hospedadores.

Para Baquero, el precedente del anisakis demuestra el valor de conocer a tiempo el comportamiento de este tipo de organismos. En este caso no existe ninguna alerta sanitaria ni riesgo para el consumidor, pero sí la necesidad de reforzar la vigilancia de los ecosistemas marinos en un contexto de cambio ambiental que favorece la aparición y expansión de nuevas enfermedades.

Lejos de cerrar una investigación, el hallazgo abre ahora nuevas preguntas sobre un organismo cuya presencia había pasado inadvertida hasta ahora en uno de los peces más consumidos del Atlántico. EFE

(video)

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