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El Monasterio de Santa María de Valdeiglesias sobrevive al incendio de Madrid

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Madrid, 31 jul (EFE).- El Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, ubicado en Pelayos de la Presa y el único cisterciense de la Comunidad de Madrid, se ha salvado del incendio de la Sierra Oeste y escribe otro capítulo de supervivencia de su larga historia: otros dos fuegos y el abandono tras la desamortización de Mendizábal de 1835, hasta que un arquitecto rescató sus imponentes ruinas en 1974.

Fuentes de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid han informado a EFE de que el enclave no ha sufrido ningún daño. No llegó a entrar el fuego, explican. El monumento, bien de interés cultural, se encuentra cerrado a las visitas como consecuencia del devastador incendio, según se indica en la página web de la Fundación que lo gestiona.

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La zona de Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias han quedado gravemente afectada por el incendio declarado el pasado 23 de julio, el mayor de la historia de la comunidad y que obligó a declarar la emergencia nacional, con gran incidencia sobre el entorno del pantano de San Juan, en cuyas inmediaciones se encuentra el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias.

El fuego ya está estabilizado, aunque las autoridades han pedido no bajar la guardia y se ha prohibido este fin de semana el acceso al pantano, por el riesgo que todavía entraña.

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El monasterio se ha salvado de las llamas, tras una azarosa historia, cuyos orígenes se remontan a la época visigoda con el asentamiento de doce eremitorios en el valle de las iglesias, territorio que en la actualidad da lugar a los municipios de Pelayos de la Presa y San Martín de Valdeiglesias.

Según recuerda la Fundación en su web, una vez que el valle fue reconquistado por las tropas cristianas en el siglo XI, la necesidad de ser repoblado llevó al rey Alfonso VII el Emperador a otorgar a los monjes eremitas del valle de las iglesias el privilegio real de fundar el Monasterio de Valdeiglesias en 1150.

De esta forma, se unieron los doce eremitorios en uno solo, dando lugar a una única comunidad, que en 1177 se incorpora a la Orden del Císter, dando lugar a casi ocho siglos de vida monacal, con momentos de gran prosperidad.

Pero a diferencia de su resistencia ante el reciente fuego, fue dañado por dos incendios, en 1258 y 1768. El último clavo lo puso la ley de desamortización de 1835 de Mendizábal, que expropió el inmueble, desalojó a los monjes e incautó las propiedades del templo, poniendo así fin a la actividad monástica. Permaneció abandonado y en ruinas durante más de un siglo.

No fue hasta 1974 cuando un anuncio en un periódico cambió su destino. "Se venden ruinas de un monasterio", leyó el arquitecto Mariano García Benito, quien lo compró y se propuso salvar las ruinas y defender la importancia de su patrimonio artístico.

"Contemplándolas, sentía una fuerte impresión, algo así como la sacudida de un rayo", escribió tras hacerse con la escritura en marzo de 1974. El primer paso, perimetrar el área y asegurar los vestigios.

A partir de entonces, la labor de García Benito llevó al monasterio a ser considerado Bien de Interés Cultural en 1983, otorgándole una protección jurídica que ha permitido la conservación de esta joya escondida que conserva siglos de historia representados en una evolución de estilos arquitectónicas desde el mozárabe hasta el barroco.

En 2004, el arquitecto madrileño -fallecido en 2012- lo donó al Ayuntamiento de Pelayos de la Presa, pasando a tener titularidad pública y dando lugar a la creación de la Fundación Monasterio Santa María la Real de Valdeiglesias, que ahora preside el alcalde del municipio, Antonio Sin, según recuerda la institución en su web. EFE

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