Córdoba, 15 jun (EFE).- La imagen molecular impulsa una cirugía axilar más precisa y menos invasiva en cáncer de mama, según una de las conclusiones del 42 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM).
Según un comunicado de la sociedad, el manejo de la axila en el cáncer de mama está evolucionando hacia "una desescalada terapéutica apoyada en la imagen molecular, la cirugía radioguiada y un abordaje multidisciplinar, con el objetivo de reducir secuelas sin comprometer la seguridad oncológica".
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En el transcurso del congreso, celebrado en Córdoba, especialistas de cirugía de mama, oncología médica, oncología radioterápica y medicina nuclear han analizado cómo la evidencia científica está transformando la práctica clínica hacia estrategias más individualizadas.
El cáncer de mama es el tumor maligno más frecuente en la mujer en España, con más de 37.000 nuevos casos al año. Entre el 20 % y el 40 % de las pacientes presentan afectación ganglionar axilar en algún momento del proceso diagnóstico o terapéutico, lo que convierte su evaluación en un elemento clave para el pronóstico y la selección del tratamiento.
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Durante décadas, la linfadenectomía axilar (LAx) sistemática fue una práctica habitual, pese a su asociación con secuelas como linfedema, limitación funcional del hombro, dolor neuropático crónico o alteraciones sensitivas.
Sin embargo, distintos ensayos clínicos han demostrado que, en pacientes seleccionadas, la LAx completa puede omitirse sin comprometer la supervivencia e "incluso omitir procedimientos de estadificación axilar sin comprometer los resultados oncológicos", según Macarena Rodriguez-Fraile, presidenta del Grupo de Trabajo de Oncología de la SEMNIM.
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En este contexto, la medicina nuclear ha desempeñado un papel clave en la evaluación de la enfermedad y en la planificación terapéutica.
Según la SEMNIM, la cirugía radioguiada ha evolucionado hacia procedimientos más precisos aunque la biopsia del ganglio centinela continúa siendo el estándar en pacientes con axila clínicamente negativa, al evitar vaciamientos axilares innecesarios y reducir la morbilidad quirúrgica.
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La desescalada axilar tiene un impacto directo en la calidad de vida. La reducción de la agresividad quirúrgica se asocia a menores tasas de linfedema, que puede afectar hasta al 20–30 % de las pacientes tras linfadenectomía completa, menor dolor postoperatorio y una mejor recuperación funcional del brazo y el hombro.
El manejo actual de la axila requiere integrar factores clínicos, biológicos y de imagen, por lo que la coordinación entre especialidades resulta esencial para individualizar cada decisión terapéutica. EFE
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