Madrid, 10 jun (EFE).- Bajo la superficie terrestre yace una inmensa reserva de agua dulce: los acuíferos, que almacenan cerca de siete millones de kilómetros cúbicos del recurso; su aprovechamiento, junto a otros sistemas de abastecimiento disponibles, se erige como una de las grandes herramientas frente al estrés hídrico, que tiende a dispararse en España ahora en verano, cuando los embalses superficiales sufren enormes pérdidas por evaporación.
La solución al estrés hídrico no pasa solo por el correcto uso de las aguas subterráneas. Es también una cuestión de reutilización del agua, mantenimiento de cauces, mejora de los embalses, desalinización en zonas costeras y muchas otras actuaciones, según los expertos.
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"Una gestión integral del agua incluye un conjunto de acciones", asegura en declaraciones a EFE la geóloga Irene De Bustamante, directora del instituto madrileño de investigación Imdea Agua, dirigido a desarrollar tecnología y conocimiento científico para garantizar la sostenibilidad y calidad del agua.
España afronta un nuevo verano de mucho calor, según las predicciones. La actual imagen de abundancia de los embalses tras un invierno muy lluvioso "puede generar una falsa sensación de seguridad", advierte la geóloga.
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Cuando los embalses están llenos, como ahora tras un invierno muy lluvioso, "se nos olvida el problema del estrés hídrico". Sin embargo, "las sequías son cada vez más recurrentes", añade la experta en hidrogeología.
"Las aguas subterráneas son un recurso mucho más abundante que las aguas superficiales", explica.
Son como "una hucha". Cuando las extracciones superan durante años la recarga natural, los niveles descienden progresivamente hasta poner en riesgo el propio acuífero y los ecosistemas asociados.
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"Los acuíferos funcionan como una enorme esponja natural capaz de retener y liberar recursos hídricos", explica.
La recarga de estos reservorios es "mucho más lenta" que la de los embalses y su sostenibilidad requiere un equilibrio entre lo que entra y lo que se extrae para evitar la sobreexplotación, resume la experta.
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Por ejemplo, en el acuífero donde se encuentran las Tablas de Daimiel y los Ojos del Guadiana, la intensa utilización de agua para regadío ha provocado durante décadas "una fuerte disminución" de los niveles freáticos, ha advertido.
La viabilidad de la recarga de acuíferos depende en gran medida de las características geológicas del terreno. No es lo mismo la arena de una playa, donde el agua se infiltra con facilidad, que otros materiales como los limos, donde ese proceso y la circulación del agua son más lentos.
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España cuenta con experiencias destacadas de recarga de acuíferos. En el delta del Llobregat, en Barcelona, intervienen sistemas que aprovechan la elevada permeabilidad de los materiales. Además de almacenar agua, las recargas ayudan a frenar la intrusión marina, un fenómeno que puede salinizar los recursos subterráneos en zonas costeras.
En la provincia de Segovia, en la comarca de El Carracillo, se utilizan aguas procedentes del río para alimentar artificialmente acuíferos en terrenos arenosos.
A escala internacional, la geóloga ha destacado experiencias como las de Israel, donde extensas dunas de arena próximas a Tel Aviv reciben aguas regeneradas procedentes de depuradoras.
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"Las dunas se tragan el agua", afirma. Se trata de un tipo de infiltración superficial, más sencilla y económica que la inyección profunda que requiere pozos y perforaciones de cientos de metros.
La reutilización del agua es otra alternativa al estrés hídrico. No todos los usos del agua son equiparables, señala la experta. "Es distinto tirar de la cadena del inodoro, baldear las calles o beber agua del grifo", recuerda.
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Existen numerosos proyectos para reutilizar aguas depuradas para riego agrícola, usos urbanos y también para la reincorporación circular del recurso al ciclo de abastecimiento tras tratamientos avanzados. "La reutilización es clave para gestionar el agua; permite aprovechar volúmenes muy importantes", sostiene.
La desalación es el proceso industrial mediante el cual se eliminan las sales minerales del agua de mar para convertirla en agua dulce. Se trata de otra herramienta especialmente relevante para la gestión hídrica en zonas costeras y para garantizar la disponibilidad de agua potable.
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"No existe una solución única al estrés hídrico. La clave pasa por combinar diferentes herramientas dentro de una estrategia global de gestión", insiste la experta.
Actualmente gana peso el concepto de las "ciudades esponja" de China, basado en favorecer la infiltración del agua urbana de lluvia mediante pavimentos permeables y otros tipos de actuaciones para minimizar la escorrentía.
Ello permite reducir inundaciones, aliviar la carga sobre las redes de alcantarillado y favorecer la recarga del subsuelo. "Con pavimentos permeables, la escorrentía superficial es mucho menor porque el agua se infiltra", explica.
Además, contribuye a reducir la contaminación que generan las primeras aguas de lluvia al arrastrar aceites, grasas, metales pesados y otros contaminantes acumulados en las superficies urbanas, mediante la instalación de materiales que retienen estos contaminantes.
En España existen experiencias de investigación en comunidades como Madrid, Cataluña o el País Vasco, donde se ensayan diferentes sistemas para aumentar la permeabilidad urbana sin comprometer la calidad de las aguas subterráneas. EFE
(Recursos de archivo en EFEServicios 8023265639).
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