Oreja sin peso para Garrido y entrega de Ismael Martín, en tarde con varios toros de nota

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Paco Aguado

Madrid, 3 jun (EFE).- La dilatada corrida de hoy de la feria de San Isidro, de casi tres horas de duración, se saldó con una solitaria oreja, y de escaso peso, para el extremeño José Garrido, aunque, más allá de la estadística y sin falsas euforias, destacara más la entrega del salmantino Ismael Martín, al que la presidencia negó dos trofeos, y algunos momentos de Samuel Navalón, ante toros de nota de las divisas de Montalvo y Casa de los Toreros.

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En un ambiente más sereno y concentrado que en otros festejos del abono, y con la entrada más floja hasta el momento -"sólo" 16.800 espectadores-, la corrida acabó siendo una de las más interesantes de la feria que ya toca a su fin, en tanto que se vio embestir con calidad hasta a tres de los ejemplares que salieron por chiqueros y la terna, sobre todo los toreros más nuevos, dejó pasajes de gran interés.

De hecho, la faena premiada con esa única oreja no fue, ni mucho menos, la mejor de la tarde, ya que, aunque se manejó con gran oficio durante toda la lidia, José Garrido únicamente logró cuajar en una soberbia tanda de naturales, con la hondura y el temple que merecía, al voluminoso pero noble y claro sobrero de Casa de los Toreros, antes de matarlo, eso sí, de una buena estocada que le valió un premio demasiado complaciente.

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Y aún tuvo el extremeño una oportunidad de oro para haber abierto la Puerta Grande, representada en un precioso y hondo toro de Montalvo al que saludó a portagayola en el terreno clásico, no tan alejado hacia los medios como se ha convertido en costumbre.

Ya entonces, y en unos buenos lances de Garrido en los medios, comenzó a galopar el astado salmantino, y no dejaría de hacerlo hasta que rodó sobre la arena. Pero esta vez, a falta de dejarle más aire a la embestida y de no ofrecerle los vuelos de la muleta, el veterano del cartel no acabó de aprovechar todo lo que le ofreció el enclasado animal.

El agravio comparativo llegaría ya con el segundo de la tarde, cuando la misma presidencia que tan generosa se mostró antes ya no quiso atender la petición de oreja para Ismael Martín, que hizo un completo despliegue de entrega durante toda su actuación, con capote, banderillas, muleta y espada.

A ese segundo lo saludó el salmantino con dos largas de rodillas, una cambiada y otra afarolada, antes de sacarlo del caballo con el "quite de oro" con el capote a la espalda. Con las banderillas, aunque sin demasiado ajuste, Martín estuvo variado en las suertes y en los terrenos, con facultades y cabeza, para mostrar su conocimiento del tercio. Sólo que el de Montalvo, aun noble, apenas tuvo empuje y fondo en la muleta. Pero una pronta estocada volcándose acabaría motivando la petición del trofeo.

Claro que más sangrante fue aún la negativa presidencial a concedérselo del quinto, un sobrero de Bohórquez al que Martín lidió después de que un torancón castaño de los titulares, al que también saludó en la puerta de chiqueras, le levantara un par de metros de la arena de un tremendo derrote cuando intentaba torearlo a la verónica antes de que lo devolvieran a los corrales.

Conmocionado y con la taleguilla rota, el joven espada volvió a irse a portagayola con ese segundo remiendo de la corrida para torearlo de nuevo por asentados lances y banderillearlo con espectacularidad, sobre todo en el "par de la moviola" que se inventara El Soro y con el que provocó una fortísima ovación.

De nuevo se puso de rodillas Ismael Martín para abrir la faena de muleta con un afarolado y una vibrante tanda de muletazos en la que el "murube" ya mostró el poco empuje que le quedaba, aunque no fue óbice para que él insistiera con la misma entrega, acompañada de un decidido valor y de no pocos aciertos técnicos -terrenos, alturas, espacios...- con los que volvió a mostrar su prometedora proyección. Por eso, quizá, la oreja fuera lo de menos.

También el otro nuevo matador del cartel, el valenciano Samuel Navalón, dejó en el ruedo de Las Ventas muy buenas sensaciones, básicamente por el asiento y el temple manejando los vuelos del engaño a un tercero terciado que perdió muy pronto el gas y con el que se alargaría con unos alardes en la corta distancia que no aportaron mayores méritos.

Y si sus compañeros se fueron a recibir a varios toros a la puerta de chiqueros, Navalón no quiso quedarse atrás con el sexto, que ya en esa larga de recibo descolgó el cuello con la calidad y la clase que desbordaría ante la muleta, ante la que no paró de galopar.

Gran ejemplar este otro precioso y hondo "montalvo" con el que esta vez el torero de Áyora tardó en encontrar el necesario reposo, aun a costa de una voltereta por error de colocación, y no acabó de dar con la tecla, hasta ya más que mediado el trasteo, para poder cuajarlo a tan alto nivel de calidad desde el principio y no ya en esa distancia corta en la que parece sentirse más cómodo.

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FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Montalvo, que sustituían a los anunciados y rechazados de Lagunajanda, de buena presencia y con hechuras aunque desiguales de volumen. Con nobleza y clase, aun a falta de un punto mayor de fondo o fuerzas, destacaron cuarto y sexto, los de más duración, calidad y entrega. Primero y quinto fueron devueltos con cierta precipitación y en su lugar salieron sendos sobreros de Casa de los Toreros, voluminoso y con muy buen son en la muleta, y Fermín Bohórquez, también grandón y alto de agujas, noble pero de medida raza.

José Garrido, de gris tórtola y oro: estocada (oreja); media estocada tendida atravesada y dos descabello (palmas tras aviso).

Ismael Martín, de grana y oro: estocada algo desprendida (ovación tras petición de oreja); pinchazo y estocada delantera desprendida (vuelta al ruedo tras petición de oreja y aviso).

Samuel Navalón, de blanco y oro: estocada (ovación); pinchazo y estocada (ovación tras dos avisos).

Vigésimo tercer festejo de abono de la feria de San Isidro, con dos tercios del aforo cubiertos (16.811 espectadores, según la empresa), en tarde calurosa.

EFE

pa/fp

(foto)

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