
Las acusaciones particulares ven "probados" los hechos y ven "incuestionable" la autoría de la muerte del joven hernaniarra Lukas Agirre, que recibió dos navajazos en la mañana del Día de Navidad de 2022 en la plaza Okendo de San Sebastián tras pasar una noche de fiesta con sus amigos en una discoteca aledaña. Solicitan 25 años de prisión para el acusado principal, presunto autor material de los navajazos, y para el presunto colaborador esencial por ser dueño de la navaja, y tres para la tercera acusada por presuntamente encubrirlos, mientras que la Fiscalía solicita 22 para los dos primeros y tres también para ella.
En la decimosexta y última sesión del juicio que se desarrolla por estos hechos el primero en intervenir para dar cuenta de su informe final, durante más de hora y media, ha sido Iñigo Iruin, el abogado de la madre de Lukas Agirre, Amaia Izko, que ha señalado al jurado popular que "la prueba practicada es suficiente para que reconstruyan el relato" y hagan "justicia". A ello ha añadido que Izko y su famila no buscan "una sentencia ejemplar", su objetivo no es la "venganza", sino que "se haga justicia".
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El letrado ha subrayado que las hipótesis de la defensa no tienen "verosimilitud" y, por tanto, no plantean "duda razonable", mientras ha defendido el "patrimonio probatorio" con el que se cuenta para un "veredicto de culpabilidad".
Así, respecto a las declaraciones autoinculpatorias de los dos acusados, cuya validez "trataron de cuestionar" sus defensas "diciendo que fueron inducidas por el jefe de operaciones de la Ertzaintza en el calabozo", Iruin ha subrayado que sus "manifestaciones espontáneas y voluntarias" tienen "plena validez y eficacia" y "no tienen tacha alguna" como así lo dictaminó una sentencia ratificada por el TSJPV.
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A continuación, Iruin ha detallado los hechos que considera "probados", como la presencia de los tres acusados en Okendo, que la sangre que allí había era "toda" de la víctima, el arma encontrada en un contenedor de obra de la calle Idiaquez, también con sangre de Lukas Agirre o el hallazgo de la zapatilla del principal acusado también con sangre de Agirre en la zona ajardinada de Okendo.
A ello ha añadido el mechero encontrado en Okendo con huellas del principal acusado, el recorrido que hizo aquella noche registrado por el dispositivo telemático que llevaba, la zapatilla que le prestó su amigo y acusado de colaborador del crimen en un contenedor o "la actitud pacífica" que mantuvo la víctima aquella noche.
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Para Irun en el lugar de los hechos hay "dos escenas": la primera, la pelea entre amigos de la víctima y el segundo acusado junto a la balaustrada del hotel en Okendo, donde se encontraron las llaves, móvil y cartera de este procesado; y otra en la zona ajardinada de la plaza donde, según él, tuvo lugar la agresión "sorpresiva e inesperada" del acusado principal, cuya autoría es "incuestionable", a Agirre, al que acomete "por detrás" sin que tuviera tiempo para reaccionar, ya que no presentaba "lesiones de defensa".
Respecto al presunto colaborador del crimen, para Irun queda acreditado que es propietario de la navaja, ya que así lo confesó tanto él como el otro acusado, que la entregó al acusado principal y que era "consciente de la situación de riesgo que estaba generando" para los amigos de Lukas Agirre, como, a su juicio, también lo era la tercera acusada. Por otro lado ha señalado que los acusados tenían "conciencia situacional" de lo que ocurría y estaban capacitados para "percibir, comprender e incluso tomar decisiones" pese haber consumido drogas y alcohol.
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PRUEBAS "CONTUNDENTES"
Sobre ésta la abogada del padre de Lukas Agirre, Kistiñe Lujambio, ha señalado que hay "pruebas suficientes y contundentes" contra ella, a la que acusan de encubridora, ya que "podía haber colaborado" contando lo que vio porque estaba "presente" en la escena. "Era sencillo", ha indicado.
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"No puede mantenerse ajena, decir que no vio nada y que salió corriendo por miedo", ha incidido, puesto que iba al "lado" del principal acusado tras el suceso y su ropa y bolso estaban "manchados" de sangre.
También ha calificado de "curioso" de "cuántos detalles se acuerda antes de la muerte de Lukas Agirre, pero de nada de lo de después". Finalmente, ha sostenido que para aplicar las atenuantes y eximentes que piden las defensas los acusados tendrían que "no tener consciencia de los hechos y no poder controlar su voluntad", lo cual "no se da", por lo que "no cabe" su aplicación.
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Respecto al "trastorno" mental del segundo acusado, ha reconocido que "los tiene", pero ello no signifique que su voluntad "esté anulada". Finalmente, ha reiterado que la madre de Agirre quiere "una condena justa" y que los acusados "se deshagan del odio".
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