Sitges (Barcelona), 22 may (EFE).- Los obstáculos para compaginar la vida laboral y familiar se están convirtiendo en un problema de salud pública en España, donde factores como la prosperidad laboral, las extensas jornadas laborales o las dificultades para cubrir necesidades básicas acarrean cada vez más enfermedades de salud mental que impactan en el sistema sanitario.
Esta es una de las conclusiones que los expertos en salud mental han puesto de manifiesto en el XXIV Seminario Lundbeck, organizado este viernes por esta compañía en Sitges bajo el título 'El cerebro, la última frontera'.
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Para comprender las amenazas de la falta de conciliación, la presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), Marina Díaz Marsá, ha establecido un paralelismo con un puzle: "La vida tiene distintas facetas: el trabajo, la familia, el descanso, el ocio, el cultivo personal. Sin conciliación, las piezas del puzle no encajan".
Las causas que han incrementado la falta de conciliación en los últimos años son varias: la importancia de la productividad en la sociedad moderna, jornadas laborales inadecuadas para la salud, una menor aceptación a las renuncias por la crianza o el encarecimiento de la cesta de la compra y la vivienda, ha señalado.
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"Tenemos gente cada vez más estresada, insatisfecha y con más sensación de malestar emocional. Con más cosas, pero menor plenitud", ha advertido Díaz Marsá.
Esta falta de tiempo para satisfacer las distintas facetas de la vida revierte especialmente en los jóvenes, desde el afecto y dedicación recibidos por parte de sus familiares en la niñez hasta hábitos tan cotidianos como las conversaciones durante la cena.
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"Para tener una identidad segura y responder a las vicisitudes de la vida, los jóvenes necesitan un entorno familiar disponible para las diferentes necesidades que se tienen desde niños", ha destacado Díaz Marsá.
De hecho, se escuda en los resultados de investigaciones recientes que revelan que "comer en familia previene trastornos mentales en la infancia y la adolescencia", etapas en las que también considera clave evitar la hiperconectividad y la comparación con el prójimo a través de las redes sociales.
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"La mayoría de jóvenes que llenan nuestras plantas de salud mental tienen problemas con la identidad, y bajo ellos se esconden problemas de conducta alimentaria, afectivos y de ansiedad", ha alertado la presidenta de la SEPSM.
Ante este escenario, ha instado a promover una cultura de reducción de expectativas sobre uno mismo, acudir a los especialistas para recibir apoyo farmacológico y psicológico cuando sea necesario, situar la educación en salud mental "al nivel de las matemáticas" e incrementar el volumen de psiquiatras en España.
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El jefe del servicio de Neurología del Hospital Universitario Casa de Salud de Valencia, José Miguel Laínez, ha abordado el concepto de la reserva cerebral, que es la capacidad del cerebro para tolerar los efectos del envejecimiento y las lesiones, una herramienta que puede entrenarse desde la niñez.
Ha explicado que aspectos como la actividad física, la dieta mediterránea -como el aceite de oliva o el pescado-, una buena calidad del sueño y una vida social activa, evitando la soledad, son la mejor receta para reducir la aparición de problemas de salud mental, así como evitar hábitos tóxicos como el abuso de pantallas.
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"El aislamiento es un factor definitivo en la salud mental. Durante la pandemia, mucha gente mayor salió del confinamiento con patologías como el mal de alzhéimer", ha recordado el doctor Laínez.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 250 millones de europeos viven con alguna enfermedad cerebral y su impacto económico supera los 600.000 millones de euros anuales, cerca del 4 % del PIB de la Unión Europea (UE).
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En España, entre 21 y 24 millones de personas -en torno al 43 % de la población- padecen algún trastorno neurológico, mientras que los trastornos psiquiátricos afectan a casi el 29 %. EFE
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