Paco Aguado
Madrid, 14 may (EFE).- El diestro sevillano Daniel Luque, que escuchó la única ovación de la desangelada tarde de este jueves en Las Ventas, logró imponer la solidez de su oficio, aun sin grandes resultados, entre el absoluto vacío de casta de la grandona corrida salmantina de El Vellosino que se lidió en la víspera del día del patrón de los labradores.
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El encierro que sustituyó al anunciado de El Parralejo, rechazado en su mayoría por los veterinarios ya desde dos días antes, tuvo una aparatosa apariencia, con toracos de tanto volumen como escasez de bravura, distraídos muy extrañamente en los primeros tercios y luego sin un mínimo celo en sus cortas arrancadas a la muleta.
En ese contexto fue como Luque, al menos, hizo valer su buen manejo de los engaños y su solidez de plantas para acabar por sacar de su lote bastante más de lo que ofrecían, aunque no tanto de su primero, al que aguantó y ligó los pases pero restándole fluidez por atacarle de más, demasiado metido en el terreno más cercano a los pitones del hondo y al menos noble ejemplar del campo charro.
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Mayor interés e importancia tuvo su trasteo con el quinto, un mostrencón de 610 kilos al que se llevó a terrenos del tendido 6, donde menos molestaban las rachas de viento, para ir pacientemente alargando el que de partida era un corto recorrido de sus embestidas. Asentadísimo, sin una duda, y moviéndole la muleta con suavidad, el torero de Gerena logró incluso ligarle alguna tanda ajustada con la mando derecha, antes de adornarse cuando ya no había mucho más.
Una estocada trasera, aunque bien ejecutada, desató una petición de oreja insuficiente, que contrastó, una tarde más, con los injustificados reproches de una parte de la afición madrileña que no acabó de entrar en el inteligente planteamiento de un Luque que se va de vacío de la feria a pesar de encontrarse, como ha demostrado, en un óptimo momento profesional.
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También puso empeño en medio de ese triste panorama ganadero David de Miranda, el triunfador de la pasada feria de Sevilla. Sólo que en su caso, aparte de algunas fases de capote, apenas pudo justificarse ante un lote de muy escasa duración, rajadito el tercero casi de inicio y afligido un sexto con el que buscó el arrimón con más fe que resultados.
Por su parte, el veterano Sebastián Castella tuvo que abreviar con el endeble primero de la tarde, pero, aun con la experiencia que le deben haber aportado sus veintiséis años de alternativa, se extendió por demás en un extraño y terco planteamiento técnico, siempre entre un silencio sepulcral, con un cuarto que, como única virtud, tenía un buen embroque en sus embestidas a la muleta.
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Seis toros de El Vellosino, que sustituían a los rechazados de El Parralejo, con seriedad aun desiguales de volúmenes, excesivo el de los tes últimos. De más apariencia que fondo, en general resultaron descastados, sin celo alguno en sus cortas y cansinas embestidas, cuando no sospechosamente distraídos en los primeros tercios.
Sebastián Castella, de grana y oro: media estocada perpendicular y descabello (silencio); dos pinchazos, estocada delantera y dos descabellos (silencio tras dos avisos).
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Daniel Luque, de lila y plata: estocada algo desprendida (palmas tras aviso); estocada trasera (ovación tras leve petición de oreja y aviso).
David de Miranda, de almagre y oro: estocada caída (silencio); estocada baja (silencio).
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Entre las cuadrillas destacó la brega suave de Juan Contreras con el segundo.
Sexto festejo de abono de la feria de San Isidro, con cartel de 'no hay billetes' (23.488 espectadores), en tarde fresca y con algunas rachas de viento.
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EFE
pa/jlp
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(foto)
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