El triunfalismo de "farolillos" da la Puerta del Príncipe de Sevilla a David de Miranda

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Paco Aguado

Sevilla 22 abr (EFE).- El típico triunfalismo de los días de "farolillos" de la feria, los miles de partidarios de su tierra y una presidenta muy desprendida llevaron al diestro onubense David de Miranda a cortar hoy en Sevilla tres excesivas orejas y a atravesar el que este año está siendo el devaluado umbral de la Puerta del Príncipe de la Maestranza.

Desde que comenzó el festejo se pudo palpar ese ambiente a favor de los partidarios del torero, que en la pasada edición de este mismo ciclo fue el único en abrir también esa puerta que todos ansían y que esta vez, casi de partida, pareció tener entreabierta a poco que las circusntancias le rodaran a favor.

Y una de ellas fue ya su lote de la desigual corrida de El Parralejo, compuesto por los dos toros de más opciones, dadas su clara nobleza y su duración ante una muleta que tampoco les exigió demasiado, salvo en determinados momentos de ambas faenas del torero de Huelva.

Después de derribar en varas con un fuerte arreón, el tercero llegó al último tercio mostrando su mejor condición por el pitón izquierdo, justo por el que llegaron, de mitad de obra en adelante, también los mejores muletazos de De Miranda, los más asentados y largos, ya que con la mano derecha no llegó a apretar al animal, lo que facilitó su duración, o buscó directamente la pala del pitón para empalmarle medios pases.

Pero tanto unos como otros se jalearon sin distinciones en el eufórico tendido, desde el que un gran alarido de satisfacción respondió a la buena estocada con que se remató la obra. Y la presidenta, sin reparo alguno, y sin que hubiera casi tiempo a que se lo pidieran, sacó a la vez los dos pañuelos para premiar al torero.

Y aún mostró el azul para que las mulillas dieran la vuelta al anillo a un astado noble y de dúctiles embestidas, sin más, en un tremendo agravio comparativo con la docena larga de auténticos bravos que llevan saliendo en la feria.

Sin ir más lejos, más duración y entrega tuvo el sexto, un hondo burraco que fue a más en una faena que De Miranda abrió por estatuarios y remató con ajustadas mondeñinas, con una parte central muy similar al del otro "parralejo" de su lote: derechazos esquinados y dos tandas estimables de naturales en las que se vio la mayor codicia del enemigo. Y aunque se volvieron a pedirse con insistencia, esta vez la presidenta, tras una estocada desprendida, no se atrevió a conceder otras dos orejas, rebajando la euforia sólo a una.

Claro que el dispendio del palco únicamente se produjo con el del siempre empujado triunfador, porque a Diego Urdiales se le negó la del cuarto toro de la tarde, pedida, eso sí, sin tanta vehemencia, después de que firmara los más templados y asentados muletazos de la tarde. O, al menos, los de mayor sinceridad y reposo.

Después de que parte de ese cambiante publico de farolillos aplaudiera como bravo al que abrió plaza, al que el torero riojano intentó aplacar con riesgo el que en realidad fue un áspero temperamento sin entrega, Urdiales se enfrentó a un serio y bien formado toro de pelo melocotón que llegó con una apuntada clase a su muleta.

Llenando plaza con su reposado quehacer, el de Arnedo dedicó la primera parte de la faena a asentar al animal, algo medido de fuerzas, para ir exigiéndole más en las siguientes tandas, con un templado mando y mucha verdad en los embroques, trayéndose toreadas unas buenas embestidas a las que, como única tara, les faltó siempre el empuje y el celo del final, dificultando así los remates.

Pero, de una forma u otra, hubo muletazos de mucha intensidad con ambas manos, con ese gusto clásico que también tuvieron los ayudados por bajo del cierre, sólo que sin encontrar en el tendido, ni siquiera entre la cantada afición de Sevilla, ni la mitad del eco que generó otro tipo de toreo, como si el de Urdiales no fuera propios ni del día ni del contexto.

Entre unas y otras formas, Emilio de Justo no llegó a desplegar las suyas, en dos empeños tan vanos como forzadamente cortos ante dos toros que se desfondaron, descastados y parados -el segundo tras sacar un arisco genio- tras verse incapaces de responder a las exigencias de los muletazos iniciales del cacereño

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FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de El Parralejo, de excelente presentación y de juego muy dispar, desde el temperamento y el genio del primero a la fácil nobleza del lote de De Miranda, de los cuales el tercero, "Secretario" de nombre, fue premiado con una también excesiva la vuelta al ruedo en el arrastre.

Diego Urdiales, de nazareno y oro: estocada atravesada que asoma y once descabellos (silencio tras aviso); estocada contraria (ovación tras petición de oreja y aviso).

Emilio de Justo, de tabaco y oro: estocada trasera (ovación); estocada desprendida atravesada (silencio).

David de Mirada, de pizarra y oro: estocada (dos orejas); estocada desprendida (oreja con petición de la segunda). Salió a hombros por la Puerta del Príncipe.

Entre las cuadrillas, destacó la brega de El Víctor con el primero, y Antonio Chacón y Pérez Valcarcel saludaron tras banderillear al segundo. Por su parte, Fernando Pereria fue atendido en la enfermería de un varetazo leve en el muslo derecho.

Duodécimo festejo de abono de la Feria de Abril, con cartel de "no hay billetes" (12.000 espectadores), en tarde calurosa. EFE

(foto)