Lucía Gago lleva su emoción sin filtro por la música a "la niña que sueña en un rincón"

Guardar

Celia Agüero Pereda

Santander, 18 abr (EFE).- La primera vez que uno escucha a Lucía Gago hablar de su música entiende que no hay distancia entre lo que canta y lo que vive, porque todo parece atravesado por una emoción que no se contiene, que se escribe casi por necesidad y que ahora toma forma en "La niña que sueña en un rincón", su primer EP.

Ese título no es casual, ni tampoco una metáfora impostada, es, en realidad, una declaración de origen, ya que Gago (Santander, 1999) remite a su infancia, a esa "niña interior" que sigue siendo el motor de todo, según cuenta en una entrevista con EFE.

Esa figura aparece casi como una premonición en su propia historia familiar. Su abuelo, poeta, escribió antes de que ella naciera un texto titulado "Hay una niña que sueña" y, desde entonces, todo encaja con una naturalidad casi inevitable.

Si algo define el proceso creativo de Gago es la impulsividad, porque no hay cálculo previo ni distancia emocional y sus canciones nacen como una forma de desahogo inmediato, casi terapéutico.

"Tengo tanta necesidad de expresarme que no soy consciente de la intensidad de la canción", reconoce la cantante y compositora, que presenta hoy en el Palacio de Festivales ese disco.

Aunque el disco se mueve en el pop, Gago rechaza cualquier encasillamiento porque su relación con la música está marcada por la diversidad de influencias que ha absorbido desde pequeña con cantautores como Víctor Jara o Luis Eduardo Aute, hasta el pop-rock de Maná.

A esa base se suman referentes más contemporáneos y conceptuales como Rigoberta Bandini o C.Tangana, a quienes admira, no tanto por el sonido, como por su forma de entender el proyecto artístico.

Lejos de elegir un camino o estilo único, Gago apuesta por nutrirse de todo porque no le gusta cerrarse a nada.

Del escenario al salón de casa Tras haber compartido experiencias con nombres como Miguel Bosé o Sebastián Yatra, Gago ha aprendido que la música también se construye desde lo humano.

De Bosé, por ejemplo, Gago destaca no solo la oportunidad profesional, ya que fue su telonera, sino la cercanía personal que encontró tras el respeto inicial.

Pero si hay un lugar donde todo ese aprendizaje se pone a prueba es el directo y es que su objetivo es convertir el escenario en un espacio íntimo, "como el salón de casa", un lugar donde no haya separación entre artista y persona, donde el público no solo escuche canciones, sino que entienda quién está detrás de ellas.

Tras el lanzamiento de su EP, las emociones no parecen ordenarse en una sola dirección, ya que Gago se define como una persona intensa, y eso se traduce en un vaivén constante entre la felicidad, los nervios y cierta melancolía.

"En una hora te diría miedo, en otra felicidad máxima… y en otra melancolía", confiesa.

Quizá ahí esté, precisamente, la clave de todo su proyecto: en no intentar ordenar las emociones, sino en permitir que convivan y seguir mirando desde ese rincón donde una niña soñaba, sin filtros y sin certezas, pero con una intuición clara de que la música iba a ser, inevitablemente, su forma de estar en el mundo. EFE

ca/mg/jmj

(foto)