Adrián Vázquez
Barcelona, 16 abr (EFE).- La sesión nocturna del Barcelona Open Banc Sabadell-Trofeo Conde de Godó, gran novedad en sus 73 ediciones, ayudó este jueves a amortiguar el impacto que supuso para el torneo la retirada por lesión del número dos del ranquin mundial y principal favorito al título, Carlos Alcaraz.
El torneo se jugaba mucho con esta apuesta tan valiente como inédita, una ventana nueva con la ambición de acercarse a los grandes escenarios del circuito, donde la noche se convierte en espectáculo y ritual, como en Roland Garros o el Abierto de Australia.
Para su estreno se diseñó una entrada específica y una experiencia diferente para la sesión nocturna: un ambiente más exclusivo, con la figura de Alcaraz como gran reclamo. El mejor jugador del torneo, el rostro del presente y del futuro.
Nada parecía poder fallar. Pero falló. El golpe fue seco. La retirada del murciano, a causa de unas molestias en la muñeca derecha "más serias" de lo previsto, amenazó con deslucir un estreno concebido precisamente a su medida: el nuevo horario, la entrada única y el cierre de los octavos de final bajo los focos. El gran argumento de la organización.
Pero el tenis, como la noche, impone sus propias reglas. Alcaraz se bajó de los octavos cuando todo estaba preparado para que encabezara la jornada.
Y, sin embargo, el ATP 500 barcelonés no se detuvo. La organización reaccionó con rapidez, reajustó el programa y cedió el estreno al francés Arthur Fils, novena raqueta del torneo, y al estadounidense Brandon Nakashima. El cartel perdió brillo sobre el papel, pero la grada respondió.
Todas las entradas, de 48 a 115 euros, estaban vendidas. Desde las siete de la tarde, cuando se abrieron las puertas, un goteo constante de aficionados fue llenando la pista Rafael Nadal hasta completar las 7.600 localidades. Había curiosidad, expectación y también cierta reivindicación: la de un público dispuesto a disfrutar más allá de un solo nombre.
Porque aunque Alcaraz ya no estuviera, el abierto barcelonés siguió vivo más allá de las 22:00 horas. Los puntos de ocio y restauración -algunos de ellos privados- alargaron la sesión para que los aficionados al tenis pudieran cenar o hacer una copa después del partido. Huérfano de su gran estrella, el club barcelonés supo ingeniárselas para sostener el relato. EFE
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