Perera, Talavante y Juan Ortega salen a hombros en una buena tarde de toros

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Antonio Castañares

Don Benito (Badajoz), 12 abr (EFE).- Ante una corrida de Buenavista, terciada pero manejable en conjunto, Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Juan Ortega pasearon seis orejas, dos cada uno, y abrieron la Puerta Grande de una bella plaza de la que ahora se cumplen quince años de su inauguración.

Don Benito es plaza de tercera, por lo que no extrañó lo terciado del encierro de la ganadería de Buenavista, que, sin embargo, fue propicio para la ocasión por lo manejable que resultó y el aceptable juego que dieron los seis astados, sobrero el sexto. Al cuarto se le dio la vuelta al ruedo.

Miguel Ángel Perera brilló a gran nivel ante el cuarto, un animal que, si bien se quedaba corto en el capote, rompió a embestir con buen son en la muleta de un torero poseedor de un concepto magnífico y de una técnica en la que la suavidad y el temple son señas de identidad.

Daba sitio en el cite al de Buenavista, lo enganchaba por delante, se lo traía, se lo pasaba cerca y con suavidad extrema remataba el muletazo para dejarle la muleta puesta en la cara. Lo palpable era como el torero había mejorado a un toro al que hizo una faena muy ligada y siempre a más.

Dos orejas.

El toro que abrió el festejo tuvo el defecto de embestir un punto rebrincado, defecto que fue corrigiendo el torero, que consiguió series ligadas por ambos pitones. Afloró la bravura del animal al permitir una faena larga y morir en el tercio. Mal con la espada, escuchó palmas.

El primero de Alejandro Talavante no andaba sobrado de fuerzas pero mejoró y llegó con recorrido y buen son a la muleta. El de Badajoz todo se lo hizo a favor y desgranó una faena ligada por ambos pitones a tono con la nobleza del animal. Oreja.

El quinto tuvo una desordenada embestida en el capote de Talavante y el defecto de no irse de la muleta en los primeros compases de la faena, pero tenía la virtud de ser obediente a los toques.

El mérito del torero fue corregir ese defecto y le hizo una faena larga en extremo meritoria por la sabiduría y destreza técnica, pulseando la embestida para lograr series en redondo delicadas y muy ligadas. Mal con la espada, el buen público le premió con otra oreja.

Juan Ortega, como sus compañeros de terna, no toreó a gusto con el capote, pues los toros de Buenavista tuvieron el denominador común de no prestarse. Pero su tarde estuvo llena de detalles y de buen toreo.

Ante el tercero, abrió la faena con muletazos de tanteo para sacar al burel a la segunda raya, y allí, erguido, asentado y con naturalidad le ligó una serie de suma conjunción y belleza. Mas eso fue todo porque el toro cambió y comenzó a defenderse. Tenía genio y no hubo más lucimiento Bello también fue el comienzo de faena ante el sexto, con esos muletazos cambiados por uno y otro pitón de rodilla genuflexa.

Después, en la faena hubo buena colocación y muletazos de trazo bajo, corría el torero sevillano la mano con limpieza, componía con naturalidad y el arte afloró, aditado con ese toreo, ahora rodilla en tierra, de insuperable torería. Firmó la estocada de la tarde y las dos orejas fueron justo premio.

FICHA DEL FESTEJO.- 6 toros de Buenavista, sobrero el sexto, terciados y de parejas hechuras, manejables en conjunto. Al cuarto se le dio la vuelta al ruedo.

Miguel Ángel Perera, de verde esmeralda y oro. Dos pinchazos y estocada desprendida (Palmas tras aviso); estocada desprendida (Dos orejas tras aviso).

Alejandro Talavante, de berenjena y oro. Estocada atravesada (Oreja); dos pinchazos y estocada (Oreja)

Juan Ortega, de caldero y oro. Estocada desprendida (Palmas); gran estocada (Dos orejas).

Don Benito, algo más de media plaza cubierta. Los tres toreros salieron a hombros.

1011615 AC/amd

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